La verdad es que nos estamos volviendo unos tiquismiquis de manual.
Parece que ahora, si no sigues el carril marcado, si no cumples con el "check" de turno o si te sales un milímetro de lo que se supone que es políticamente correcto, ya estás bajo sospecha.
Nos han metido el miedo en el cuerpo con tanto protocolo y tanta etiqueta, que al final vivimos más pendientes de no meter la pata que de disfrutar el camino.

Es agobiante ver cómo todo se ha vuelto tan cuadriculado.
Que si tienes que comer así, que si tienes que pensar asá, que si tu ocio tiene que ser "productivo"...
¡Menudo aburrimiento!
Al final, de tanto querer normalizarlo todo, lo que estamos haciendo es cargarnos la espontaneidad y esa chispa de improvisación que es la que de verdad te hace sentir vivo.

Parece que se nos ha olvidado que la vida va de mancharse, de equivocarse y de no tener todas las respuestas en un Excel.
Entre tanta norma y tanta mirada de reojo, nos estamos quedando sin aire.
A veces lo más revolucionario que puedes hacer es, simplemente, pasar de todo ese ruido y ser un poco "anormal" a tu manera.
Al fin y al cabo, los que siempre siguen la norma son los que terminan viviendo la vida de otros, no la suya.

¿No te da la sensación de que estamos perdiendo esa libertad de ser nosotros mismos por miedo a que nos pongan el sello de "fuera de lugar"?

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