Iñigo Serna

@MonsieurSadman
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Quiero que te sientas tan inútil como un vaso sin whisky entre las manos -- Fonollosa

libros | música | chorradas

My tech-related account is @inigo

Menudo partidazo.
Me sabe mal por Irlanda, pero bueno, felicidades a Francia.
Qué pena no ver más en el campo a Marcus Smith, posiblemente mi jugador inglés preferido.

#rugby #m6n

Ok. C'est original. #Rugby #6Nations #GALITA #WALvITA

I'm writing this in English.

Not because English is my first language—it isn't. I'm writing this in English because if I wrote it in Korean, the people I'm addressing would run it through an outdated translator, misread it, and respond to something I never said. The responsibility for that mistranslation would fall on me. It always does.

This is the thing Eugen Rochko's post misses, despite its good intentions.

@Gargron argues that LLMs are no substitute for human translators, and that people who think otherwise don't actually rely on translation. He's right about some of this. A machine-translated novel is not the same as one rendered by a skilled human translator. But the argument rests on a premise that only makes sense from a certain position: that translation is primarily about quality, about the aesthetic experience of reading literature in another language.

For many of us, translation is first about access.

The professional translation market doesn't scale to cover everything. It never has. What gets translated—and into which languages—follows the logic of cultural hegemony. Works from dominant Western languages flow outward, translated into everything. Works from East Asian languages trickle in, selectively, slowly, on someone else's schedule. The asymmetry isn't incidental; it's structural.

@Gargron notes, fairly, that machine translation existed decades before LLMs. But this is only half the story, and which half matters depends entirely on which languages you're talking about. European language pairs were reasonably serviceable with older tools. Korean–English, Japanese–English, Chinese–English? Genuinely usable translation for these pairs arrived with the LLM era. Treating “machine translation” as a monolithic technology with a uniform history erases the experience of everyone whose language sits far from the Indo-European center.

There's also something uncomfortable in the framing of the button-press thought experiment: “I would erase LLMs even if it took machine translation with it.” For someone whose language has always been peripheral, that button looks very different. It's not an abstract philosophical position; it's a statement about whose access to information is expendable.

I want to be clear: none of this is an argument that LLMs are good, or that the harms @Gargron describes aren't real. They are. But a critique of AI doesn't become more universal by ignoring whose languages have always been on the margins. If anything, a serious critique of AI's political economy should be more attentive to those asymmetries, not less.

The fact that I'm writing this in English, carefully, so it won't be misread—that's not incidental to my argument. That is my argument.

A veces me entra el FOMO musical, porque encuentro cosas guapísimas y no puedo metabolizarlas como cuando tenía 14 años y solo me llegaba un disco nuevo cada X tiempo. Que la búsqueda de lo mejor no se nos cargue el disfrute de lo bueno, amiguis. En todas las esferas de la vida, ya puestos.

 𝑴𝒂𝒓𝒊𝒐𝒏 𝑫𝒐𝒏𝒐𝒗𝒂𝒏: 𝒍𝒂 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒐́ 𝒍𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒅𝒆 𝒎𝒊𝒍𝒍𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒇𝒂𝒎𝒊𝒍𝒊𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒑𝒂𝒏̃𝒂𝒍  

En 1946, en una casa común de Estados Unidos, una madre estaba completamente agotada.
No era solo el cansancio de un día complicado, sino ese desgaste silencioso que se acumula tras semanas de lavar, hervir y secar pañales de tela.

Su nombre era Marion Donovan.

Como todas las madres de la época, tenía que lidiar con los pañales tradicionales: trozos de tela que se sujetaban con imperdibles, se lavaban a mano una y otra vez y, aun así, filtraban humedad.
Los bebés terminaban mojados, con irritaciones en la piel, y las madres con montañas interminables de ropa que limpiar.

Durante generaciones nadie había cuestionado ese sistema.
Era simplemente lo normal.

Pero Marion Donovan decidió preguntarse algo diferente: ¿y si había una forma mejor?

Una noche comenzó a experimentar en casa.
Según contó más tarde, el primer prototipo lo hizo cortando la cortina de plástico de su ducha.
Buscaba crear una cubierta impermeable que evitara que el pañal mojado empapara la ropa del bebé.

Después probó con distintos materiales hasta perfeccionar el diseño.
Utilizó tela absorbente y creó una cubierta impermeable reutilizable que mantenía al bebé seco.
El invento tenía otra mejora importante: reemplazó los peligrosos imperdibles por cierres a presión, evitando pinchazos accidentales.

A su creación la llamó “Boater”, porque el bebé quedaba seco, como si “flotara” dentro del pañal en lugar de permanecer empapado.

Lo que había creado en su casa era una solución sencilla… pero revolucionaria.

Convencida de su potencial, Marion llevó la idea a varias empresas.
La respuesta fue frustrante.
Muchos ejecutivos —casi todos hombres— le dijeron que su invento no era necesario.
Según ellos, las madres siempre habían usado pañales de tela y no había motivo para cambiar.

Pero Donovan no se rindió.

Decidió vender el producto por su cuenta y logró que lo aceptaran en los grandes almacenes Saks Fifth Avenue.
El resultado fue inmediato: el producto se agotó rápidamente, impulsado por el boca a boca entre madres que por fin encontraban una solución a un problema cotidiano.

En 1951 consiguió la patente de su invento y vendió los derechos por un millón de dólares, una cifra enorme para la época.

Sin embargo, su idea iba aún más lejos.
Donovan imaginaba algo todavía más radical: un pañal completamente desechable, que no tuviera que lavarse.

Cuando presentó ese concepto a las empresas, volvió a recibir negativas.
Los fabricantes consideraban que producir un pañal de papel sería demasiado caro y que el mercado no lo aceptaría.

Aun así, su idea no desapareció.
Años después, el ingeniero Victor Mills retomó ese concepto mientras trabajaba para Procter & Gamble.
De ese desarrollo surgiría uno de los productos más conocidos del mundo: Pampers.

Aunque otras empresas perfeccionaron el diseño final, el concepto que Donovan había imaginado fue una inspiración directa para el pañal moderno.

Su historia también tiene otra curiosidad: no fue casualidad que fuera inventora.
Su padre y su tío habían creado un torno industrial utilizado para fabricar piezas de automóviles.
Marion creció rodeada de herramientas y soluciones técnicas, lo que le dio confianza para experimentar y construir cosas por su cuenta.

Además, no era solo una madre inventando en casa.
Tenía una licenciatura en Literatura Inglesa y más tarde amplió su formación hasta graduarse en Arquitectura en la Yale University en 1958, en una época en la que muy pocas mujeres estudiaban esa carrera.

A lo largo de su vida registró más de veinte patentes.
Entre ellas un hilo dental sin soporte, organizadores de ropa y herramientas domésticas diseñadas para resolver pequeños problemas cotidianos.

Marion Donovan murió en 1998, pero su impacto siguió creciendo con el tiempo.
En 2015 fue incluida póstumamente en el National Inventors Hall of Fame.

Su invento no solo creó un producto nuevo.
También cambió algo mucho más invisible: liberó tiempo y trabajo para millones de madres en todo el mundo.

Y todo comenzó lejos de un laboratorio o una gran empresa.

En una casa común.
Con una cortina de ducha.
Y con una mujer que decidió no aceptar que “siempre se ha hecho así”.

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#historia #mujeresenlahistoria #inventos #historiareal #curiosidadeshistoricas #innovacion #historiadelavida #historiasreales

Pues partidazo enorme de Escocia. Aunque Francia ha conseguido maquillar el resultado en los últimos minutos.
#rugby #m6n
Whoa. UTF-8 is older now than ASCII was when UTF-8 was invented.

So if #Vim falls to the AI-bro madness, does that mean #Emacs wins the age-old debate of which editor is better?

#NoAI #FuckAI