La trampa del menos malo: ¿por qué elegimos nuestro propio veneno?
Hay una frase que se repite en cada elección y en cualquier esquina del mundo: "Hay que votar por el menos malo". Nos hemos acostumbrado tanto a esta idea que ya nos parece normal, pero si lo piensas despacio, es una total locura. Es como ir a un restaurante, ver que en el menú solo hay comida podrida y elegir el plato que huele un poquito menos peor, en lugar de exigir que limpien la cocina. ¿Por qué hacemos esto con el destino de nuestros países?
La respuesta no es que la gente sea tonta, sino que el sistema electoral está perfectamente diseñado para asustarnos. La política moderna ya no se trata de convencerte con proyectos brillantes, se trata de sembrarte miedo. Los candidatos gastan millones de dólares para convencerte de que su rival es un monstruo que va a destruir tu empleo, tu familia y tu seguridad. Entonces, atrapado por el pánico, vas a las urnas y no votas a favor de alguien, votas en contra del que te da más miedo. Tu voto deja de ser una esperanza y se convierte en un escudo de defensa.
A esto se le suma el famoso chantaje del voto útil. Te meten en la cabeza que votar por una opción diferente, por alguien que de verdad te gusta pero es independiente o de un partido pequeño, es tirar tu voto a la basura. Nos obligan a participar en un juego de dos bandos donde, elijas lo que elijas, el ciudadano promedio siempre pierde. Elegir al menos malo sigue siendo elegir el mal. El día que entendamos que la democracia debería ser para exigir lo mejor y no para conformarnos con la mediocridad, ese día los políticos van a empezar a preocuparse de verdad.
— S.P. Filósofa Urbana
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