"¿Dónde quedaba el crimen en la mayoría de las capacidades humanas: cargar una contradicción en el corazón, no desafiarla, inmune a la reconciliación; de hecho, ser dos personas a la vez, cada una honesta consigo misma, y que ninguna negara la presencia de la otra? ¿Qué grandes leyes de la cosmología se rompían por culpa de aquel talento humano? ¿El universo se dividía? ¿La realidad perdía su norte?
No, de hecho, al parecer el único reino donde la contradicción tenía algún poder era el de la discusión racional. Y, admitió, había comenzado a dudar de la virtud autoproclamada de aquel reino. Por supuesto que argumentaría que su terrible crimen les había dejado en crisis (...).
En su interior no había conflicto, no había una tormenta que los aguardara. Había escogido caminar junto a ella. Juntas habían cruzado medio mundo. Y, estaba segura de ello, al final de todas las cosas hubieran estado la una junto a la otra, dos mujeres contra una furiosa conflagración. En aquel instante, el éxito o el fracaso perderían toda su relevancia. El triunfo estaba en la actitud. En el desafío. Porque esa es la esencia de la propia vida. ¿Contradicción? No. Yo te mostraré este obsequio final. Humanos y salvajes somos lo mismo. Le habría mostrado esto a los dioses. Les gustara o no (...).
¿Qué buscaba en nuestra fe? Buscaba enmendar la crisis imposible en nuestra veneración de lo salvaje, nuestra veneración de todo lo que hemos dejado atrás y a lo que ya no podemos regresar. Buscaba la reconciliación. La aceptación de la brutal contradicción de nuestras vidas humanas."


