"—¿Quiénes sois vosotros? Yo sé quiénes sois. ¿Qué habéis hecho? Habéis estado a mi lado desde el mismísimo principio. ¡Oídme, soldados! Este día ya se ha escapado de la historia, lo que aquí suceda no lo sabrá nunca nadie. En este día, no habrá testigos de vuestra hazaña.
»Excepto por los soldados que tenéis a cada lado. Ellos serán los testigos. Y esto os digo: esos soldados de pie a vuestro lado, son lo único que importa. Los pergaminos de los historiadores no tienen tiempo para soldados como vosotros. Lo sé, porque he leído cientos de esos pergaminos. Apenas emplean un puñado de palabras para mencionar una victoria o una derrota. Quizá, si se les solicita, harán mención a cosas como un gran valor o un extraordinario coraje, pero el peso de esas palabras no es ni más ni menos que el mismo de las que se usan para hablar de matanza y asesinato. Porque, como todos sabemos, un soldado puede ser héroe, villano, y ambos a la vez.
»No ocupamos lugar alguno en sus historias. Pocos lo tienen, de hecho. Ellos no son nosotros, nunca lo han sido, y nosotros jamás habremos de ser ellos.
»No hay testigos para vosotros, pero yo he visto lo que veis. Yo he sentido lo que sentís. Y estoy mucho más fuera de la historia que vosotros.
»Hoy, aquí, habréis de luchar al suyo. Y también yo lucharé con vosotros, mis queridos soldados. —Alzó una mano embutida en un guantelete—. No digáis nada. Somos muros de silencio, tanto vosotros como yo. Somos reflejos perfectos de aquel frente a nosotros, y llevamos mucho mucho tiempo unos frente a otros.
»En cuanto al significado de nuestro silencio... bueno, eso no es asunto del enemigo.
A su espalda, empezó a sentir en el suelo el repiqueteo de miles de botas. Sin embargo, no se giró hacia el enemigo. Sus ojos pertenecían a sus soldados y, ahora lo veía, los ojos de sus soldados le pertenecían a ella y a nadie más.
—En este día, rendíos solo ante la muerte."
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