Cristal
A su alrededor todo era extraño. El espacio se extendía tan lejos como podía percibir, infinitamente cruzado por líneas paralelas y equiespaciadas, que lo recorrían en las tres direcciones. Un diagrama cartesiano que llenaba la visión. En cada uno de los puntos donde esas líneas se cruzaban, se sentía una presencia hecha de luz centellante, entendimiento y consciencia. Entendió que él mismo era también uno de tales seres.
"Para moverte en la red debes saltar de nodo en nodo, lo puedes hacer simplemente con tu voluntad. Si el nodo al que quieres ir ya tiene una presencia debes negociar un intercambio de lugares con su ocupante."
Supo que la voz, que no era una voz sino una súbita aparición en su mente de la consciencia de esa información, provenía de uno de sus nodos vecinos. Dirigió su atención hacia la presencia que allí se encontraba, una esfera que parecía hecha de un material completamente negro, y que se desvanecía cada segundo en una miríada de puntos luminosos que luego se volvían a condensar. Esta respondió a la pregunta que no recordaba haber hecho:
"El valor con el que comerciamos es nuestro propio ser. Si quieres moverte en mi dirección muestrame algo de ti, si me resulta interesante accederé a intercambiar nuestros sitios."
Le dejó ver quién era y qué estaba haciendo allí, y en un instante se sintió fluir hacia el sitio vecino, atravesando al hacerlo a la presencia que le había hablado, y que ahora se movía en la dirección contraria. La presencia volvió a hablarle:
"Ojalá encuentres lo que buscas. Entretanto, disfruta de nuestro purgatorio, aprende todo lo que puedas y déjanos tu saber. Cien millones de almas habitamos este banco de datos. Buen viaje, peregrino."
La esfera de material negro se difuminó por un instante, antes de rematerializarse en un nodo más lejano que antes había estado vacío. Él siguió su camino la dirección opuesta, intercambiando su lugar con una presencia opaca y callada, que sólo le pidió a cambio un sentimiento cordial, al que respondió discretamente. El siguiente salto lo negoció con una centella multicolor, que le requirió el recuerdo más feliz de su vida terrenal. El le dejó ver la imagen de su amada, agotada y aún bañada en el sudor y las lágrimas del parto, sonriente con su pequeño hijo en los brazos. La centella le respondió con una forma extremadamente pura de amor y fluyó a través de él dejándolo pasar.
Siguió avanzando de esta manera, cruzándose con existencias de lo más variadas. Algunas rutilantes, otras oscuras, alegres tal vez o a veces formales, unas comunicativas y calladas otras. Cada una era una personalidad completa, y había sido un ser humano en el pasado, una o varias veces, y probablemente volvería a serlo en el futuro. Transcripciones en un purgatorio, "almas" si se quiere, esperando su turno para volver al mundo.
"Hola, buscador", le dijo una de ellas, "supe de ti y vine a encontrarte, sé donde está el alma que buscas... aunque es posible que no quiera verte."
Absorbió la información que se le ofrecía, y la pagó con el sentimiento de gratitud más intenso que pudo conjurar. Se dirigió hacia las coordenadas que le habían indicado con la mayor celeridad que permitía el extraño mundo geométrico en el que se hallaba.
Y allí estaba ella.
Las tres líneas perpendiculares que se cruzaban en ese nodo se hundían en una presencia hecha de tristeza, culpa, y oscuridad. Se detuvo en el nodo vecino y la angustia colmó su ser, pero antes de que pudiera decir nada su mente se llenó con las palabras de ella:
"Perdóname. Tenia tanta urgencia por tenerte junto a nosotros que no pude esperar que te llegara el turno. Quería compartir contigo la experiencia de ver crecer a nuestro hijo. Con el poco el dinero que tenía pagué por una copia ilegal de tu cuerpo, para descargar tu alma desde el purgatorio donde estaba preservada. Pero el clon era demasiado barato, los lobulos frontales estaban mal desarrollados, y..."
Él completó la frase
"...y me transformé en un psicópata asesino, que terminó con la vida de nuestro pequeño y luego con la tuya, y la de varias personas más antes de ser abatido." Hizo una pausa, pero como ella mantuvo silencio, continuó "Te he buscado desde que volví a la consciencia, en decenas de purgatorios antes de este. Algunos eran mundos, con un suelo y un cielo, poblados de almas que caminaban, nadaban o volaban. Otros eran universos conceptuales abstractos o locos, como este mismo en el que estamos ahora. En ninguno encontré un dolor mayor que el mío..."
"...ni una culpa mayor que la mía", completó ella "me odio por haberte hecho esto."
Se quedaron en silencio contemplándose mutuamente, dos presencias nebulosas y grises, perdidas en una infinita red cristalina hecha de seres sintientes. Lentamente fueron cediendo al amor que los unía, y perdieron su individualidad fundiéndose en una sola nube extendida que unía ambos nodos. Compartieron su dolor, su culpa y su sufrimiento, se sintieron parte del otro, y se perdonaron. Cuando volvieron a separarse, cada nodo contenía una presencia que era una débil luz, unida a la otra por un enlace hecho de pequeñas chispas brillantes. Alguno de los dos dijo:
"Vamos, es hora de pedir la reencarnación, y de compartir juntos un nuevo ciclo. Quiero sacar mi mente de este frío silicio, volver a ser carne para sentir tu cuerpo, quiero volver a vivir."