No puedo dejar de gritar pero el ruido que retumba en los muros de mis pulmones es mudo.
A veces me pregunto si tú podías escucharlo y simplemente soy sorda. A veces me arrepiento de conformarme con mi sitio en el eco del silencio, esperando a que vuelvas.
Ya no queda aire, me lo he comido. Ya nadie grita.



