Lo que ocurre en tu cerebro no es la causa de tus problemas

Transcripción del post de conducteam

https://autodefesasanitaria.substack.com/p/lo-que-ocurre-en-tu-cerebro-no-es

EL ORIGEN DE LA MAYOR ESTAFA PUBLICITARIA DE LA HISTORIA
Poniéndonos en contexto, durante la década de los 70, en EEUU la Psiquiatría tenía una validación social nula (era la profesión que ejercían los “médicos fracasados”). La solución propuesta para no desaparecer fue medicalizar la Psiquiatría, es decir, comenzar a sostener la idea no demostrada de que “el origen de cualquier problema de comportamiento radica en una condición médica”.

Con la llegada de la medicalización, la represión y neurosis freudianas del DSM-II se hicieron a un lado, para dar paso a la novedosa neurociencia del DSM-III (1980), cuyas bases médicas, por desgracia, han permanecido hasta las ediciones más actuales del DSM.

Así pues, durante los posteriores 15 años hasta llegada del DSM-IV en 1994, existió una enorme necesidad de añadir a los argumentos de la medicalización, alguna “impresionante teoría” que asegurara que este punto de vista no muriera con el paso de los años. Aquí nace el injustificable argumento del “desequilibrio neuroquímico”.

De forma resumida, el “desequilibrio neuroquímico” plantea que determinadas alteraciones bioquímicas en los neurotransmisores de nuestro cerebro como la dopamina, serotonina o noradrenalina (entre otros) causan los “problemas mentales”.

La nueva estrategia publicitaria de la Psiquiatría básicamente se centraba en encontrar correlatos y causas neurológicas y cerebrales en cualquier conducta, sobre todo en aquellas que hacemos de forma privada, como percibir, pensar o emocionarnos.

EL DESEQUILIBRIO NEUROQUÍMICO NO CAUSA TUS PROBLEMAS
Al contrario de lo que se cree popularmente, la Psiquiatría no ha estado toda su existencia asociada a la neurociencia, además de que su estrecha relación es fruto de la necesidad y supervivencia por no desaparecer como disciplina. Tan simple como que, la generación de psiquiatras que tomó aquellas decisiones. prefirió abrazar la causalidad biológica mecanicista, que perder su trabajo.

Así pues, en primer lugar, es necesario mencionar que la neurociencia no es tan simple, ya que aquellos biomarcadores que se buscan con tanta fe, actualmente siguen siendo eso, una “cuestión de fe”, porque aún no se han encontrado por ningún sitio después de tantos años.

En segundo lugar, la investigación científica no ha podido demostrar firmemente aún la idea de “trastorno mental” como un desequilibrio químico. Pueden encontrarse niveles altos o bajos de cualquier neurotransmisor en el cerebro, pero no está claro si es una causa, un resultado o una correlación.

Necesitaríamos más experimentos que pudieran dar lugar a más resultados alternativos, y que descartaran una o más posibles hipótesis alternativas planteadas. Necesitamos un “resultado limpio”, algo indiscutible en todas las personas etiquetadas con un determinado “trastorno mental”, y no acumulación absurda de muchos estudios (si tuviéramos un estudio definitivo, no haría falta una acumulación de investigaciones).

“Cualquier cosa que hacemos tiene consecuencias en el cerebro, ya que el hecho de que existan diferencias entre cerebros humanos, no significa que hayamos encontrado una explicación definitiva y científica a las diferencias de comportamiento entre personas

LOS PROBLEMAS DE LA HIPÓTESIS DOPAMINÉRGICA
La hipótesis dopaminérgica, entre otras propuestas que también hacen referencia a desequilibrios químicos de dopamina, serotonina, noradrenalina, o una mezcla de todas, han sido los principales argumentos para intentar respaldar “científicamente” la importancia del modelo médico en Psicología.

Sin embargo, el origen de la hipótesis dopaminérgica no es el que todo el mundo piensa. El experimento clave de su popularidad fue llevado a cabo por Carlson y Lindqvist en 1963 y, aunque encontraron que determinados fármacos neurolépticos aumentaban la producción y degradación de dopamina, no demostró la existencia de la “esquizofrenia”, ni mucho menos una relación de esta con un exceso de dopamina en el cerebro.

A pesar de ello, para finales de la década de 1970, la hipótesis dopaminérgica era la principal teoría biológica para la “esquizofrenia”, aunque la mayoría de los esfuerzos para validarla empíricamente han fallado.

No importó que, desde sus inicios, la hipótesis dopaminérgica fuera muy abstracta e inespecífica, ya que ha conseguido persistir en el tiempo al tratarse de un planteamiento muy difícil de falsar.

Tal y como diría Popper, esta hipótesis tiene un bajo grado de falsabilidad, ya que si una predicción biológica no se confirmaba, otra fácilmente ocupaba su lugar.

Por otro lado, bien podría haber dicho Kuhn al respecto, que esta hipótesis persiste porque nunca se desarrolló una teoría alternativa lo suficientemente prominente, y más exitosa.

Se trata de un programa de investigación degenerativo que solo puede describir la anomalía individual, pero no da cuenta de nuevos hechos, tal y como diría Lakatos.

Añadido a esto último, el argumento de la hipótesis dopaminérgica es lógicamente erróneo, ya que la medicina puede aportar muchos ejemplos en los que, el mecanismo de acción de un fármaco terapéutico, está muy alejado de la causa de la enfermedad. Por ejemplo, los medicamentos antiinflamatorios reducen síntomas de una gran variedad de patologías, pero actúan sobre afecciones muy alejadas de las causas directas de la patología.

Lo que queda claro es que, la “hipótesis de un neurotransmisor para una enfermedad” se ha convertido en un concepto de marketing perfecto para las compañías farmacéuticas. Aunque, al margen de los conflictos de interés que existan, nadie ha encontrado nada concluyentemente anormal sobre la dopamina, o cualquier neurotransmisor, en el cerebro de aquellas personas etiquetadas con algún “trastorno mental”.

PRINCIPALES MOTIVOS PARA APOYAR EL ARGUMENTO DEL DESEQUILIBRIO QUÍMICO
1. Obtener los beneficios sociales de relacionar tu trabajo y tus opiniones con la medicina.

Que otras personas asocien tu visión de la psicología con la medicina, permite a muchos “profesionales” ser adjetivados como disciplinados, científicos y rigurosos en su trabajo.

2. Evadir responsabilidades. No existe

la necesidad de analizar ni explicar el comportamiento individual de nadie, porque de eso ya se encarga la etiqueta diagnóstica del DSM.

3. Justificar la “cronicidad de los trastornos mentales”. Si tienes pacientes crónicos que “nunca podrán curarse”, tienes pacientes a los que cobrar dinero de por vida.

“A medida que empecé a ver las raíces estructurales y sistémicas de nuestro malestar, me alejé cada vez más del pensamiento de “nacer así”. Cuanto más priorizaba la construcción intencional de la comunidad y me reconectaba con mis raíces culturales, más imposible se volvía ver mi dolor como separado de las luchas de otras personas. Todo está interconectado y las etiquetas psiquiátricas simplemente no capturaban estas sutilezas en las que se basan las comunidades colectivistas.

Descolonizar también significa dejar de lado el bioesencialismo.

Tal vez no deberíamos asumir nada de las personas que tienen o no tienen una etiqueta neurodivergente. Tal vez alguien que se identifique como neurodivergente o NO te ayudará a entender mucho sobre ellos o evitará el proceso de conocerlos con cuidado, con el tiempo. Tal vez deberíamos permitir que las personas nos abran al mundo de nuevas formas.

Tal vez no deberíamos forzar de forma encubierta o abierta a las personas a recurrir a una herramienta colonial como el DSMV para descubrir “lo que tienen” o “quién son”. Tal vez no necesitemos clasificar excesivamente a las personas para hacerlas comprensibles. Veo la utilidad de encontrarnos a través de etiquetas abreviadas, pero es igualmente importante ser consciente de a quién estás excluyendo y qué te estás impidiendo aprender a través de una dependencia excesiva en estas etiquetas, especialmente si se presentan como categorías biológicas reales.

Si los términos bajo el paraguas de la neurodivergencia son importantes para ti, entonces no te estoy pidiendo que los abandones, ni los estoy enmarcando unilateralmente como “malos”. Te pido que vayas más allá de ellos, que seas consciente de cómo pueden ser utilizados para hacer daño y que reconozcas que hay otras formas para que las comunidades den sentido a su angustia sin estas etiquetas. Te pido que abraces la complejidad y crees espacio para ella. El resto del mundo no debería tener que hablar este lenguaje preciso. El lenguaje de la psiquiatría colonial nunca debería haber sido impuesto al sur global y no debería serlo hoy, incluyendo cualquier versión recuperada dentro del marco de la neurodiversidad.” Los diagnósticos psiquiátricos y el bioesencialismo no nos liberarán.

REFERENCIAS:
– Moncrieff, J., et al. (2022). The serotonin theory of depression: a systematic umbrella review of the evidence.

– Probst, B. (2015). Critical Thinking in Clinical Assessment and Diagnosis.

– Schildkraut, J. (2015). The Catecholamine Hypothesis of Affective Disorders: A Review of Supporting Evidence.

– El-Mallakh, R., & Jeannie Roberts, Y. (2011). Tardive dysphoria: The role of long term antidepressant use in-inducing chronic depression

– Whitaker, R. (2010). Anatomía de una epidemia.

– Deacon, B., & Baird, G. (2009). The Chemical Imbalance Explanation of Depression: Reducing Blame at What Cost?

– Kendler, K., & Schaffner, K. (2011). The Dopamine Hypothesis of Schizophrenia: An Historical and Philosophical Analysis

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