El mito del salvador y la conveniencia del bando
La relatividad moral detrás de las estatuas y los nombres en las avenidas
El concepto de héroe es, en el fondo, una construcción artificial diseñada para dar una cara amable al triunfo de un interés particular sobre otro. No existe una esencia heroica universal ni una ética inamovible que defina a estos personajes, ya que el título siempre es otorgado por el escribano del bando ganador. Lo que una nación celebra como una gesta libertadora, para el pueblo vecino suele representar una masacre injustificada o una invasión traumática. La historia no es más que una moneda que gira en el aire y, dependiendo de qué lado caiga, el protagonista termina en un pedestal o en el foso de los traidores.
Esta dicotomía se extiende incluso a través del tiempo, donde figuras que fueron adoradas en siglos pasados hoy son revisadas bajo lentes modernas que las revelan como tiranos o genocidas. El héroe no es un ser de luz, sino un sujeto funcional a una época, un lugar y una ideología específica. Al final del día, adjudicar el título de héroe es un acto de poder: es decidir quién tiene el derecho de ser recordado con honor y quién debe ser enterrado bajo el peso de la etiqueta de villano, ignorando que ambos roles suelen habitar en el mismo cuerpo según quién cuente la anécdota.
— S.P. Filósofa Urbana
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