#reflexion
El funeral de nuestra vida privada
Hace años, si alguien te seguía por la calle para ver qué comprabas o con quién hablabas, llamabas a la policía. Hoy, dejamos que cientos de empresas lo hagan desde nuestro bolsillo y hasta les damos las gracias. La privacidad no murió de un día para otro, la entregamos nosotros mismos a cambio de "comodidad" y un par de aplicaciones gratis. Cada vez que aceptas esos términos y condiciones que nadie lee, le estás dando las llaves de tu casa a un algoritmo que te conoce mejor que tu propia madre.
Ese algoritmo no es una mente maestra malvada, es simplemente un programa que vive de tus clics. Sabe cuándo estás triste y te ofrece comida grasosa, sabe cuándo te sientes solo y te muestra fotos de personas que nunca vas a conocer. Lo más aterrador no es que nos espíen, sino que ya a muchos no les importa. Nos acostumbramos a que Internet nos diga qué pensar, qué comprar y hasta qué sentir. Perdimos el misterio de la vida porque ahora todo está registrado, etiquetado y listo para ser vendido al mejor postor en una subasta digital que nunca termina.
Somos prisioneros voluntarios en una celda de cristal. Creemos que somos libres porque podemos elegir qué video ver a continuación, pero no nos damos cuenta de que las opciones ya fueron filtradas para nosotros. Estamos viviendo en una era donde el secreto es un lujo que ya casi nadie puede pagar. Quizá el primer paso para recuperar un poco de humanidad sea apagar la pantalla, salir a la calle y hacer algo de lo que nadie, absolutamente nadie, se entere.
S.P. Filósofa Urbana
#Privacidad #Algoritmo #SociedadDigital