Aunque ya no me extraña, la noticia de que en Florida ha levantado la obligatoriedad de la vacunación infantil me ha dejado tremendamente preocupado.
Como leía a alguien por aquí : "el mayor problema de las vacunas es que funcionan tan bien que hay varias generaciones que ya no recuerdan lo terribles que son algunas enfermedades".
En mi primer trabajo mi jefe era una persona que de niño había pasado la poliomelitis. La enfermedad le había dejado graves consecuencias físicas: le afectó al crecimiento, le dejó cicatrices en el cuerpo y en la cabeza (con zonas donde nunca le salió pelo), quistes en varios órganos —entre ellos el cerebro— y una pierna con la musculatura tan endeble que más que usarla tenía que cargarla.
Es un campeón que tuvo que sobreponerse a una niñez terrible y que, pese a sus limitaciones de movimiento y sus otras enfermedades derivadas, terminó dos carreras, tuvo tres hijos y fue (es, porque uno nunca debería dejar de serlo) sindicalista, escritor, filósofo y poeta. Una gran persona.
España empezó a vacunar a los niños contra la polio en el año 1963, solo unos pocos años después de que él la contrajera y le cambiar la vida para siempre. Yo, que lo conocí en las dificultades del día a día para hacer cualquier cosa que para la mayoría es trivial, siempre pienso qué vida tan distinta podría haber tenido con una simple vacuna.