Mira, lo de ir contando seguidores como si fueran cromos es la forma más rápida de cargarse la magia de cualquier red social.
Al final, ¿de qué te sirve tener un número gigante en el perfil si luego publicas algo y parece que estás gritando en un desierto?
Los números son solo eso, cifras frías que no dicen nada de la calidad de lo que escribes o de quién eres.
Una de las cosas que más me mola de Mastodon es ese "buen rollo" de devolver el follow por cortesía.
Es como un saludo de bienvenida: "Oye, te abro la puerta de mi casa, vamos a ver qué cuentas".
Luego, oye, si con el tiempo ves que el contenido no te va o que no conectáis, pues tan amigos; te vas sin dramas y aquí no ha pasado nada.
Pero ese gesto inicial de dar una oportunidad sin mirar si el otro tiene mil seguidores o cinco me parece de una salud mental increíble.
Ir de "influencer" por la vida midiendo el ratio de gente a la que sigues frente a la que te sigue es, sinceramente, una pérdida de tiempo y energía.
Así no se llega a ningún lado, porque te olvidas de lo más importante: la conversación, el intercambio y el conocer gente interesante que igual no tiene un perfil pulido pero que suelta verdades como puños.
En el momento en que dejas de mirar el contador y empiezas a mirar a las personas, la experiencia cambia por completo.
Menos postureo de cifras y más conexiones reales, que para eso estamos aquí.
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