Hay una diferencia abismal entre estar solo y sentirse solo.
La soledad bien entendida es libertad pura; es poder dormir en paz, pensar sin el ruido de los demás y, sobre todo, ser tú misma sin tener que ponerte el disfraz de turno.
A veces nos conformamos con migajas de atención, aguantando compañías que, más que sumar, te van marchitando por dentro.
Una relación equivocada es como una gotera: no te inunda de golpe, pero te va robando el tiempo, la risa y la esencia hasta que no queda nada.
En cambio, cuando aprendes a vivir tu soledad, recuperas todo lo que eres.
Es el momento en el que dejas de buscar fuera lo que ya tienes dentro.
Mejor sola que mal acompañada, porque la soledad te devuelve a ti misma, pero una mala compañía te aleja de quien eres.
■ ■ ■ ■ ■ ■

