@jvrlag

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Necesito un criterio para determinar cuándo una discusión política es de buena fe y merece la pena exponer argumentos, y cuándo es una discusión hipócrita que sólo encubre intereses, y por tanto sólo cabe largarse o dar un corte.
@Disonante Evidentemente.

Relativismo por debilidad.

Cuando el nacional-catolicismo era hegemónico imponía su doctrina a través del Estado sin complejos.

Ahora que no lo es se refugia en un relativismo por debilidad, exigiendo tolerancia.

HIPOCRESÍA.

@EmONo jajajaja, tiene a quién salir!!!
Toca que regrese la Marea Verde.
Los padres no pueden elegir si se vacuna o no. No pueden elegir que su hijo coma hierba. No pueden elegir que no estudie matemáticas o que no haga educación física.

Jamás olvidar: el derecho de alguien es el deber de otra persona.

Los derechos limitan naturalmente entre sí. El "derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos" limita con el "derecho de los hijos a una educación satisfactoria".

En otras palabras: los padres tienen derecho a elegir en el ámbito educativo cuestiones menores o estéticas, pero no esenciales. Para ser padre no hace falta aprobar ninguna oposición, hasta donde yo sé.

En cambio, si entendemos la relación de pertenencia como no-absoluta, como caracterizada por derechos y deberes, nos será fácil entender que la "pertenencia" puede ser compartida.

En el caso de los niños/as, es más correcto hablar de responsabilidad, porque da muchos más deberes que derechos.

Al parecer, el tema de debate del día es si los niños/as pertenecen a los padres o al Estado.

Quizá el problema es que no entendemos el significado de la palabra "pertenecer".

El capitalismo ha hecho prevalecer una noción de pertenencia absoluta, que da derechos pero no deberes. Si soy el dueño de "Las Meninas", ¿puedo quemarlo? Podemos llamar a este concepto "el gato es mío y me lo follo cuando quiero".

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La Batalla de Kursk da nombre a una serie de brutales choques armados que tuvieron lugar entre el mes de julio y de agosto de 1943 en la región. En ella, las ya recuperadas (aunque cansadas y gastadas) tropas de la Wehrmacht harían el último esfuerzo ofensivo en el frente del este, agrupando el grueso de sus fuerzas acorazadas y sus más modernas armas, pasando por las unidades más potentes y sus generales más prestigiosos; la operación recibió el nombre en clave de “Operación Zitadelle”.