La verdad sobre el mindfulness
Transcripción del post de conducteam
https://autodefesasanitaria.substack.com/p/la-verdad-sobre-el-mindfulness
Partiendo de que actualmente existen definiciones muy variadas de Mindfulness, y que ni si quiera todas son acordes a las propuestas de ACT, asumimos que el Mindfulness es “un conjunto de prácticas, procesos y características definidas en gran medida en relación a la actividad de prestar atención plena, y aceptar el sufrimiento humano sin juicios morales.
El origen del Mindfulness tiene su base histórica en el budismo, y ganó fuerza cuando el instituto “Mind and Life” (1987) distribuyó a la comunidad diálogos entre el Dalai Lama y destacados médicos y científicos, hasta convertirse en una práctica extremadamente influyente (2000).
El autor de referencia Kabat-Zinn, define al Mindfulness como “la consciencia que emerge al prestar atención intencionadamente en el momento presente, y sin juzgar cómo se despliega la experiencia momento a momento
Desgraciadamente, también existen muchos mitos y bulos alrededor del Mindfulness, como por ejemplo, el mito de que está relacionado con la Psicología positiva, cuando en su caso no prohíben que “nos enfrentemos a pensamientos negativos”, sino que promueven que aceptemos su existencia, al igual que aceptamos la existencia del bienestar.
Tampoco persigue como objetivo principal “dejar la mente en blanco”, ni persigue “que nos relajemos” como objetivo final, ya que el propósito del Mindfulness es estar más alerta y “conscientes del presente”, no necesariamente estar más relajados.
“En Mindfulness no se prohíben pensamientos y emociones: se aprende a vivir con ellos. Mindfulness es vivir dándonos cuenta de que estamos vivos”
¿POSEE EL MINDFULNESS EVIDENCIA QUE JUSTIFIQUE SU USO TERAPÉUTICO?
Sinceramente, existen tanto documentos que supuestamente “aportan evidencia” sobre la eficacia del uso de programas de meditación para el tratamiento de problemas de conducta, como estudios que demuestran lo contrario.
El meta-análisis probablemente más serio (Goyal et al., 2014) demostró que el Mindfulness solo posee evidencia moderada para la mejora de ansiedad, “depresión” y síntomas físicos, y baja evidencia de mejora del estrés, la atención y el estado de ánimo. Sin duda, se necesitan estudios más sólidos para determinar los “efectos positivos” del Mindfulness.
“No se han encontrado pruebas de que los programas de meditación fueran mejores que cualquier tratamiento activo, como la terapia de conducta o el ejercicio”.
¿ES EL MINDFULNESS UNA TERAPIA PSEUDOCIENTÍFICA?
Para resolver la pregunta, necesitamos distinguir entre “representación” (base teórica que trata de justificar su empleo) y “ejercicio” (funcionamiento en la práctica) del Mindfulness.
Por un lado, basándonos en su “representación” el Mindfulness sería una pseudociencia. Su razón de ser apuesta por un único mecanismo aún no demostrable, que sería la “atención plena en el presente como principal vía para aceptar y validar el sufrimiento humano”. Se trata de un enfoque mecanicista que posee un gran “cinturón de hipótesis protectoras” ante posibles críticas.
“Aún no se ha demostrado que la “atención plena” (concepto comodín) sea el mecanismo de cambio que postula la terapia Mindfulness”.
Por otro lado, basándonos en su “ejercicio” el Mindfulness sería moderadamente eficaz, y modestamente útil para algunas personas con síntomas residuales. Sin duda, es necesario descubrir qué componentes terapéuticos del Mindfulness es compartido con otras intervenciones.
La evidencia del uso de Mindfulness en contextos clínicos debe ser tratada con cautela hasta que no se demuestre lo contrario. Que algo sea investigado no lo convierte en “ciencia”, sino en todo caso en objeto de investigación, ya que el Mindfulness puede ser beneficioso para algunas personas, pero contraindicado para otras.
“La preocupación por la pseudociencia no está también exenta de intereses, así que nuestra misión no debe ser descalificar, sino ser explicar porqué las prácticas pseudocientíficas funcionan tan bien como las científicas.
CRÍTICAS “POSITIVAS” AL MINDFULNESS
1. Aunque se trata de una técnica que necesita mucho entrenamiento para aplicarla, no podemos negar que la técnica implica entrenamientos útiles en discriminación y sensibilización (condicionamientos atencionales). “Poner el foco en el presente” es aprender a discriminar las variables de las cuales son función tu conducta.
2. Existe evidencia de que el Mindfulness es eficaz para la prevención y disminución de recaídas. Integrarlo con otras intervenciones en fases muy avanzadas, y recomendarlo en una fase de seguimiento, podría tener cierta cabida si se adapta a las afinidades del paciente.
3. Si nos alejamos de la práctica religiosa, hacer Mindfulness sería equivalente a hacer exposiciones interoceptivas a respuestas privadas (pensamientos y emociones).
CRÍTICAS “NEGATIVAS” AL MINDFULNESS
1. La definición de Mindfulness no está nada clara, sus estudios poseen una evidente crisis en su replicación y sus hallazgos difícilmente se pueden generalizar a la práctica clínica.
2. Entre los posibles peligros de recomendar Mindfulness podrían encontrarse algunas afirmaciones injustificadas de beneficios, y la posibilidad de que los pacientes vulnerables con problemas de conducta severos sean engañados.
3. La realidad detrás de “dejar que las experiencias internas pasen de largo sin mirar su contenido, sin prohibirlas, pero aprendiendo a vivir con ellas”, es una recomendación y justificación de conductas de evitación indeseables y disfuncionales.
4. Los intentos de la Neurociencia Cognitiva de justificar teóricamente el empleo del Mindfulness fracasan a día de hoy. Caen en demasiadas interpretaciones simplistas, y los resultados de las neuro-imágenes poseen muchas confusiones metodológicas (hay diferencias en mismas personas pero con distinta respiración y frecuencia cardiaca).
5. Su empleo terapéutico en el contexto laboral añade controversias políticas y éticas importantes.
Al final, estamos poniendo el foco del problema en el individuo, cuando probablemente el problema de conducta esté manteniéndose por unas malas condiciones laborales, mala flexibilidad laboral, pocos permisos de salud, problemas con el pago de salarios, etc. Por supuesto, aquí el problema no sería el Mindfulness, sino la aplicación que se le da.
CONCLUSIONES FINALES SOBRE EL MINDFULNESS
Nos resulta sorprendente comprobar cómo existen tan pocas voces se hayan alzado con una visión crítica hacia el Mindfulness. Desde un punto de vista experimental, estamos aún en una etapa muy básica, aunque están siguiendo el “estándar de oro” en la investigación clínica (RCT y meta-análisis).
Los terapeutas deben ofrecer a sus consultantes tratamientos que “sabemos” que funcionan (empíricamente validados) más que tratamientos que “creemos” que funcionan. Además, si el Mindfulness involucra procedimientos de “autocontrol” o exposiciones nuestra opinión es que los usemos directamente. Primero porque sabemos cómo usarlos, y segundo, porque tenemos una acumulación enorme de evidencia sobre su eficacia.
REFERENCIAS
• Goyal, M., et al. (2014). Meditation Programs for Psychological Stress and Well-being A Systematic Review and Meta-analysis.
• Martín, O. M. (2013). ¿Por qué no soy un terapeuta Mindfulness?
• Muñoz-Martínez, A. (2017). Mindfulness: ¿proceso, habilidad o estrategia? Un análisis desde el análisis del comportamiento y del contextualismo funcional.
• Van Dam, T. N., et al. (2018). Mind The Hype: una evaluación crítica y una agenda prescriptiva para la investigación sobre atención plena y meditación.
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