"—Creo que yo escogeré verlo de este modo: si la naturaleza debe ganar al final, entonces que la muerte de los nuestros sea dulce y lenta. Tan dulce, tan lenta, que ni siquiera nos demos cuenta. Desvanecernos y mermar en nuestra tiranía, del mundo al continente, del continente al país, del país a la ciudad, de la ciudad al barrio, al hogar, a la tierra bajo nuestros pies, y al final hasta los irrisorios triunfos dentro de nuestras cabezas.
—Esas no son palabras apropiadas para un guerrero.
Él escuchó la cruda emoción en su tono y asintió en la oscuridad.
—Si esto es cierto y buscan ser las espadas de la venganza de la naturaleza, entonces el yunque del escudo no ha entendido de qué va el asunto. ¿Desde cuándo a la naturaleza le interesa la venganza? Mira a nuestro alrededor. —Hizo un gesto con una mano—. La hierba vuelve a crecer donde sea. Las aves anidan donde sea. La tierra respira cuando puede. Todo sigue del único modo que sabe, con lo que queda.
—Igual que nosotros —dijo ella.
—Quizá esto es lo que la espada mortal vio con tanta claridad, y el yunque no. Cuando batallamos contra la naturaleza, batallamos contra nosotros mismos. No hay distinción alguna, no hay línea divisoria, no hay enemigo. Lo devoramos todo en una lujuria por la autodestrucción. Como si fuera el único don de la inteligencia.
—La única maldición, querrás decir.
Él se encogió de hombros.
—Supongo que hay cierto don en ser capaz de ver lo que estamos haciendo, incluso mientras lo hacemos. Y al verlo llegamos a la comprensión.
—Un conocimiento que decidimos no usar.
—No tengo respuesta para eso. Ante nuestra inacción estoy tan indefenso como cualquier hombre. Mas es posible que todos nos sintamos igual. Tan inteligentes somos como individuos, y juntos somos tan estúpidos, increíblemente estúpidos."
#malaz