"Zevgan Drouls mató al titular de su deuda, y después a toda la familia del bastardo. Quemó toda la finca y con ella los documentos de cientos de familias a los que había estafado con el endeudamiento un hombre que pensó que tenía el derecho de hacer lo que le diera la real gana con tantas vidas como pudiera encadenar y engrilletar. Zevgan fue y quemó el banco, y después el Archivo... bueno, la mitad, para estar seguro, pero la mitad correcta.
Nadie podría demostrar nada, porque no era un idiota. De todos modos, las suficientes sospechas se amontonaron a sus pies, las suficientes como para mandarlo a las prisiones de las islas. Donde pasó los últimos veintiún años de su vida, hasta el éxodo. Hasta la marcha. Hasta esta maldita orilla.
Era demasiado anciano para pelear en las formaciones, así que estaba en el terraplén más arriba de la Primera Orilla, junto con una docena o más de los hijos de la guardia. Los débiles, los viejos, los medio ciegos y los medio sordos. Tras ellos, acurrucados en la penumbra de la linde del bosque, estaban todos los pequeños y las embarazadas, y todos aquellos demasiado viejos o, cada vez más, demasiado heridos para seguir luchando... y había muchos de aquellos.
Zevgan y su grupo (y la decena o más de pelotones) esperaban morir defendiendo a los niños, a los pequeños y a los demás, pero era en los niños en lo que Zevgan no dejaba de pensar.
Bueno, no sería una gran defensa, lo sabía, todos lo sabían, vaya, pero no importaba. ¿Por qué debería importar? Ahí detrás solo son niños, que nos miran con ojos asustados. ¿Qué más cuenta?"
#malaz