➖A veces nos perdemos buscando fuera lo que creemos que nos falta, como si la felicidad fuera algo que se compra y se expone en una estantería.
Pero la realidad te acaba dando un toque de atención y te enseña que los lujos que de verdad importan no tienen etiqueta de precio.
El lujo de verdad es despertarte y que no te duela el alma.
Es tener esa mente tranquila que no te monta un juicio final cada vez que te quedas a solas con tus pensamientos.
Es poder mandar a paseo lo que no te suma y quedarte con la gente que te hace reír sin que tengas que fingir nada.
Y sobre todo, la libertad.
Esa capacidad de elegir qué haces con tus horas sin tener que pedir permiso ni dar explicaciones a nadie.
Al final, si tienes salud, tiempo para perderlo con quien quieres y la conciencia en paz, eres mucho más rica que cualquiera que solo tenga números en el banco.
Lo demás son fuegos artificiales que se apagan en cuanto parpadeas.
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