El Estado inyectó entre 65.000 y 76.000 millones de euros en el sistema financiero español, según las cifras del Banco de España. Ha recuperado un 12%. Ese mismo año, el gobierno aprobó el mayor recorte de servicios sociales de la democracia: 10.000 millones menos en sanidad y educación.
Rajoy lo justificó con cinco palabras que se convirtieron en el mantra de toda una década: «No hay dinero para los servicios públicos».
Japón funciona con una deuda del 226.8 % del PIB. Alemania, que se presenta como el modelo de disciplina, es la excepción con su 66 % — no la norma. España, el país que supuestamente «vivió por encima de sus posibilidades», tenía en 2007 una deuda del 35,7% del PIB. Una de las más bajas de Europa.
Conviene repetirlo: 35,7%.
Lo que ocurrió entre 2008 y 2014 no fue un ajuste inevitable ante una crisis. Fue, como lo describe el politólogo Mark Blyth, un bait and switch: una crisis financiera privada rebautizada como crisis de deuda soberana como crisis de deuda soberana, y los responsables de generarla salieron indemnes mientras la factura se trasladaba al contribuyente., escribió en Austerity: The History of a Dangerous Idea.
La secuencia merece contarse paso a paso, porque cuando se ve completa cuesta creer que alguien la aceptara como inevitable.
https://romperelhechizo.substack.com/p/mito-austeridad-rescate