"Arquitecto inmortal, constructor de monumentos, tú lanzaste este desafío a los dioses, para retar a los tejedores del tiempo. Hacedor de lo que no puede morir, pero con cada construcción alzas aquello que más necesitas, los recuerdos que el resto de nosotros atesoramos con tanto celo, y llegan mortinatos a tus manos. Todos tan muertos como el anterior.
Y míranos, los que rezamos para olvidarlo todo, nuestro arrepentimiento, nuestras elecciones pésimas, el daño que hemos infligido durante toda una vida... no pensamos nada de este don, de esta libertad que vemos como una jaula, y con nuestra rabia incontenible deseamos ser como tú.
Constructor de edificios vacíos. Visionario de ciudades silenciosas.
Pero ¿cuántas veces podría recordarle a Icarium el significado de la amistad? ¿El precioso confort de la compañía familiar? ¿Cuántas veces podría llenar todas esas habitaciones huecas? Amigo mío, mi pozo sin fondo. Pero si te dijera la verdad, entonces te quitarías la vida.
¿Es algo tan malo? ¿Con todo lo que has hecho? ¿Lo es?
Y ahora estás amenazado. Y desamparado. Lo siento. Sé que es una certeza. Temo que te despierten, a toda tu rabia, y esta vez haya algo más que meros humanos al alcance de tu espada. Esta vez habrá dioses.
Alguien quiere, Icarium, que seas su arma.
Pero... si te alcanzo primero, podré despertarte a quien realmente eres. Podré contarte la verdad de tu historia, amigo. Y cuando veas la punta de la daga en tu pecho, yo me echaré atrás. No haré nada. Te honraré con lo único que me queda, yo mismo. Seré testigo de tu único acto de justicia.
Sería capaz de convencerte para que te suicidaras.
¿Es posible? ¿Que hasta aquí nos conduzca la amistad?
¿Qué haré entonces?
Te enterraré. Y lloraré sobre las rocas. Por mi pérdida, como hacen los amigos."