Debajo del santuario de arte curativo fluye un manto ignífero, respirando más antiguamente que las aguas termales.
Urge ser cuidadosos con el movimiento de manantiales incandescentes, pues los ductos son pétreos pero las emanaciones conllevan peligro. Existe el riesgo inaceptable de que ciertos riachuelos, con el potencial de engendrar clones de las Erinias, salpiquen las plantas galvanizantes que crecen en el [...]