Hay emociones que soltamos sin pensar: "estoy triste", "tengo ansiedad", "qué miedo".
Pero hay una que casi nadie admite, aunque nos mueva los hilos por dentro más de lo que creemos: el resentimiento.
Es una emoción jodida.
Pocas personas admitirán abiertamente sentirla, pero probablemente sea una de las más influyentes en cómo nos comportamos.
Lo curioso es que no suele nacer de haber sufrido una tragedia horrible.
Nace de algo más sutil: de pasar el día comparándonos.
Nace cuando interpretamos una mirada neutra como un insulto personal, cuando convertimos una tontería en una herida de guerra o cuando guardamos rencores durante años, encontrando un placer casi adictivo en lamerse esas heridas.
Lo inquietante es que, si somos honestos, muchos hacemos lo mismo.
Nos pica el éxito de ese amigo, nos incomoda ver a alguien conseguir lo que nosotros queríamos, nos irrita ver que otros avanzan mientras nosotros nos sentimos estancados.
Pero, ¿lo reconocemos?
Ni de coña.
En lugar de eso, lo disfrazamos de lógica racional: "ha tenido suerte", "ya nació con ventaja", "seguro que ha hecho trampas".
Cuanto más sofisticada y elaborada es nuestra excusa, menos tenemos que enfrentarnos a la verdad incómoda: que el problema igual no es el otro.
Igual es nuestra propia incapacidad para aceptar que la vida, a veces, simplemente es frustrante.
︵‿︵‿୨♡୧‿︵‿︵
#reflexion #resentimiento #emociones #crecimientopersonal #honestidad #psicologia

