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A veces la vida es tan simple como arrimarse a lo que te da buena energía y dejar que el sol te dé en la cara un rato.
No hace falta complicarse la existencia buscando grandes significados a todo; hay días que solo consisten en saber elegir qué frutos merece la pena recoger y cuáles es mejor dejar que se caigan solos.
Al final, la paz mental tiene mucho que ver con saber dónde ponerse: si a la sombra de lo que te amarga o bajo la luz de lo que te hace sentir bien.
Yo lo tengo claro, me quedo donde huela a limpio y el ruido se quede fuera.
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