El movimiento de Inglaterra al detener al ex príncipe Andrew es, obviamente, una forma de presionar a Donald Trump para que mueva ficha.
Sin duda alguna un necesario lavado de cara por parte de la monarquía británica, que dispara dos balas de una vez: quitarse a uno de los personajes más molesto de la Casa Real y presentarse como la primera en mover ficha con el Escándalo Epstein en plena ebullición.








