¿Quién paga los platos rotos cuando las máquinas se equivocan?
Hoy en día se habla mucho de lo inteligentes que son las computadoras y de los programas de inteligencia artificial que están de moda, pero la verdad es que nos estamos olvidando de un problema muy grave: nadie los está regulando. Ya existen casos reales que nos demuestran esto, como el androide Sofía, a quien un país de Medio Oriente le regaló la ciudadanía como si fuera una persona de carne y hueso, o en América Latina, donde ya se presentan políticos virtuales para ocupar puestos públicos como Gaitana, sin dejar de lado a las empresas que quitan a trabajadores humanos para poner a programas de computadora a tomar las decisiones más importantes del negocio. Todo esto suena muy moderno, pero abre una duda enorme cuando pensamos en las consecuencias de sus decisiones cotidianas.
Si una inteligencia artificial toma una mala decisión, comete un error de interpretación o da una orden que arruina la vida de las personas o daña a otros seres vivos, ¿quién va a dar la cara ante la ley? Si queremos culpar al programador que escribió el código, este se puede lavar las manos muy fácil, argumentando que él solo inventó la herramienta pero no la maneja, de la misma forma en que se limpia las manos quien fabrica un arma de fuego. Las máquinas no tienen dinero para pagar multas, no sienten culpa y no pueden ir a la cárcel, por lo que darles derechos de ciudadano o puestos de jefe sin exigirles responsabilidades es un peligro real. Necesitamos leyes claras y una vigilancia muy detallada sobre estas tecnologías antes de seguirles dando el poder de decidir sobre nuestras vidas o siquiera pensar en estas entidades no biológicas en términos legales Igual que una persona o un ciudadano.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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