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El motor migrante de una nación
La esencia de Estados Unidos no se explica sin el flujo constante de personas que llegaron de todas partes del mundo. Desde su fundación, el país se ha construido sobre el esfuerzo de quienes buscaban una oportunidad, aportando no solo mano de obra, sino el intelecto que lo convirtió en potencia. La idea de una "pureza étnica" o cultural es una contradicción histórica, ya que la identidad estadounidense es, por definición, una mezcla de influencias externas.
Los avances más grandes en ciencia y tecnología tienen nombres extranjeros. Albert Einstein llegó huyendo de la persecución en Europa para revolucionar la física; Sergey Brin, cofundador de Google, llegó de la Unión Soviética; y miles de ingenieros y médicos de India, México o China sostienen hoy el sistema de innovación y salud. Económicamente, los inmigrantes no solo llenan vacíos laborales, sino que crean empresas y revitalizan barrios enteros que de otro modo estarían muertos.
Es absurdo y carece de inteligencia la idea de Trump de intentar purgar una cultura que se alimenta precisamente de su diversidad. Atacar al inmigrante o buscar una homogeneidad inexistente es atentar contra el mismo motor que hace funcionar al país. Sin la mezcla de visiones y el empuje de quienes vienen de fuera, la nación perdería la fuerza creativa y económica que la define ante el mundo.
S.P. Filósofa Urbana de Seattle.
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