¿Y quién era el esclavista? No había ninguno, nada más que un manojo de ideas crueles. No había más que un argumento engañoso. Una ilusión, una prestidigitación entre cosas de valor, en la que uno ganaba y el otro siempre perdía. Él había oído cómo se negociaba, había presenciado los tratos que se hacían, todo bajo la ilusión de la justicia. Todo se había ejecutado como si de un ritual necesario se tratase, forjado como una ley natural. Sin embargo, ¿dónde quedaba el gozo del esfuerzo sin fin? ¿Dónde estaba la indolencia del depredador, y cuántos colmillos hacía falta arrancar para crear aquella preciosa civilización?
Por supuesto, no todo el mundo sufría la misma emasculación. Era en ese punto donde se reunían las mentiras definitivas. Las fauces más hambrientas, colmillos goteantes, escondidas en los fríos desvanes de los estados, en los jardines con fuentes de los ricos... y esos, oh, sí que disfrutaban de toda la indolencia que deseaban. Mientras la multitud de aquellos a quienes consideraban inferiores los contemplaban, con los ojos desorbitados y ansiosos por saber detalles.
Un dios doliente y encadenado lo obsesionaba. Había alzado armas en su camino. Le había susurrado todo tipo de palabras seductoras. Y en medio de su desesperado dolor, había recorrido un millar de caminos apresurados con el único objetivo de encontrar un único momento de bendito alivio.
Ahora él entendía a aquel dios. Las veces en las que se había visto encadenado, había sentido ese terrible pánico, ese frenesí animal por escapar. Ningún mortal debería sentir semejantes cosas. Y ahora, él sabía que un dios tampoco."
#malaz