Cristal


A su alrededor todo era extraño. El espacio se extendía tan lejos como podía percibir, infinitamente cruzado por líneas paralelas y equiespaciadas, que lo recorrían en las tres direcciones. Un diagrama cartesiano que llenaba la visión. En cada uno de los puntos donde esas líneas se cruzaban, se sentía una presencia hecha de luz centellante, entendimiento y consciencia. Entendió que él mismo era también uno de tales seres.

"Para moverte en la red debes saltar de nodo en nodo, lo puedes hacer simplemente con tu voluntad. Si el nodo al que quieres ir ya tiene una presencia debes negociar un intercambio de lugares con su ocupante."

Supo que la voz, que no era una voz sino una súbita aparición en su mente de la consciencia de esa información, provenía de uno de sus nodos vecinos. Dirigió su atención hacia la presencia que allí se encontraba, una esfera que parecía hecha de un material completamente negro, y que se desvanecía cada segundo en una miríada de puntos luminosos que luego se volvían a condensar. Esta respondió a la pregunta que no recordaba haber hecho:

"El valor con el que comerciamos es nuestro propio ser. Si quieres moverte en mi dirección muestrame algo de ti, si me resulta interesante accederé a intercambiar nuestros sitios."

Le dejó ver quién era y qué estaba haciendo allí, y en un instante se sintió fluir hacia el sitio vecino, atravesando al hacerlo a la presencia que le había hablado, y que ahora se movía en la dirección contraria. La presencia volvió a hablarle:

"Ojalá encuentres lo que buscas. Entretanto, disfruta de nuestro purgatorio, aprende todo lo que puedas y déjanos tu saber. Cien millones de almas habitamos este banco de datos. Buen viaje, peregrino."

La esfera de material negro se difuminó por un instante, antes de rematerializarse en un nodo más lejano que antes había estado vacío. Él siguió su camino la dirección opuesta, intercambiando su lugar con una presencia opaca y callada, que sólo le pidió a cambio un sentimiento cordial, al que respondió discretamente. El siguiente salto lo negoció con una centella multicolor, que le requirió el recuerdo más feliz de su vida terrenal. El le dejó ver la imagen de su amada, agotada y aún bañada en el sudor y las lágrimas del parto, sonriente con su pequeño hijo en los brazos. La centella le respondió con una forma extremadamente pura de amor y fluyó a través de él dejándolo pasar.

Siguió avanzando de esta manera, cruzándose con existencias de lo más variadas. Algunas rutilantes, otras oscuras, alegres tal vez o a veces formales, unas comunicativas y calladas otras. Cada una era una personalidad completa, y había sido un ser humano en el pasado, una o varias veces, y probablemente volvería a serlo en el futuro. Transcripciones en un purgatorio, "almas" si se quiere, esperando su turno para volver al mundo.

"Hola, buscador", le dijo una de ellas, "supe de ti y vine a encontrarte, sé donde está el alma que buscas... aunque es posible que no quiera verte."

Absorbió la información que se le ofrecía, y la pagó con el sentimiento de gratitud más intenso que pudo conjurar. Se dirigió hacia las coordenadas que le habían indicado con la mayor celeridad que permitía el extraño mundo geométrico en el que se hallaba.

Y allí estaba ella.

Las tres líneas perpendiculares que se cruzaban en ese nodo se hundían en una presencia hecha de tristeza, culpa, y oscuridad. Se detuvo en el nodo vecino y la angustia colmó su ser, pero antes de que pudiera decir nada su mente se llenó con las palabras de ella:

"Perdóname. Tenia tanta urgencia por tenerte junto a nosotros que no pude esperar que te llegara el turno. Quería compartir contigo la experiencia de ver crecer a nuestro hijo. Con el poco el dinero que tenía pagué por una copia ilegal de tu cuerpo, para descargar tu alma desde el purgatorio donde estaba preservada. Pero el clon era demasiado barato, los lobulos frontales estaban mal desarrollados, y..."

Él completó la frase

"...y me transformé en un psicópata asesino, que terminó con la vida de nuestro pequeño y luego con la tuya, y la de varias personas más antes de ser abatido." Hizo una pausa, pero como ella mantuvo silencio, continuó "Te he buscado desde que volví a la consciencia, en decenas de purgatorios antes de este. Algunos eran mundos, con un suelo y un cielo, poblados de almas que caminaban, nadaban o volaban. Otros eran universos conceptuales abstractos o locos, como este mismo en el que estamos ahora. En ninguno encontré un dolor mayor que el mío..."

"...ni una culpa mayor que la mía", completó ella "me odio por haberte hecho esto."

Se quedaron en silencio contemplándose mutuamente, dos presencias nebulosas y grises, perdidas en una infinita red cristalina hecha de seres sintientes. Lentamente fueron cediendo al amor que los unía, y perdieron su individualidad fundiéndose en una sola nube extendida que unía ambos nodos. Compartieron su dolor, su culpa y su sufrimiento, se sintieron parte del otro, y se perdonaron. Cuando volvieron a separarse, cada nodo contenía una presencia que era una débil luz, unida a la otra por un enlace hecho de pequeñas chispas brillantes. Alguno de los dos dijo:

"Vamos, es hora de pedir la reencarnación, y de compartir juntos un nuevo ciclo. Quiero sacar mi mente de este frío silicio, volver a ser carne para sentir tu cuerpo, quiero volver a vivir."

#Relato #DelitoLiterario

Resonancia


Virginia siempre había sido de hablar mucho. Tenía la capacidad de mantener ella sola el flujo de la conversación, sin que el interlocutor tuviera que hacer nada más que estar parado delante de ella, por lo general buscando discretamente la forma de escabullirse. Cuando se detenía en algún pasillo del Ministerio para emboscar a sus presas, era tan eficiente que formaba rápidamente un corro de oyentes a su alrededor, que se miraban azorados esperando que hiciera una pausa para respirar que les permitiera huir. Pero Virginia era una hábil cazadora, mantenía vigiladas a cada una de sus capturas, y cuando alguna comenzada a alejarse dando pequeños pasos imperceptibles hacia atrás, se dirigía directamente a ella con una pregunta, que la obligaba a detener su evasión.

Leandro se le parecía mucho, también hablaba incansablemente con cualquier incauto que se le acercara demasiado. Aunque su estilo de tortura era diferente. Tendía a la conversación íntima con un sólo interlocutor, a quien hacía cómplice involuntario de sus inundaciones léxicas. Se paraba siempre unos diez centímetros demasiado cerca, lo que acentuaba la incomodidad de su víctima, quién solía mirar al corredor con la esperanza de que llegara alguien a reemplazarlo. Pero todos conocían la técnica de Leandro, que sólo soltaba su caza cuando otra presa se le acercaba lo bastante. Por esta razón, la actividad de los pasillos del ministerio entraba en una discreta pausa cuando Leandro caminaba por ellos.

Una pregunta inevitable entre los nuevos empleados era qué pasaba cuando Leandro y Virginia se cruzaban en una escalera ¿acaso quedaban atrapados el uno por el otro, y hablaban si parar hasta caer exaustos o morir de hambre? Tenía que ser un espectáculo digno de verse, cada uno tratando de escapar y a la vez de capturar al al de enfrente ¿Tal vez copularían en un éxtasis logorreico para generar pequeños homúnculos parlanchines? Los nuevos pronto aprendían, sin embargo, que la verdad era mucho más decepcionante: cuando se encumbraban en un pasillo, Leandro y Virginia se miraban brevemente con una sonrisa de cortesía, se dirigían un "buenas" casi inaudible, y luego seguían su camino. Alguno con más estudios aventuró la hipótesis de que, como sucede con todos los depredadores cuando hay abundancia de presas, se reconocían entre ellos y, al saber que no necesitaban competir, simplemente se ignoraban.

Por eso fue tan mala idea la consigna elegida para la fiesta de fin de año. Nadie lo pensó en el momento, parecía una diversión inocente para distender y generar camaradería. Cada empleado asistiría vestido con las ropas de algún compañero, y con el rostro cubierto por una máscara que representara un personaje asociado a esa persona. Virginia asistió vestida con una cortísima minifalda con volados blancos, en el estilo aniñado que caracterizaba a la recepcionista de planta baja, y una máscara de tiranosaurio con una enorme boca orlada de filosos dientes para comer hombred. Leandro se disfrazó con un antiguo traje marrón muy discreto, como los que solía usar el acartonado jefe de área, y una máscara que representaba a un babeante adolescente libidinoso y lleno de acné.

Y no se reconocieron.

Lo poco que sabemos de lo que siguió se lo debemos a los escasos sobrevivientes, que lo fueron precisamente por encontrarse lo bastante lejos cuando comenzó la tragedia. Según cuentan, lo primero que se sintió fue una ligera brisa, que fluía desde las regiones alejadas del salón había el punto donde se encontraban los disfrazados conversando. Cuando comenzaron a volar algunos papeles y arremolinarse a su alrededor, alguien señaló que no podía ser un fenómeno natural. Pronto las ventanas comenzaron a vibrar y se rompieron algunos vidrios, lo que provocó la alarma generalizada y la gente comenzó a huir. Las últimas imágenes registradas muestran un vórtice de mesas y sillas, platos y comensales, girando alocadamente en torno a dos figuras enfrentadas que no paraban de hablar.

Las autoridades cercaron la zona, mientras el edificio entero se hacía pedazos y era engullido. La ciudad fue evacuada en las horas subsiguientes, aunque no hay ninguna certeza acerca del número de víctimas. Al presente, se ve en la distancia como un gigantesco tornado, hecho de árboles, edificios, tierra y rocas, y más recientemente agua que se eleva desde el océano Atlántico para fluir girando locamente hacia el cono central.

Los expertos estiman que al planeta le quedan unas dos semanas, la única esperanza es que los interlocutores se aburran de hablar. Aunque quienes los conocen dicen que eso es muy improbable.

#Cuento #DelitoLiterario

Ramas


Está en la propia esencia de una máquina del tiempo el que no podamos decir cuándo fue inventada. Sólo sabemos que, en algún momento de la historia, un inventor ingenioso logró combinar las diferentes componentes del mecanismo, y fue capaz de moverse hacia el pasado. Su sola presencia en momentos anteriores de su vida o de la de sus antepasados alteró el flujo de los hechos, sacándolo de la línea histórica que llevaba hacia su invención y poniéndolo en una nueva, modificada de mil maneras sutiles y no tanto.

Es Importante entender que no es necesario volar Nueva York con una bomba nuclear para alterar la historia de forma significativa. Vivimos en un universo donde los efectos del caos amplifican cualquier perturbación inicialmente imperceptible, hasta hacerla macroscópica y tal vez dramática. Incluso los viajeros en el tiempo más cuidadosos son torpes mariposas que provocan huracanes.

Otro punto clave en esta discusión es que nunca se producen paradojas. Debemos agradecer esto a la mecánica cuántica, que hace que la realidad no sea una línea de hechos sucesivos encadenados, sino un árbol del que a cada instante brotan nuevas ramas en las que se realizan todos los hechos posibles. Si un viajero en el tiempo falto de terapia viaja al pasado para asesinar a sí bisabuelo, no deja inmediatamente de existir produciendo una contradición, sino que solamente se sitúa a sí mismo en una nueva rama de la realidad, en la cual su familia no existe.

Así, un "primer" viajero que podamos concebir existió en alguna rama histórica, viajó al pasado alterando entonces los hechos que llevaban a su invención. Al verse en una rama donde su aparato no iba a ser construido, comunicó sus diseños a la versión local de sí mismo o a otros. Estos beneficiarios empezaron a su vez a viajar, comunicando su invento a Albert Einstein, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci, Arquímedes de Siracusa o Aristarco de Samos. En este árbol del devenir contaminado por viajeros, es imposible decir quién fue el primero en descender por una rama para trepar luego por otra.

Lo cierto es que, debido tal vez a nuestros antepasados simios, nuestra especie le ha tomado un gusto especial a este paseo arbóreo. Hay viajeros que buscan la incansablemente la rama en la que son felices, habiendo encontrado el amor y viviendo una vida ideal. Otros intentan satisfacer su ambición, a veces buscando la gloria, otras la riqueza, y otras simplemente el poder. Y estamos tambien la mayoría, los curiosos, que no tenemos suficiente con lo que sucede, sino que necesitamos explorar todo lo que podría haber sucedido.

Hay por lo tanto una enorme variedad de máquinas del tiempo, consistente con la diversidad de las culturas en las que fueron construidas. En el Principio de los Tiempos hay un museo con centenares de ellas, en el que me gusta pasar horas durante mis descansos. En la vitrina que tenía ahora frente a mi, se veía una particularmente bella. Combinaba elementos de bajo nivel tecnológico y aspecto decimonónico, como un asiento tapizado en cuero y una palanca de bronce con empuñadura enjoyada, con piezas fruto de la mas avazada biotecnología. Me fascinaba el fuelle (una pieza necesaria en ciertos diseños de máquinas del tiempo), que parecía el buche de un ave mientras se inflaba y se desinflaba lentamente, y que estaba claramente vivo. Todo el aparato era extremadamente pequeño, como si hubiera sido construido para un piloto de sólo diez años.

– Ssssí, esss una cultura delissciosssa.

La voz silbante me sobresaltó, y me volví rapidamente para ver a mi interlocutor. Frente a mí, se enroscaba una enorme anaconda de unos seis metros de longitud. Oh, no sé si lo he dicho ya, los humanos no somos la única especie que encuentra placer en explorar el árbol de la existencia. En un estremo de su cuerpo espiralado se encontraba la cola, el órgano extremadamente flexible que estos seres usan para manipular el mundo y contruir herramientas. Y en el otro, sus ojos de hielo me miraban desde arrba de una enorme boca decorada con terroríficos colmillos.

– ¡Sisi! –exclamé– ¿Cómo estás, falo flácido intertemporal?

– Hola Delicatesssen –Sisi me llama así porque, oh bueno, Sisi come gente– como te desscia, una cultura delissciosssa, –hizo un gesto hacia la vitrina– todosss niñosss tiernosss y pequeñitosss... –al ver mi cara, añadió– No te preocupesss, sssolo me comí a losss malosss.

– Por supuesto, lo sé –el arte de tener amigos se parece un poco teatro, en el hecho de que con frecuencia se requiere suspender la incredulidad.

– También me comí a variosss de losss tuyosss, viajerosss pervertidosss que iban a aprovecharssse de lasss niñitasss.

– Eh, vamos ¡yo no soy pervertido! –repliqué con indignación.

– Por sssupuesssto, lo sssé –dijo el muy hijo de puta, marcando una sonrisa entre sus colmillos.

Seguimos conversando un buen rato. Sisi me explicó que esa cultura había desarrollado tempranamente la biotecnología, y en un punto de su historia habían logrando que sus hijos se dessarrollaran en vasijas externas, úteros autónomos que no necesitaban de una madre. Habiéndose vuelto el sexo obsoleto, modificaron sus cuerpos para evitar la madurez sexual y vivir como niños prepúberes durante toda su vida.

– Cuerposss pequeñosss, menosss energía, menosss grasssa, vidasss masss largasss. La passsé muy bien allí. Hasssta que ssse hartaron de mí y comensszaron a casszarme. Me mataron variasss vesscesss...

Una de las ventajas del viaje en el tiempo es que nunca mueres. Siempre hay una rama de la realidad en la que sigues vivo y logras huir. Pero Sisi era un glotón, y ya estaba planeando volver:

– Ya no me dejarán comer niñitosss, pero hay otra rama de esssa hissstoria sssimilarmente tierna, –explicó– essstosss desscidieron mantener el plasscer sssexual, pero con un sssolo sssexo: ssson todasss hembrasss de tu essspesscie. Lleva masss tiempo digerirlasss, pero sssiguen sssiendo delissciosssasss. Te prometo que sssolo me comeré a lasss malasss, tiranasss, ladronasss, y assessinasss. Me pregunto si quieresss venir conmigo....

– Pues... sí... solo que ¿qué garantía tengo que no vas a comerme?

– No te preocupesss, ya lo intenté en algunasss lineasss temporalesss, y la experienssscia de cagar tusss huesssosss me convenssció de que no valesss la pena. Tú prométeme que también te limitarásss a lasss malasss, tiranasss, ladronasss, y assessinasss.

– Por supuesto –mentí, y Sisi hizo lo que corresponde a un buen amigo y me creyó.

Y así fue como, en el Principio de los Tiempos, me dejé tentar por una serpiente.

#cuento #DelitoLiterario

Tú puedes viajar en el tiempo, igual que yo. De hecho, lo haces todos los días. Oh no, no me refiero la petulancia intelectual de "viajas un día hacia el futuro cada dia", claro que no. Hablo de moverte en la dimensión temporal hacia el futuro y hacia el pasado, según lo decidas. Tú lo haces, sólo que no lo sabes.

"Tú" viajas en el tiempo.

Ahora bien, qué es exactamente ese "tú" del que hablo ¿acaso eres esa cara anodina que me mira desde el otro lado de la mesa de café con gesto desconfiado? Ciertamente no dejarás de ser "tú" cuando envejezcas y tu cara se arrugue y se deforme. Veo que entiendes mi punto, admito que no es un gran desafío filosófico. "Tú" eres tu consciencia, la sensación del tí mismo que ocurre en cuando tu mente elabora un pensamiento cualquiera.

Pero piénsalo de nuevo ¿eres tú el que produce esos pensamientos? Hace un minuto, cuando pediste tu café y tu porción de pastel, escuchaste dentro tu cabeza una voz silenciosa que decía "quiero café y pastel" ¿acaso eras tú el que hablaba? ¿lo ves? Tú sabes que esas palabras surgieron ya expresadas desde algún lugar más hondo en tu interior. Y, si hurgas un poco, puedes reconocer sus causas primarias, como la sensación de hambre y una cierta avidez por algo dulce. Pero no fuiste tu quien pronunció esas palabras en la profundidad de tu mente, como no eres tú el que decide ahora mirarme en silencio con esa expresión cuidadamente neutra.

"Tú", tu consciencia, tu sensación de ti mismo, es testigo de tus acciones, no su causa. No eres quien habla en silencio en tus pensamientos, sino quien los escucha.

Oh, no lo descubrí yo, claro que no. Hay científicos estudian desde hace años fenómenos inconscientes. Como la "visión ciega" de los pacientes que tienen un daño en su corteza visual, y a pesar de su ceguera pueden esquivar obstáculos y atajar objetos arrojados hacia ellos, sin tener la consciencia de verlos. La voz dejó de hablarles, pero las decisiones en su interior siguen tomándose, aún sin su conocimiento. También está el ejemplo de las personas con "afantasia", que son incapaces de formar imágenes visuales en su mente. Y sin embargo, pueden de resolver un rompecabezas rotando mentalmente las piezas para ver de qué modo encajan. Otra vez, su mente funciona y toma decisiones, sólo que no se molesta en informárselo. Un último ejemplo, para estar seguro de que te he convencido. Hace unas décadas, se trataba cierto tipo de epilepsia seccionando la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales. Una técnica algo bárbara, déjame decirte. Los pacientes podían, luego de la operación, leer una orden con su ojo izquierdo y ejecutarla. Sólo que no eran capaces de explicar por qué lo hacían. La parte de su mente conectada al ojo izquierdo dejaba de hablarle a la parte que produce las explicaciones.

Ok, veo que te tengo conmigo. "Tú" eres el que escucha en tu interior, no el que habla. Pero ¿qué tiene que ver eso con los viajes en el tiempo?

La cuestión es muy simple, si te detienes a pensar en ella ¿quién decide cuándo, en qué momento de la historia de tu vida, se dispone ese oído interior a escuchar tus pensamientos? ¿Cuando existes "tú" como el ser que oye los rumores producidos por esa máquina inconsciente que es tu psique? Ya, ya "en el presente", me dices. Claro. Pero ¿qué es el presente, sino el momento de tu vida en el que estás ahí, atendiendo a tus pensamientos?

Eh, presta atención, se te ha caído el pastel sobre la corbata. Veo que entiendes.

Yo viajo en el tiempo, eligiendo en qué punto de la historia de mi vida me pongo a escuchar mis pensamientos. Y tu tambien, sólo que no lo recuerdas. Y es evidente el por qué de ese olvido: lo que llamamos "memoria" es parte del relato que la voz interior le cuenta a su atento confidente. Y la tuya ha decidido no hacerlo. Se te oculta una parte de tu vida, como a un paciente con visión ciega se le oculta la imagen que sus ojos ven, o a uno con afantasia la que su mente imagina. No soy diferente a ti, sólo que mi mente es un poco más honesta.

¿Que por qué te cuento esto? Pues no lo sé, sólo sentí ganas de hacerlo. Lo que en realidad significa que los engranajes dentro de mi cráneo lo decidieron, por alguna razón que no se molestaron en explicarme. Pero tengo una hipótesis. Mira, sé que me odias y planeas matarme. Oh, calla, no tiene sentido que mientas, ya estuve allí. Me esperaste en una esquina oscura y me estrangulaste con un cordón de zapatos. Fue la semana próxima, creo que era martes. Y hoy siento una enorme satisfacción viendo como se retuercen tus tripas al saber que sigo vivo.

Disfruta el resto del pastel.

#Cuento #DelitoLiterario

Tú puedes viajar en el tiempo, igual que yo. De hecho, lo haces todos los días. Oh no, no me refiero la petulancia intelectual de "viajas un día hacia el futuro cada dia", claro que no. Hablo de moverte en la dimensión temporal hacia el futuro y hacia el pasado, según lo decidas. Tú lo haces, sólo que no lo sabes.

"Tú" viajas en el tiempo.

Ahora bien, qué es exactamente ese "tú" del que hablo ¿acaso eres esa cara anodina que me mira desde el otro lado de la mesa de café con gesto desconfiado? Ciertamente no dejarás de ser "tú" cuando envejezcas y tu cara se arrugue y se deforme. Veo que entiendes mi punto, admito que no es un gran desafío filosófico. "Tú" eres tu consciencia, la sensación del tí mismo que ocurre en cuando tu mente elabora un pensamiento cualquiera.

Pero piénsalo de nuevo ¿eres tú el que produce esos pensamientos? Hace un minuto, cuando pediste tu café y tu porción de pastel, escuchaste dentro tu cabeza una voz silenciosa que decía "quiero café y pastel" ¿acaso eras tú el que hablaba? ¿lo ves? Tú sabes que esas palabras surgieron ya expresadas desde algún lugar más hondo en tu interior. Y, si hurgas un poco, puedes reconocer sus causas primarias, como la sensación de hambre y una cierta avidez por algo dulce. Pero no fuiste tu quien pronunció esas palabras en la profundidad de tu mente, como no eres tú el que decide ahora mirarme en silencio con esa expresión cuidadamente neutra.

"Tú", tu consciencia, tu sensación de ti mismo, es testigo de tus acciones, no su causa. No eres quien habla en silencio en tus pensamientos, sino quien los escucha.

Oh, no lo descubrí yo, claro que no. Hay científicos estudian desde hace años fenómenos inconscientes. Como la "visión ciega" de los pacientes que tienen un daño en su corteza visual, y a pesar de su ceguera pueden esquivar obstáculos y atajar objetos arrojados hacia ellos, sin tener la consciencia de verlos. La voz dejó de hablarles, pero las decisiones en su interior siguen tomándose, aún sin su conocimiento. También está el ejemplo de las personas con "afantasia", que son incapaces de formar imágenes visuales en su mente. Y sin embargo, pueden de resolver un rompecabezas rotando mentalmente las piezas para ver de qué modo encajan. Otra vez, su mente funciona y toma decisiones, sólo que no se molesta en informárselo. Un último ejemplo, para estar seguro de que te he convencido. Hace unas décadas, se trataba cierto tipo de epilepsia seccionando la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales. Una técnica algo bárbara, déjame decirte. Los pacientes podían, luego de la operación, leer una orden con su ojo izquierdo y ejecutarla. Sólo que no eran capaces de explicar por qué lo hacían. La parte de su mente conectada al ojo izquierdo dejaba de hablarle a la parte que produce las explicaciones.

Ok, veo que te tengo conmigo. "Tú" eres el que escucha en tu interior, no el que habla. Pero ¿qué tiene que ver eso con los viajes en el tiempo?

La cuestión es muy simple, si te detienes a pensar en ella ¿quién decide cuándo, en qué momento de la historia de tu vida, se dispone ese oído interior a escuchar tus pensamientos? ¿Cuando existes "tú" como el ser que oye los rumores producidos por esa máquina inconsciente que es tu psique? Ya, ya "en el presente", me dices. Claro. Pero ¿qué es el presente, sino el momento de tu vida en el que estás ahí, atendiendo a tus pensamientos?

Eh, presta atención, se te ha caído el pastel sobre la corbata. Veo que entiendes.

Yo viajo en el tiempo, eligiendo en qué punto de la historia de mi vida me pongo a escuchar mis pensamientos. Y tu tambien, sólo que no lo recuerdas. Y es evidente el por qué de ese olvido: lo que llamamos "memoria" es parte del relato que la voz interior le cuenta a su atento confidente. Y la tuya ha decidido no hacerlo. Se te oculta una parte de tu vida, como a un paciente con visión ciega se le oculta la imagen que sus ojos ven, o a uno con afantasia la que su mente imagina. No soy diferente a ti, sólo que mi mente es un poco más honesta.

¿Que por qué te cuento esto? Pues no lo sé, sólo sentí ganas de hacerlo. Lo que en realidad significa que los engranajes dentro de mi cráneo lo decidieron, por alguna razón que no se molestaron en explicarme. Pero tengo una hipótesis. Mira, sé que me odias y planeas matarme. Oh, calla, no tiene sentido que mientas, ya estuve allí. Me esperaste en una esquina oscura y me estrangulaste con un cordón de zapatos. Fue la semana próxima, creo que era martes. Y hoy siento una enorme satisfacción viendo como se retuercen tus tripas al saber que sigo vivo.

Disfruta el resto del pastel.

#Cuento #DelitoLiterario

Azul


Desde la cima de la pared norte la vista podía abarcar todo el perímetro del cráter. Ajustando su máscara facial para que reprodujera el efecto de unos binoculares, Jensen recorrió la franja de paneles solares que los chinos habían dispuesto rodeando la formación, desde el borde opuesto del cráter en el que estaba la entrada a su base, hasta justo debajo de donde él se encontraba ahora. Pensó que sería muy fácil llegar hasta ellos moviéndose alrededor del foso bajo los paneles. Pero por alguna razón que nadie se molestó en explicarle, el comando superior de la US Space Force había dispuesto otra ruta. Miró resignado hacia el fondo del cráter. En la oscuridad eterna donde jamás daba el sol, se ocultaba la razón por laque lo habían enviado allí. El glaciar, un enorme témpano de hielo de un kilómetro de ancho y cien metros de alto. Una riqueza invaluable en la inclemente sequedad lunar.

Jensen se cargó a la espalda la pesada mochila y descendió agachado siguiendo una grieta de poco más de un metro de profundidad, hasta encontrarse lo bastante cerca del anillo de paneles solares. En una maniobra precisa que explicaba por qué lo habían elegido a él para la tarea, recorrió de un solo salto la distancia que lo separaba del panel más cercano, aterrizando en cuclillas debajo del mismo. Se volvió para confirmar que no hubieran quedado rastros sobre el regolito. Las huellas en la Luna duraban millones de años, pero incluso si sólo fueran unas horas ya sería suficiente para que los chinos lo descubrieran. Al verificar que el salto había sido perfecto, siguió su camino a cuatro patas bajo los paneles, hacia el borde interior de la estructura.

Su misión era cavar un túnel bajo el glaciar que lo llevara hasta la base china del otro lado del cráter. Una vez allí, colocaría un dispositivo en el risco, justo debajo del asentamiento. Le habían explicado que no se trataba de un explosivo, porque los Estados Unidos no podían permitirse reanudar las hostilidades con China luego del ataque nuclear táctico que había inhabilitado los puertos del pacífico. Era un láser muy potente que vaporizaría el regolito, cavando un túnel de unos pocos centímetros de diámetro hasta llegar a un depósito de hielo treinta metros debajo de la base. Al fundirse el hielo, un breve sismo afectaría a la colonia causando una pequeña catástrofe. La intervención "humanitaria" de las tropas americanas llegaría mucho antes que la ayuda china, dejándoles con el control del asentamiento, y de su valioso recurso congelado.

Tres perfectos saltos, pisando rocas sólidas sobre las que no quedaban huellas, lo llevaron desde el borde interior del anillo de paneles solares hasta la zona eternamente oscura en el interior del cráter. Al hallarse tan cerca del polo sur lunar, el sol estaba siempre muy bajo sobre el horizonte, por lo que la sombra de la pared del cráter sumía el interior en tinieblas permanentes. Caminó sin prisa sobre el suelo, que se hallaba a 270 grados bajo cerro, hasta llegar a la enorme masa del glaciar. Tanteando en la oscuridad, puso en marcha el reactor nuclear portátil RTG que llevaba en su mochila. La radiación del aparato sin duda le mataría, pero no le importaba, ya había muerto una vez antes, cuando los chinos vaporizaron Hawaii. Junto con su mujer y su hija, de las cuales no había registro genético que hiciera posible clonarlas como hbaian hecho con él.

– Malditos asesinos amarillos– murmuró entre dientes.

Todo lo que sabía sobre su vida se lo habían contado en la base de la US Navy, donde había pasado su rehabilitación y reentrenamiento. Había despertado con la amnesia más perfecta posible, la de un cerebro clonado completamente nuevo, que jamás había vivido experiencia alguna. Le explicaron que su personalidad sería básicamente la misma que la del Jensen muerto, pero que debía reconstruir sus memorias estudiando todos los detalles posibles de su vida. Fotos, vídeos, notas y correos, publicaciones en redes sociales, cartas, le habían dejado ver una felicidad que ahora estaba perdida para siempre. Sólo le quedaba la venganza, y pensaba satisfacerla aunque para eso tuviera que morir otra vez.

Conectó al RTG el láser infrarrojo, y lo apuntó justo donde la pared de hielo que tenía delante tocaba el suelo lunar. Un agujero de medio metro de diámetro comenzó a crecer a medida que el hielo se transformaba en vapor. En pocos minutos había hecho un túnel de unos tres metros de profundidad. Se metió reptando en su interior, con el láser por delante y arrastrando a sus pies con una soga la pesada mochila. Avanzó sin pausa, consciente de que el vapor que generaba el láser a sublimarse detrás de él cerrando el túnel, y que el hielo lo atraparía si se detenía por demasiado tiempo. Cuando hubo avanzado unos 200 metros, se volvió sobre su espalda y disparó el láser hacia arriba, para cavar una cámara en el hielo lo bastante grande como para ponerse de pié. Se permitió encender una débil luz para ver a su alrededor. Azul, tan profundo e infinito como el tiempo, tan frío e inconmobible como su soledad de muerto resucitado que había perdido todo lo que amaba.

Avanzó a través del hielo durante varias horas, vaporizando la pared delante de sí y dejando que el vapor volviera a congelarse detrás. El tiempo transcurría sin marcas mientras él se concertaba en su trabajo dentro de la gélida burbuja azul. Pensó en los cincuenta millones de víctimas del ataque nuclear táctico, y en los pocos que, como él, habían tenido la suerte de ser clonados para poder contribuir a la retaliación. Pensó en su mujer y su hija, a quienes nunca había conocido fuera de los esfuerzos que había hecho para reimprimirlas en su memoria. La furia crecía en su interior, así como el ansia por causarles a sus verdugos siquiera una fracción del dolor que ellos habían provocado.

Casi no sintió el temblor. El láser infrarrojo dejó de funcionar y, cuando se volvió para ver qué había sucedido, vio la grieta en el hielo que se había llevado su mochila junto con el RTG. El hielo terminó de desmoronarse encima, enterrando cualquier esperanza de recuperarlos.

– ¡Mierda! –dijo en voz alta dirigiéndose al universo.

Sabía que estaba condenado. Sin la energía del RTG, le quedaba algo menos de dos horas antes de que se terminaran las baterías del traje y el frío del glaciar se ocupara de él. Moriría congelado, con tan poco dolor como escasa gloria. Mientras meditaba si informar a la base de su fracaso aún corriendo riesgo de ser interceptado, la radio del traje se activó por si sola.

– Hola mayor Jensen –dijo una voz– no se mueva y mantengase de pie para minimizar la pérdida de calor. Llegaré hasta usted en unos veinte minutos.

– ¡Hijo de puta! –dijo Jensen– ese temblor no fue natural.

– Oh, no, no lo fue –rió el desconocido– fue el mismo tipo de sabotaje que pensabas infringirnos. Hemos estado al tanto de tu misión desde el principio, te sorprenderías de cuanto sabemos sobre ti. ¡Tenemos tanto de qué hablar!

– Maldito cerdo comunista, no podrás sonsacarme nada, antes yo... –Jensen se dispuso a desconectar su traje, lo que le provicaria una muerte casi inmediata, cuando lo voz lo interrumpió.

– No seas tonto, si te suicidas por congelamiento o asfixia, simplemente te reviviremos. Y créeme que te interesa lo que tenemos para decirte. Por ejemplo, empecemos por tu mujer y tu hija...

– ¿Qué vas a decirme que no sepa? –a través de la cortina azul de la masa de hielo, Jensen ya podía ver las luces de su interlocutor acercándose– Murieron en el ataque nuclear táctico en el que ustedes, malditos genocidas, mataron a dos millones sólo en Hawaii...

– Oh Jensen... –la voz sonó más sería– tu familia no murió en un ataque nuclear táctico, no sólo porque no hubo ninguno, sino porque nunca tuviste tal familia. La vida del mayor Philip Jensen que te contaron es una enorme mentira, hecha para generar en tu mente las condiciones perfectas para manipularte. Tu país nunca fue atacado, simplemente fue víctima de sus propias contradicciones, eligiendo un régimen fascista que le hizo perder la carrera espacial y hundirse en la decadencia. El Philip Jensen original no fue un mayor de la fuerza espacial muerto en un bombardeo nuclear, sino un activo militante independentista hawaiano asesinado por tu gobierno. Y estaba casado, sí, con una mujer del pueblo originario de las islas, pero no tenía hijos. Las dos bellezas rubias por las que haces duelo jamás existieron.

– Comunista de mierda, si piensas que voy a creerme por un minuto esas mentiras...

– Piénsalo Jensen –lo interrumpió la voz– despiertas en una base militar donde te explican que eres un clon de alguien cuya historia no puedes reconstruir por ti mismo, porque convenientemente todo ha sido destruido y el lugar es inhabitable. Desde que empiezas a pensar por ti mismo solo quieres vengarte, y las mismas personas que te contaron tu supuesta historia te dicen dónde y cómo hacerlo y te proveen los medios, –el brillo en el hielo ahora se veía muy cercano a su derecha– ahora quédate quieto que voy a fundir el último metro de hielo.

Jensen se disponía a saltar sobre su captor en cuanto lo tuviera al alcance. Si iba a morir nuevamente, al menos esta vez quería llevarse algún maldito chino con él. La voz continuó hablando:

– Eres inteligente y ágil, pero muy emocional, y desde que despertaste no te han permitido desarrollar tu sentido crítico. Eso te hace extremadamente controlable. Por eso te han usado... –la voz hizo una pausa, y luego continuó– tantas veces...

El hielo desapareció, y Jensen tensó sus músculos para atacar a la figura que tomaba forma entre el vapor enfrente de él. Pero no pudo hacerlo.

A través de una máscara empañada, el rostro que lo miraba era el suyo propio.

#Cuento #DelitoLiterario

Azul


Desde la cima de la pared norte la vista podía abarcar todo el perímetro del cráter. Ajustando su máscara facial para que reprodujera el efecto de unos binoculares, Jensen recorrió la franja de paneles solares que los chinos habían dispuesto rodeando la formación, desde el borde opuesto del cráter en el que estaba la entrada a su base, hasta justo debajo de donde él se encontraba ahora. Pensó que sería muy fácil llegar hasta ellos moviéndose alrededor del foso bajo los paneles. Pero por alguna razón que nadie se molestó en explicarle, el comando superior de la US Space Force había dispuesto otra ruta. Miró resignado hacia el fondo del cráter. En la oscuridad eterna donde jamás daba el sol, se ocultaba la razón por laque lo habían enviado allí. El glaciar, un enorme témpano de hielo de un kilómetro de ancho y cien metros de alto. Una riqueza invaluable en la inclemente sequedad lunar.

Jensen se cargó a la espalda la pesada mochila y descendió agachado siguiendo una grieta de poco más de un metro de profundidad, hasta encontrarse lo bastante cerca del anillo de paneles solares. En una maniobra precisa que explicaba por qué lo habían elegido a él para la tarea, recorrió de un solo salto la distancia que lo separaba del panel más cercano, aterrizando en cuclillas debajo del mismo. Se volvió para confirmar que no hubieran quedado rastros sobre el regolito. Las huellas en la Luna duraban millones de años, pero incluso si sólo fueran unas horas ya sería suficiente para que los chinos lo descubrieran. Al verificar que el salto había sido perfecto, siguió su camino a cuatro patas bajo los paneles, hacia el borde interior de la estructura.

Su misión era cavar un túnel bajo el glaciar que lo llevara hasta la base china del otro lado del cráter. Una vez allí, colocaría un dispositivo en el risco, justo debajo del asentamiento. Le habían explicado que no se trataba de un explosivo, porque los Estados Unidos no podían permitirse reanudar las hostilidades con China luego del ataque nuclear táctico que había inhabilitado los puertos del pacífico. Era un láser muy potente que vaporizaría el regolito, cavando un túnel de unos pocos centímetros de diámetro hasta llegar a un depósito de hielo treinta metros debajo de la base. Al fundirse el hielo, un breve sismo afectaría a la colonia causando una pequeña catástrofe. La intervención "humanitaria" de las tropas americanas llegaría mucho antes que la ayuda china, dejándoles con el control del asentamiento, y de su valioso recurso congelado.

Tres perfectos saltos, pisando rocas sólidas sobre las que no quedaban huellas, lo llevaron desde el borde interior del anillo de paneles solares hasta la zona eternamente oscura en el interior del cráter. Al hallarse tan cerca del polo sur lunar, el sol estaba siempre muy bajo sobre el horizonte, por lo que la sombra de la pared del cráter sumía el interior en tinieblas permanentes. Caminó sin prisa sobre el suelo, que se hallaba a 270 grados bajo cerro, hasta llegar a la enorme masa del glaciar. Tanteando en la oscuridad, puso en marcha el reactor nuclear portátil RTG que llevaba en su mochila. La radiación del aparato sin duda le mataría, pero no le importaba, ya había muerto una vez antes, cuando los chinos vaporizaron Hawaii. Junto con su mujer y su hija, de las cuales no había registro genético que hiciera posible clonarlas como hbaian hecho con él.

– Malditos asesinos amarillos– murmuró entre dientes.

Todo lo que sabía sobre su vida se lo habían contado en la base de la US Navy, donde había pasado su rehabilitación y reentrenamiento. Había despertado con la amnesia más perfecta posible, la de un cerebro clonado completamente nuevo, que jamás había vivido experiencia alguna. Le explicaron que su personalidad sería básicamente la misma que la del Jensen muerto, pero que debía reconstruir sus memorias estudiando todos los detalles posibles de su vida. Fotos, vídeos, notas y correos, publicaciones en redes sociales, cartas, le habían dejado ver una felicidad que ahora estaba perdida para siempre. Sólo le quedaba la venganza, y pensaba satisfacerla aunque para eso tuviera que morir otra vez.

Conectó al RTG el láser infrarrojo, y lo apuntó justo donde la pared de hielo que tenía delante tocaba el suelo lunar. Un agujero de medio metro de diámetro comenzó a crecer a medida que el hielo se transformaba en vapor. En pocos minutos había hecho un túnel de unos tres metros de profundidad. Se metió reptando en su interior, con el láser por delante y arrastrando a sus pies con una soga la pesada mochila. Avanzó sin pausa, consciente de que el vapor que generaba el láser a sublimarse detrás de él cerrando el túnel, y que el hielo lo atraparía si se detenía por demasiado tiempo. Cuando hubo avanzado unos 200 metros, se volvió sobre su espalda y disparó el láser hacia arriba, para cavar una cámara en el hielo lo bastante grande como para ponerse de pié. Se permitió encender una débil luz para ver a su alrededor. Azul, tan profundo e infinito como el tiempo, tan frío e inconmobible como su soledad de muerto resucitado que había perdido todo lo que amaba.

Avanzó a través del hielo durante varias horas, vaporizando la pared delante de sí y dejando que el vapor volviera a congelarse detrás. El tiempo transcurría sin marcas mientras él se concertaba en su trabajo dentro de la gélida burbuja azul. Pensó en los cincuenta millones de víctimas del ataque nuclear táctico, y en los pocos que, como él, habían tenido la suerte de ser clonados para poder contribuir a la retaliación. Pensó en su mujer y su hija, a quienes nunca había conocido fuera de los esfuerzos que había hecho para reimprimirlas en su memoria. La furia crecía en su interior, así como el ansia por causarles a sus verdugos siquiera una fracción del dolor que ellos habían provocado.

Casi no sintió el temblor. El láser infrarrojo dejó de funcionar y, cuando se volvió para ver qué había sucedido, vio la grieta en el hielo que se había llevado su mochila junto con el RTG. El hielo terminó de desmoronarse encima, enterrando cualquier esperanza de recuperarlos.

– ¡Mierda! –dijo en voz alta dirigiéndose al universo.

Sabía que estaba condenado. Sin la energía del RTG, le quedaba algo menos de dos horas antes de que se terminaran las baterías del traje y el frío del glaciar se ocupara de él. Moriría congelado, con tan poco dolor como escasa gloria. Mientras meditaba si informar a la base de su fracaso aún corriendo riesgo de ser interceptado, la radio del traje se activó por si sola.

– Hola mayor Jensen –dijo una voz– no se mueva y mantengase de pie para minimizar la pérdida de calor. Llegaré hasta usted en unos veinte minutos.

– ¡Hijo de puta! –dijo Jensen– ese temblor no fue natural.

– Oh, no, no lo fue –rió el desconocido– fue el mismo tipo de sabotaje que pensabas infringirnos. Hemos estado al tanto de tu misión desde el principio, te sorprenderías de cuanto sabemos sobre ti. ¡Tenemos tanto de qué hablar!

– Maldito cerdo comunista, no podrás sonsacarme nada, antes yo... –Jensen se dispuso a desconectar su traje, lo que le provicaria una muerte casi inmediata, cuando lo voz lo interrumpió.

– No seas tonto, si te suicidas por congelamiento o asfixia, simplemente te reviviremos. Y créeme que te interesa lo que tenemos para decirte. Por ejemplo, empecemos por tu mujer y tu hija...

– ¿Qué vas a decirme que no sepa? –a través de la cortina azul de la masa de hielo, Jensen ya podía ver las luces de su interlocutor acercándose– Murieron en el ataque nuclear táctico en el que ustedes, malditos genocidas, mataron a dos millones sólo en Hawaii...

– Oh Jensen... –la voz sonó más sería– tu familia no murió en un ataque nuclear táctico, no sólo porque no hubo ninguno, sino porque nunca tuviste tal familia. La vida del mayor Philip Jensen que te contaron es una enorme mentira, hecha para generar en tu mente las condiciones perfectas para manipularte. Tu país nunca fue atacado, simplemente fue víctima de sus propias contradicciones, eligiendo un régimen fascista que le hizo perder la carrera espacial y hundirse en la decadencia. El Philip Jensen original no fue un mayor de la fuerza espacial muerto en un bombardeo nuclear, sino un activo militante independentista hawaiano asesinado por tu gobierno. Y estaba casado, sí, con una mujer del pueblo originario de las islas, pero no tenía hijos. Las dos bellezas rubias por las que haces duelo jamás existieron.

– Comunista de mierda, si piensas que voy a creerme por un minuto esas mentiras...

– Piénsalo Jensen –lo interrumpió la voz– despiertas en una base militar donde te explican que eres un clon de alguien cuya historia no puedes reconstruir por ti mismo, porque convenientemente todo ha sido destruido y el lugar es inhabitable. Desde que empiezas a pensar por ti mismo solo quieres vengarte, y las mismas personas que te contaron tu supuesta historia te dicen dónde y cómo hacerlo y te proveen los medios, –el brillo en el hielo ahora se veía muy cercano a su derecha– ahora quédate quieto que voy a fundir el último metro de hielo.

Jensen se disponía a saltar sobre su captor en cuanto lo tuviera al alcance. Si iba a morir nuevamente, al menos esta vez quería llevarse algún maldito chino con él. La voz continuó hablando:

– Eres inteligente y ágil, pero muy emocional, y desde que despertaste no te han permitido desarrollar tu sentido crítico. Eso te hace extremadamente controlable. Por eso te han usado... –la voz hizo una pausa, y luego continuó– tantas veces...

El hielo desapareció, y Jensen tensó sus músculos para atacar a la figura que tomaba forma entre el vapor enfrente de él. Pero no pudo hacerlo.

A través de una máscara empañada, el rostro que lo miraba era el suyo propio.

#Cuento #DelitoLiterario

Azul


Desde la cima de la pared norte la vista podía abarcar todo el perímetro del cráter. Ajustando su máscara facial para que reprodujera el efecto de unos binoculares, Jensen recorrió la franja de paneles solares que los chinos habían dispuesto rodeando la formación, desde el borde opuesto del cráter en el que estaba la entrada a su base, hasta justo debajo de donde él se encontraba ahora. Pensó que sería muy fácil llegar hasta ellos moviéndose alrededor del foso bajo los paneles. Pero por alguna razón que nadie se molestó en explicarle, el comando superior de la US Space Force había dispuesto otra ruta. Miró resignado hacia el fondo del cráter. En la oscuridad eterna donde jamás daba el sol, se ocultaba la razón por laque lo habían enviado allí. El glaciar, un enorme témpano de hielo de un kilómetro de ancho y cien metros de alto. Una riqueza invaluable en la inclemente sequedad lunar.

Jensen se cargó a la espalda la pesada mochila y descendió agachado siguiendo una grieta de poco más de un metro de profundidad, hasta encontrarse lo bastante cerca del anillo de paneles solares. En una maniobra precisa que explicaba por qué lo habían elegido a él para la tarea, recorrió de un solo salto la distancia que lo separaba del panel más cercano, aterrizando en cuclillas debajo del mismo. Se volvió para confirmar que no hubieran quedado rastros sobre el regolito. Las huellas en la Luna duraban millones de años, pero incluso si sólo fueran unas horas ya sería suficiente para que los chinos lo descubrieran. Al verificar que el salto había sido perfecto, siguió su camino a cuatro patas bajo los paneles, hacia el borde interior de la estructura.

Su misión era cavar un túnel bajo el glaciar que lo llevara hasta la base china del otro lado del cráter. Una vez allí, colocaría un dispositivo en el risco, justo debajo del asentamiento. Le habían explicado que no se trataba de un explosivo, porque los Estados Unidos no podían permitirse reanudar las hostilidades con China luego del ataque nuclear táctico que había inhabilitado los puertos del pacífico. Era un láser muy potente que vaporizaría el regolito, cavando un túnel de unos pocos centímetros de diámetro hasta llegar a un depósito de hielo treinta metros debajo de la base. Al fundirse el hielo, un breve sismo afectaría a la colonia causando una pequeña catástrofe. La intervención "humanitaria" de las tropas americanas llegaría mucho antes que la ayuda china, dejándoles con el control del asentamiento, y de su valioso recurso congelado.

Tres perfectos saltos, pisando rocas sólidas sobre las que no quedaban huellas, lo llevaron desde el borde interior del anillo de paneles solares hasta la zona eternamente oscura en el interior del cráter. Al hallarse tan cerca del polo sur lunar, el sol estaba siempre muy bajo sobre el horizonte, por lo que la sombra de la pared del cráter sumía el interior en tinieblas permanentes. Caminó sin prisa sobre el suelo, que se hallaba a 270 grados bajo cerro, hasta llegar a la enorme masa del glaciar. Tanteando en la oscuridad, puso en marcha el reactor nuclear portátil RTG que llevaba en su mochila. La radiación del aparato sin duda le mataría, pero no le importaba, ya había muerto una vez antes, cuando los chinos vaporizaron Hawaii. Junto con su mujer y su hija, de las cuales no había registro genético que hiciera posible clonarlas como hbaian hecho con él.

– Malditos asesinos amarillos– murmuró entre dientes.

Todo lo que sabía sobre su vida se lo habían contado en la base de la US Navy, donde había pasado su rehabilitación y reentrenamiento. Había despertado con la amnesia más perfecta posible, la de un cerebro clonado completamente nuevo, que jamás había vivido experiencia alguna. Le explicaron que su personalidad sería básicamente la misma que la del Jensen muerto, pero que debía reconstruir sus memorias estudiando todos los detalles posibles de su vida. Fotos, vídeos, notas y correos, publicaciones en redes sociales, cartas, le habían dejado ver una felicidad que ahora estaba perdida para siempre. Sólo le quedaba la venganza, y pensaba satisfacerla aunque para eso tuviera que morir otra vez.

Conectó al RTG el láser infrarrojo, y lo apuntó justo donde la pared de hielo que tenía delante tocaba el suelo lunar. Un agujero de medio metro de diámetro comenzó a crecer a medida que el hielo se transformaba en vapor. En pocos minutos había hecho un túnel de unos tres metros de profundidad. Se metió reptando en su interior, con el láser por delante y arrastrando a sus pies con una soga la pesada mochila. Avanzó sin pausa, consciente de que el vapor que generaba el láser a sublimarse detrás de él cerrando el túnel, y que el hielo lo atraparía si se detenía por demasiado tiempo. Cuando hubo avanzado unos 200 metros, se volvió sobre su espalda y disparó el láser hacia arriba, para cavar una cámara en el hielo lo bastante grande como para ponerse de pié. Se permitió encender una débil luz para ver a su alrededor. Azul, tan profundo e infinito como el tiempo, tan frío e inconmobible como su soledad de muerto resucitado que había perdido todo lo que amaba.

Avanzó a través del hielo durante varias horas, vaporizando la pared delante de sí y dejando que el vapor volviera a congelarse detrás. El tiempo transcurría sin marcas mientras él se concertaba en su trabajo dentro de la gélida burbuja azul. Pensó en los cincuenta millones de víctimas del ataque nuclear táctico, y en los pocos que, como él, habían tenido la suerte de ser clonados para poder contribuir a la retaliación. Pensó en su mujer y su hija, a quienes nunca había conocido fuera de los esfuerzos que había hecho para reimprimirlas en su memoria. La furia crecía en su interior, así como el ansia por causarles a sus verdugos siquiera una fracción del dolor que ellos habían provocado.

Casi no sintió el temblor. El láser infrarrojo dejó de funcionar y, cuando se volvió para ver qué había sucedido, vio la grieta en el hielo que se había llevado su mochila junto con el RTG. El hielo terminó de desmoronarse encima, enterrando cualquier esperanza de recuperarlos.

– ¡Mierda! –dijo en voz alta dirigiéndose al universo.

Sabía que estaba condenado. Sin la energía del RTG, le quedaba algo menos de dos horas antes de que se terminaran las baterías del traje y el frío del glaciar se ocupara de él. Moriría congelado, con tan poco dolor como escasa gloria. Mientras meditaba si informar a la base de su fracaso aún corriendo riesgo de ser interceptado, la radio del traje se activó por si sola.

– Hola mayor Jensen –dijo una voz– no se mueva y mantengase de pie para minimizar la pérdida de calor. Llegaré hasta usted en unos veinte minutos.

– ¡Hijo de puta! –dijo Jensen– ese temblor no fue natural.

– Oh, no, no lo fue –rió el desconocido– fue el mismo tipo de sabotaje que pensabas infringirnos. Hemos estado al tanto de tu misión desde el principio, te sorprenderías de cuanto sabemos sobre ti. ¡Tenemos tanto de qué hablar!

– Maldito cerdo comunista, no podrás sonsacarme nada, antes yo... –Jensen se dispuso a desconectar su traje, lo que le provicaria una muerte casi inmediata, cuando lo voz lo interrumpió.

– No seas tonto, si te suicidas por congelamiento o asfixia, simplemente te reviviremos. Y créeme que te interesa lo que tenemos para decirte. Por ejemplo, empecemos por tu mujer y tu hija...

– ¿Qué vas a decirme que no sepa? –a través de la cortina azul de la masa de hielo, Jensen ya podía ver las luces de su interlocutor acercándose– Murieron en el ataque nuclear táctico en el que ustedes, malditos genocidas, mataron a dos millones sólo en Hawaii...

– Oh Jensen... –la voz sonó más sería– tu familia no murió en un ataque nuclear táctico, no sólo porque no hubo ninguno, sino porque nunca tuviste tal familia. La vida del mayor Philip Jensen que te contaron es una enorme mentira, hecha para generar en tu mente las condiciones perfectas para manipularte. Tu país nunca fue atacado, simplemente fue víctima de sus propias contradicciones, eligiendo un régimen fascista que le hizo perder la carrera espacial y hundirse en la decadencia. El Philip Jensen original no fue un mayor de la fuerza espacial muerto en un bombardeo nuclear, sino un activo militante independentista hawaiano asesinado por tu gobierno. Y estaba casado, sí, con una mujer del pueblo originario de las islas, pero no tenía hijos. Las dos bellezas rubias por las que haces duelo jamás existieron.

– Comunista de mierda, si piensas que voy a creerme por un minuto esas mentiras...

– Piénsalo Jensen –lo interrumpió la voz– despiertas en una base militar donde te explican que eres un clon de alguien cuya historia no puedes reconstruir por ti mismo, porque convenientemente todo ha sido destruido y el lugar es inhabitable. Desde que empiezas a pensar por ti mismo solo quieres vengarte, y las mismas personas que te contaron tu supuesta historia te dicen dónde y cómo hacerlo y te proveen los medios, –el brillo en el hielo ahora se veía muy cercano a su derecha– ahora quédate quieto que voy a fundir el último metro de hielo.

Jensen se disponía a saltar sobre su captor en cuanto lo tuviera al alcance. Si iba a morir nuevamente, al menos esta vez quería llevarse algún maldito chino con él. La voz continuó hablando:

– Eres inteligente y ágil, pero muy emocional, y desde que despertaste no te han permitido desarrollar tu sentido crítico. Eso te hace extremadamente controlable. Por eso te han usado... –la voz hizo una pausa, y luego continuó– tantas veces...

El hielo desapareció, y Jensen tensó sus músculos para atacar a la figura que tomaba forma entre el vapor enfrente de él. Pero no pudo hacerlo.

A través de una máscara empañada, el rostro que lo miraba era el suyo propio.

#Cuento #DelitoLiterario

Azul


Desde la cima de la pared norte la vista podía abarcar todo el perímetro del cráter. Ajustando su máscara facial para que reprodujera el efecto de unos binoculares, Jensen recorrió la franja de paneles solares que los chinos habían dispuesto rodeando la formación, desde el borde opuesto del cráter en el que estaba la entrada a su base, hasta justo debajo de donde él se encontraba ahora. Pensó que sería muy fácil llegar hasta ellos moviéndose alrededor del foso bajo los paneles. Pero por alguna razón que nadie se molestó en explicarle, el comando superior de la US Space Force había dispuesto otra ruta. Miró resignado hacia el fondo del cráter. En la oscuridad eterna donde jamás daba el sol, se ocultaba la razón por laque lo habían enviado allí. El glaciar, un enorme témpano de hielo de un kilómetro de ancho y cien metros de alto. Una riqueza invaluable en la inclemente sequedad lunar.

Jensen se cargó a la espalda la pesada mochila y descendió agachado siguiendo una grieta de poco más de un metro de profundidad, hasta encontrarse lo bastante cerca del anillo de paneles solares. En una maniobra precisa que explicaba por qué lo habían elegido a él para la tarea, recorrió de un solo salto la distancia que lo separaba del panel más cercano, aterrizando en cuclillas debajo del mismo. Se volvió para confirmar que no hubieran quedado rastros sobre el regolito. Las huellas en la Luna duraban millones de años, pero incluso si sólo fueran unas horas ya sería suficiente para que los chinos lo descubrieran. Al verificar que el salto había sido perfecto, siguió su camino a cuatro patas bajo los paneles, hacia el borde interior de la estructura.

Su misión era cavar un túnel bajo el glaciar que lo llevara hasta la base china del otro lado del cráter. Una vez allí, colocaría un dispositivo en el risco, justo debajo del asentamiento. Le habían explicado que no se trataba de un explosivo, porque los Estados Unidos no podían permitirse reanudar las hostilidades con China luego del ataque nuclear táctico que había inhabilitado los puertos del pacífico. Era un láser muy potente que vaporizaría el regolito, cavando un túnel de unos pocos centímetros de diámetro hasta llegar a un depósito de hielo treinta metros debajo de la base. Al fundirse el hielo, un breve sismo afectaría a la colonia causando una pequeña catástrofe. La intervención "humanitaria" de las tropas americanas llegaría mucho antes que la ayuda china, dejándoles con el control del asentamiento, y de su valioso recurso congelado.

Tres perfectos saltos, pisando rocas sólidas sobre las que no quedaban huellas, lo llevaron desde el borde interior del anillo de paneles solares hasta la zona eternamente oscura en el interior del cráter. Al hallarse tan cerca del polo sur lunar, el sol estaba siempre muy bajo sobre el horizonte, por lo que la sombra de la pared del cráter sumía el interior en tinieblas permanentes. Caminó sin prisa sobre el suelo, que se hallaba a 270 grados bajo cerro, hasta llegar a la enorme masa del glaciar. Tanteando en la oscuridad, puso en marcha el reactor nuclear portátil RTG que llevaba en su mochila. La radiación del aparato sin duda le mataría, pero no le importaba, ya había muerto una vez antes, cuando los chinos vaporizaron Hawaii. Junto con su mujer y su hija, de las cuales no había registro genético que hiciera posible clonarlas como hbaian hecho con él.

– Malditos asesinos amarillos– murmuró entre dientes.

Todo lo que sabía sobre su vida se lo habían contado en la base de la US Navy, donde había pasado su rehabilitación y reentrenamiento. Había despertado con la amnesia más perfecta posible, la de un cerebro clonado completamente nuevo, que jamás había vivido experiencia alguna. Le explicaron que su personalidad sería básicamente la misma que la del Jensen muerto, pero que debía reconstruir sus memorias estudiando todos los detalles posibles de su vida. Fotos, vídeos, notas y correos, publicaciones en redes sociales, cartas, le habían dejado ver una felicidad que ahora estaba perdida para siempre. Sólo le quedaba la venganza, y pensaba satisfacerla aunque para eso tuviera que morir otra vez.

Conectó al RTG el láser infrarrojo, y lo apuntó justo donde la pared de hielo que tenía delante tocaba el suelo lunar. Un agujero de medio metro de diámetro comenzó a crecer a medida que el hielo se transformaba en vapor. En pocos minutos había hecho un túnel de unos tres metros de profundidad. Se metió reptando en su interior, con el láser por delante y arrastrando a sus pies con una soga la pesada mochila. Avanzó sin pausa, consciente de que el vapor que generaba el láser a sublimarse detrás de él cerrando el túnel, y que el hielo lo atraparía si se detenía por demasiado tiempo. Cuando hubo avanzado unos 200 metros, se volvió sobre su espalda y disparó el láser hacia arriba, para cavar una cámara en el hielo lo bastante grande como para ponerse de pié. Se permitió encender una débil luz para ver a su alrededor. Azul, tan profundo e infinito como el tiempo, tan frío e inconmobible como su soledad de muerto resucitado que había perdido todo lo que amaba.

Avanzó a través del hielo durante varias horas, vaporizando la pared delante de sí y dejando que el vapor volviera a congelarse detrás. El tiempo transcurría sin marcas mientras él se concertaba en su trabajo dentro de la gélida burbuja azul. Pensó en los cincuenta millones de víctimas del ataque nuclear táctico, y en los pocos que, como él, habían tenido la suerte de ser clonados para poder contribuir a la retaliación. Pensó en su mujer y su hija, a quienes nunca había conocido fuera de los esfuerzos que había hecho para reimprimirlas en su memoria. La furia crecía en su interior, así como el ansia por causarles a sus verdugos siquiera una fracción del dolor que ellos habían provocado.

Casi no sintió el temblor. El láser infrarrojo dejó de funcionar y, cuando se volvió para ver qué había sucedido, vio la grieta en el hielo que se había llevado su mochila junto con el RTG. El hielo terminó de desmoronarse encima, enterrando cualquier esperanza de recuperarlos.

– ¡Mierda! –dijo en voz alta dirigiéndose al universo.

Sabía que estaba condenado. Sin la energía del RTG, le quedaba algo menos de dos horas antes de que se terminaran las baterías del traje y el frío del glaciar se ocupara de él. Moriría congelado, con tan poco dolor como escasa gloria. Mientras meditaba si informar a la base de su fracaso aún corriendo riesgo de ser interceptado, la radio del traje se activó por si sola.

– Hola mayor Jensen –dijo una voz– no se mueva y mantengase de pie para minimizar la pérdida de calor. Llegaré hasta usted en unos veinte minutos.

– ¡Hijo de puta! –dijo Jensen– ese temblor no fue natural.

– Oh, no, no lo fue –rió el desconocido– fue el mismo tipo de sabotaje que pensabas infringirnos. Hemos estado al tanto de tu misión desde el principio, te sorprenderías de cuanto sabemos sobre ti. ¡Tenemos tanto de qué hablar!

– Maldito cerdo comunista, no podrás sonsacarme nada, antes yo... –Jensen se dispuso a desconectar su traje, lo que le provicaria una muerte casi inmediata, cuando lo voz lo interrumpió.

– No seas tonto, si te suicidas por congelamiento o asfixia, simplemente te reviviremos. Y créeme que te interesa lo que tenemos para decirte. Por ejemplo, empecemos por tu mujer y tu hija...

– ¿Qué vas a decirme que no sepa? –a través de la cortina azul de la masa de hielo, Jensen ya podía ver las luces de su interlocutor acercándose– Murieron en el ataque nuclear táctico en el que ustedes, malditos genocidas, mataron a dos millones sólo en Hawaii...

– Oh Jensen... –la voz sonó más sería– tu familia no murió en un ataque nuclear táctico, no sólo porque no hubo ninguno, sino porque nunca tuviste tal familia. La vida del mayor Philip Jensen que te contaron es una enorme mentira, hecha para generar en tu mente las condiciones perfectas para manipularte. Tu país nunca fue atacado, simplemente fue víctima de sus propias contradicciones, eligiendo un régimen fascista que le hizo perder la carrera espacial y hundirse en la decadencia. El Philip Jensen original no fue un mayor de la fuerza espacial muerto en un bombardeo nuclear, sino un activo militante independentista hawaiano asesinado por tu gobierno. Y estaba casado, sí, con una mujer del pueblo originario de las islas, pero no tenía hijos. Las dos bellezas rubias por las que haces duelo jamás existieron.

– Comunista de mierda, si piensas que voy a creerme por un minuto esas mentiras...

– Piénsalo Jensen –lo interrumpió la voz– despiertas en una base militar donde te explican que eres un clon de alguien cuya historia no puedes reconstruir por ti mismo, porque convenientemente todo ha sido destruido y el lugar es inhabitable. Desde que empiezas a pensar por ti mismo solo quieres vengarte, y las mismas personas que te contaron tu supuesta historia te dicen dónde y cómo hacerlo y te proveen los medios, –el brillo en el hielo ahora se veía muy cercano a su derecha– ahora quédate quieto que voy a fundir el último metro de hielo.

Jensen se disponía a saltar sobre su captor en cuanto lo tuviera al alcance. Si iba a morir nuevamente, al menos esta vez quería llevarse algún maldito chino con él. La voz continuó hablando:

– Eres inteligente y ágil, pero muy emocional, y desde que despertaste no te han permitido desarrollar tu sentido crítico. Eso te hace extremadamente controlable. Por eso te han usado... –la voz hizo una pausa, y luego continuó– tantas veces...

El hielo desapareció, y Jensen tensó sus músculos para atacar a la figura que tomaba forma entre el vapor enfrente de él. Pero no pudo hacerlo.

A través de una máscara empañada, el rostro que lo miraba era el suyo propio.

#Cuento #DelitoLiterario

Nuestras fantasías acerca de algún tipo de orden moral del Universo chocan con el hecho innegable de que la vida genera todos los días injusticias inaceptables para cualquier ética equilibrada.

Quisiéramos creer que cada dolor que nos toca sufrir tiene una mala acción que lo precede, de nuestra parte o bien de la de algún "culpable" a quien podemos entonces responsabilizar de nuestros padecimientos.

Nos sucede algo horrible y creemos que, o bien somos víctimas de alguna falta de los demás, o bien pagamos nuestras deudas por haberle fallado a algún orden universal y trascendente.

Pero la simple verdad es que los hechos objetivos, fríos, y crudos, nos muestran que no hay ninguna correlación. Personas horribles que violan cualquier código tienen vidas plenas, mientras que seres hermosos que sólo hacen el bien sufren padecimientos, dolor y muerte.

Al universo le importa una mierda nuestra intuición de lo que es justo y lo que no...

¿Y qué hacer entonces?

Yo no lo sé, sólo trabajo aquí.

Tal vez dejar de mentirnos al respecto. Tal vez mentirnos sabiendo que lo hacemos. Tal vez abrazar la mentira y creer en ella. Tal vez sólo sufrir...

O tal vez creer con el alma en nuestra propia idea del bien y el mal, y desafiar al Universo con todas nuestras fuerzas cada vez que se niega a obedecerla. Si nos va a derrotar un maldito molino de viento, al menos que sea mientras combatimos a un gigante.

#Ensayo #DelitoLiterario