"—Sí, y tendré en cuenta tu advertencia, amor mío. Pero debes ser consciente de que, a veces, la soledad es el único refugio que queda. Soledad... y silencio.
Vio como sus palabras la dejaron aturdida, y se arrepintió (...).
Silencio. Creo que comienzo a entenderte. ¿Deben los caídos presenciar para qué han muerto, ver que su sacrificio ha sido malgastado? ¿Es esto a lo que te refieres, a lo que siempre te refieres, cuando hablas de «sin testigos»?"
#malaz
"—No lo sé. Pero creo que he descubierto algo. Nos da silencio porque no se atreve a darnos nada más. Lo que vemos como frialdad e indiferencia es de hecho la compasión más profunda que puedas imaginar.
—¿Crees que eso es cierto?
—Escojo creerlo.
—Pues que así sea."
#malaz
Tengo que ver cómo continua todo esto, el silencio como compasión
#malaz
La traición va a ser por parte de Peccado, ¿verdad?
Lo pongo resaltando que este discurso va a justificar atrocidades:
"—Pero no somos iguales que otros. No somos un simple culto de guerra entre muchos. No buscamos la gloria, no en nuestro nombre al menos. No es la muerte de nuestros enemigos lo que nos alegra, lo que llena nuestras noches ebrias de bravuconería. Somos demasiado sombríos para estas cosas. No llevamos dentro el pavoneo ni el fanfarroneo. Guerra, mis hermanos, mis hermanas, es la única arma que nos queda.
»Para defender lo salvaje (...). Y el día de nuestra batalla, cuando nos alcemos libres sobre los cadáveres de nuestros compañeros humanos, cuando hayamos desatado una vez más lo salvaje sobre el mundo, bien, entonces yo me inclinaré ante los dioses. Y con humildad me haré a un lado. Ya que no es nuestra gloria la que buscamos. Nunca ha sido así. ¿Deberemos caer, pues, bajo nuestras espadas? No, ya que como he dicho antes, no existe nada parecido a una guerra final. Un día nos llamarán de nuevo, es la única certeza que necesitamos reconocer.
»¡Hermanos, hermanas! ¿Juráis lealtad a nuestros dioses?"
#malaz
"—Como sea escrito —dijo él en voz alta—, está por ver. Si redescubres tu
fe...
Ella enseñó los dientes.
—Si tú descubres tu humanidad, y encuentras el coraje (solo el Embozado sabe dónde) para ver la crisis que habita tu propia alma, entonces ven a mí. Hasta entonces, cabalgaré sola."
Pongo la canción de Vento Aureo en el momento en el que ya pueden ganar
https://youtu.be/U0TXIXTzJEY?t=221
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YouTube"—¿De dónde proviene la lealtad? ¿Qué causa su nacimiento? ¿Qué alza a una persona sobre otras, para que uno escoja seguirla, o seguirlo? ¿Se reduce a nuestra desesperación? ¿Es esa gigantesca ala de un cuervo que se cierne sobre nosotros? ¿Ansiamos el cobijo de la competencia, real o imaginada, cierta o ilusoria?
—En época de crisis, incluso el grupo más pequeño de gente buscarán entre los suyos a una persona. Cuando no disponemos de respuestas, buscamos a alguien que pueda albergarlas, y esa esperanza nace de las cualidades observadas: de un pensamiento claro, de sabiduría o de un gran coraje, todo lo que cada uno de nosotros querría reflejar.
Ella desvió la mirada hacia él, pero no dijo nada.
—Reflejar, ¿eh? —dijo la reina con un gruñido. Apuró de un trago el vino—. ¿Es esta reina un espejo? ¿Es eso todo lo que soy? ¿Es eso todo lo que tú eres, caudillo? ¿Un espejo para tu gente?
—En muchos sentidos, sí. Pero al mirar en ese espejo que han escogido buscan, creo, ver reflejado solo lo que quieren ver.
—Señor —murmuró ella dirigiéndose a Spax—, propone una posición insostenible, para todo el que deba asumir el mando, para todo el que deba liderar, desde la banda de guerreros más pequeña hasta el mayor imperio (...).
«Cuando pienso en lo salvaje, pienso en los nitales. Los humanos creemos ser la luz más brillante, y ante nosotros cualquier bestia viviente del mundo se queda paralizada. Él ha reavivado la rabia en mi gente, una rabia confundida con la culpa. Seremos asesinos que defenderán a los asesinados.
—Pero...
—¡Es un puto culto! —rugió ella, y después negó con la cabeza—. La ferocidad de las bestias nos inspiró... ¿tan sorprendente resulta?
—Mas tu fe debe tener dogmas —persistió él—, que piden a gritos retribución.
—Delirios, señor."
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"—Estábamos preocupados. Ciertas dudas habían comenzado a infectarnos, especialmente al destriant y a sus más altos senescales, aquellos que habían dedicado su vida a la filosofía de nuestra religión. Entrenamos para ser armas de guerra, como sabéis, pero empezamos a preguntarnos si el único gesto de humanidad era el de la violencia. El de la destrucción. Nos maravillamos ante la insuperable potencia de la venganza, de la retribución y del castigo merecido. —Tenía la mirada perdida—. ¿Es eso todo lo que tenemos? ¿No hay nada más que sea capaz de desafiar esas armas?"
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"—Entonces —aventuró la reina—, debes haber visto algo. En ella. En Tavore Paran...
Pero Krughava negó con la cabeza.
—Todo lo que sabía de ella... todo lo que sabía, bueno, llegó de las visiones de los senescales. El Dios Caído estaba herido. Sufría un gran dolor. Como una bestia, como cualquiera de nosotros, atacó a sus torturadores. En aquel punto fue más lobo que nosotros. O hubiera deseado serlo. Alteza, un cuchillo en su garganta sería piadoso, para tantos... debes entenderlo, tanto ha convergido ahora para alimentarse de su dolor, para beber el dulce veneno de su sangre enfebrecida. Más incluso, al presenciar su aprisionamiento y su agonía, se sintieron elevados... los hizo sentir poderosos, y ese poder solo entiende una moneda de cambio: la crueldad. Al fin y al cabo, ¿no ha sido esa siempre nuestra forma de actuar?
—¿Los sueños de los senescales, Krughava? ¿Qué ofrecían?
—Una alternativa. Una salida. En aquellos sueños había una mujer, una mortal, inmune a todas las magias, inmune a la seducción del sufrimiento eterno del Dios Caído. Y sostenía algo en su mano, era pequeño, sí, tanto que nuestros soñadores no fueron capaces de discernir de qué se trataba, mas no se lo quitaban de la cabeza... oh, ¡no se lo quitaban nunca de la cabeza!
—¿Qué sostenía? —preguntó Abrastal, inclinándose hacia delante—. Debes tener una idea.
—¿Una idea? Ay, tengo cientos, alteza. Lo que ella sostenía contenía el poder para liberar al Dios Caído. Tenía el poder de desafiar a los dioses de la guerra, y a cualquier otro dios. Era un poder para arrebatar la vida a la venganza, a la retribución, al castigo merecido. El poder para quemar la mismísima seducción del sufrimiento. —Su mirada titiló con la luz del farol —. ¿Te imaginas algo así?"
"—La mentira está en la fe, señor. La fe de que puede ganar, de que puede sobrevivir. Verás, es solo una mujer, una mortal, y su fortaleza no es mayor que la de nadie. Ha estado en la guerra, pienso ahora, toda su vida. ¿Es acaso sorprendente que ahora se tambalee?
Spax pensó en el pacto y negó con la cabeza.
—De algún lugar, Krughava, encuentra fortaleza. Lo vi, todos lo vimos, maldita seas...
—Me rechazó.
Abrastal resopló.
—¿Te sientes despreciada? ¿De ahí viene todo esto?
—Alteza. —Krughava endureció el tono—. Desde el principio me vi a mí misma como un reflejo de su fe. Iba a ser su aliada inquebrantable, leal a ella y solo a ella, sin importar a dónde nos condujera eso. Y supe que nos entendíamos la una a la otra. Y que la necesitaba tanto, y a lo que tenía dentro, como ella me necesitaba a mí. ¿Eres capaz de comprenderlo? Yo era la fuente de su fortaleza. Cuando su fe flaqueaba le bastaba con mirarme. —Krughava se llevó las manos a la cara, cubriéndose los ojos, y muy despacio se inclinó hacia delante. Con la voz amortiguada, dijo—: Me rechazó.
Spax miró a Abrastal y se encontró con los ojos fijos de la reina. El caudillo gilk asintió despacio.
—Me dejas en una posición complicada —dijo Abrastal—. Krughava. Si te entiendo correctamente, supones que al negarte la consejera ha perdido en efecto su fe. Y aun así, ¿no es un tema sobre distribución? Dos objetivos, no uno, y por ello debemos dividir nuestras fuerzas. Y dada la naturaleza del Desierto de Cristal..."
"—Creo que tú —y las manos de Krughava cayeron al levantar la mirada hacia él— todavía tienes que familiarizarte con la tercera voz en esta discusión eterna.
—¿De quién hablas?
—Hablo de la desesperación, señor. Sí, forzará a su ejército y a ella a través del Desierto de Cristal, pero lo hace sin fe. La ha perdido, alejada...
Abrastal dijo:
—Por mucho que te hayas visto como el verdadero e inmutable reflejo de la fe de Tavore, creo que tu convicción en que Tavore te ve del mismo modo, en esos exactos términos, es cosa de la fe. Este lugar de desesperación en el que ahora te encuentras está construido en su totalidad por ti misma.
Krughava negó con la cabeza.
—La he visto debilitarse. He visto su luz desvanecerse del mundo. Y he visto su desesperación. Somos demasiado pocos. Estamos fracasando. Aquello que resplandece en su mano está muriendo.
—Dime su nombre —susurró Abrastal—. Este argumento tuyo. Nombras a un lado fe y al otro desesperación. Dime qué sostiene. Esta cosa que fracasa y muere.
Spax se giró hacia Abrastal, sorprendido.
—Pelofuego, ¿todavía no lo sabes? ¿Lo que se desvanece del mundo? Su nombre es compasión. Es lo que ella sostiene para el Dios Caído. Lo que sostiene para todos nosotros.
—Y no es suficiente —susurró Krughava—. Por los dioses del abismo, no es suficiente."
"Todavía una niña en realidad, una sumamente vieja, y solo un bastardo se atrevería a decir que había sido por una buena causa. Que hallar la fe solo podía venir del terrible sufrimiento. Que ese conocimiento nació de las cicatrices. Solo una cría, joder, despojada de adicciones nauseabundas, mas aquella mirada seguía allí, en los antiguos ojos. Conocimiento de sabores mortíferos, un reconocimiento de una misma, atrapado en cadenas de debilidad y deseo."
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"No había tenido un pensamiento homicida en semanas. Bueno, en días."
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"Solo un bastardo se atrevería a decir que había sido por una buena causa. Que hallar la fe solo podía venir del terrible sufrimiento. Ese conocimiento nació de las cicatrices. Solo un bastardo.
Se arrodilló.
Y como solo un soldado sabe hacer, lloró."
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Por fin, para esto había que rescatar a un sacerdote borracho de un bar para que hiciera infodump sobre los gusanos
¿Y Oloramuerto no puede abrir Omtose Phellack como antes para bajar la temperatura o para crear hielo del que sacar agua?
"—Posees un conocimiento oculto, adquirido quién sabe dónde. Y debido a que nadie sabe dónde, todos se inventan sus propias explicaciones.
—Pero en cada una de ellas, te arrodillas ante un dios. Y, bueno, ¿a qué soldado malazano no le huele a chamusquina el asunto? ¿Qué soldado malazano no conoce la historia de Dassem Ultor? El tributo a un dios por un comandante siempre se sirve con la sangre de aquellos que hay bajo su mando."
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"—Todos me servís a mí, ¿no es así? ¿Todos estáis a punto de arriesgar vuestras vidas por mí? Por favor, cualquiera de vosotros, decidme, ¿qué he hecho yo para merecerlo?
El tono de su pregunta dejó paso a un silencio de asombro.
Ella los miró uno a uno, y en sus ojos no había ira, ni rabia, ni indignación. En cambio, en su expresión ella vio algo desamparado. Confuso."
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"—¿Acaso no han sufrido todos y cada uno de los soldados en este ejército, en esta tienda? ¿No se han roto, al menos una vez? ¿No han llorado? ¿No se han lamentado?
—¡Mas no adoraremos eso! ¡No nos arrodillaremos ante tales hechos!
—Me alivia oírte decir eso."
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"—Mira a los ojos de ese dios y recapacita. Piensa en frío. Insensible. Convierte tus pensamientos en lo que sea necesario para no sentir ni un solo espasmo, ni un solo calambre. Míralo a los ojos antes de que decidas alejarte. ¿Lo harías?
—No puedo—contestó él, con la voz temblorosa—. Ya que él no está ante mí.
Y ella volvió a mirarlo a los ojos una vez más.
—¿Ah, no?"
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"—No le puedes pedir a los soldados que te abran el corazón. Si lo hacen nunca volverán a matar. —La miró a la cara—. ¿Cómo no es capaz de entenderlo? Tenemos que endurecernos... para todo lo que debemos hacer. Tenemos que ser más fuertes que nuestro enemigo. En cambio, ella quiere que nos ablandemos. Que sintamos. —Negó con la cabeza, y ella vio que temblaba, de furia o frustración."
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"—La política malazana implica coger a los más avezados y convertirlos en infantes de marina o en pesados. Los convictos, los indigentes y los reclutas forzosos, todos ellos acaban en los regulares. Faradan, ¿estás completamente segura de tus soldados? Sé honesta, nadie de los aquí presentes disfruta de los chismes.
Ella apartó la mirada, entornó los ojos.
—Lo único extraño sobre ellos que he notado, Tierno, es que no hablan mucho. De nada. Tienes que retorcer algunos brazos para forzar una opinión.—Se encogió de hombros—. Saben que son anónimos. Siempre lo han sido, la mayoría de ellos, mucho antes de acabar en el cuerpo militar. Esto... esto es más de lo mismo.
—Quizá no dicen nada al alcance de tu oído, Sort —murmuró Tierno—. Apuesto a que tienen mucho que decirse entre ellos, cuando no hay nadie cerca.
—No estoy tan segura de ello.
—¿Te has olvidado de cuando tú misma eras una soldado?
Ella se encogió de hombros, y dijo:
—No, Tierno, no me he olvidado. Pero soy capaz de estar a cincuenta pasos de una fogata, a la distancia suficiente como para ver las bocas moverse, para ver los gestos que acompañan una discusión... y no hay nada. Lo admito, es extraordinario, pero mis soldados parecen no tener nada que decir, ni siquiera entre ellos."
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"—. ¿No defendiste una vez eso de que tus soldados deben odiarte? Que hemos de ser su imán, y cuando nos vean soportarlo, cuando vean que nada de ello nos afecta, se fortalecerán. ¿O te malinterpreté?
—No, no lo hiciste. Pero ya no nos ven de ese modo, Sort. Ahora nos ven como aliados potenciales. Contra ella."
"—¿Qué quieres que diga? No quiere a sus soldados lloriqueando o sangrando por el suelo porque se han ablandado. Los quiere justo por todo lo opuesto. No solo duros. —Los miró a los tres—. Salvajes. Inmisericordes. Tozudos como acantilados contra el mar."
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"—Sigues sin entenderlo. Ninguno de vosotros. Escuchad. No nos atrevemos a mirar a los ojos de un dios que sufre. Pero, ella sí tiene el valor. Pedías más de ella, por los dioses del abismo, ¿qué más puede dar? Ella sentirá la compasión que ninguno de vosotros os permitís sentir. Tras ese frío hierro, ella sentirá lo que nosotros no somos capaces. —Dedicó una mirada inexpresiva a él—. Y tú pediste más."
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"—¿Tus regulares no dicen nada? Quédate tranquila, puño. Quizá al fin se han dado cuenta, a cierto nivel instintivo, lo que se les ha arrebatado. Lo que ella retiene dentro para custodiarlo. Lo mejor que tienen."
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Espera un momento, ¿cómo se pueden casar les soldados en medio de la nada? ¿Va a haber capítulo de boda antes de que la guerra dé comienzo?
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¿Corabb ha tenido la suerte de encontrar una espada de Hust en medio de la nada?
La carta del Piss Walker (el caminante de pis)
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"—A ver, fue Dassem Ultor quien detuvo todo el tema del saqueo...
—Era una conquista, no un asalto. Cuando ocupas una ciudad no es buena idea despojar y violar a los ciudadanos. Encolerízalos y antes de que te des cuenta la guarnición de soldados invasora comienza a aparecer asesinada en las patrullas nocturnas.
—Así que tampoco es que fuera una costumbre, aunque incluso así tenemos una oportunidad de hacernos ricos. Cada compañía tiene a su escriba y todo se reparte. Las armas y armaduras que se recogen. Caballos, todo eso. Ganar una batalla implica beneficios."
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"—Míranos. Somos un ejército que no piensa en el botín. ¿Por qué crees que él se burló de ella sobre cobrarle por su orín?
—Porque no tiene una sola moneda. Y está celoso.
—Es porque a nadie le importa la plata y el oro, o comprar una mierda de hacienda, o criar caballos o participar en intercambios comerciales marítimos. Seguro que somos el único ejército en el mundo al que le da igual.
Ella resopló.
—Un momento, zapador. No tienes en cuenta que cuando masacremos a quien sea y estemos ahí en el campo de caballa... ¿no crees que comenzaremos a cortar dedos y todo lo demás? ¿Que nos llevaremos collares y anillos y espadas en buen estado y lo que encontremos?
—No. No lo creo."
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"—No hay nada gracioso en todo esto. Pero se trata de él, ¿cierto? Ese tipo se reiría sobre el cuerpo moribundo de su hermana. —Negó con la cabeza—. No entiendo a la gente como él. Los que consiguen placer en la miseria, en la tortura, en todo eso. ¿Cómo reírse de todo eso? Solo lo haría una mente retorcida."
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"—No me hables de bandos en este asunto. No los hay. Solo hay gente. Personas de todo tipo, cada una ocupada con lo que pueden para seguir adelante.
—¿Y si lo que hacen hiere a otros? ¿Te martirizarías a ti misma? ¿También llorarías por ella, que se oculta día tras día entre sus brazos?
—Ah, ¿ves cómo te he azuzado? Tú y tu cruel dictamen. Mi marido en su necesidad. Ella en su debilidad. Son todos actos de egoísmo. Actos de negación.
—¿Cómo te atreves a decir algo así? ¡Repudio lo que te han hecho!
—¿Y sabe dulzón, eh? Escúchame. Yo también soy una viuda ahora. Y una madre que ha perdido a sus hijos. ¿Tengo necesidad de un abrazo? ¿De un momento de amor robado? ¿Debería sentir odio por ellos, por hallar lo que yo no he logrado?"
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"—Mejor. Mucho mejor. Ya lo verás, ella no merece tu odio. Ni esas miradas, ni esos susurros a su espalda. No, en vez de ello, para comportarnos con ella como verdaderas hermanas, debes ir a ella. Reconfortarla. Y cuando lo hayas hecho, cuando todas lo hayáis hecho, entonces iré yo y la tomaré entre mis brazos."
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"—No hay un solo caballo en todo el ancho mundo feliz de escoger a un jinete. Ni un solo animal con ganas de servir. Ni uno está agradecido por ser quebrado, su voluntad aplastada. ¿Son acaso diferentes de ti, o de mí?
—Pero los perros...
—Por el Señor de las Alas Negras, Henar, los perros se crían para ser esclavos de cuatro patas. ¿Has visto a un lobo sonreír? Créeme, no quieres. Jamás. Sonríen justo antes de abalanzarse a tu yugular. Los perros no importan. —Señaló con su bastón—. Esos animales son salvajes. Han vivido en la libertad más absoluta. Así que, ¿ves alguno que te guste?
—El moteado, a la izquierda, alejado del resto.
Su padre gruñó.
—Un joven semental. Todavía no tiene la fortaleza suficiente para competir con el resto. No está mal. Pero estoy... vaya, sorprendido. Incluso desde aquí un animal destaca. Destaca de verdad. Tienes edad suficiente, también has estado conmigo el tiempo suficiente. Creía que verías a la primera...
—Lo hice, padre.
—Entonces ¿de qué se trata? ¿Sientes que no mereces al mejor animal que hay ahí?
—No si implica romperlo.
Entonces su padre giró la cabeza y estalló en risotadas. Tan fuertes que asustó a la manada.
Al recordar aquel momento de su juventud, el enorme guerrero sonrió. ¿Recuerdas ese día, padre? Seguro que sí. Y si ahora me vieras. Si vieras a la mujer que camina junto a mí. Por ello casi escucho ese hermoso rugido de tus carcajadas.
Un día, padre, te la presentaré. A esta mujer salvaje, libre (...).
Te veré observarla de arriba abajo, te fijarás en su altura, su ágil seguridad en sí misma, el atrevimiento de su mirada. Y te preguntarás si me ha domado, no a la inversa, lo verás. No a la inversa. Mas entonces me mirarás a los ojos y tu mirada se ampliará.
Y echarás atrás esa cabeza esplendorosa. Y reirás a pleno pulmón.
Será el sonido más dulce del mundo. Será la voz del triunfo. Todos nosotros.
Padre, te echo de menos."
#malaz
"—Tuve una sirvienta en la finca del campo. Tetas como melones y enormes ojos...
—¿Qué?
—Mi padre es fatal con los nombres. Así que se inventaba descripciones memorables. En cualquier caso, ella solía contarme historias por la noche. Largas y tortuosas historias de héroes. Amores perdidos, amores conquistados. Solía hacer que los finales fueran agradables. Para que los sueños también lo fueran, ¿sabes?
—Justo lo que necesita un niño.
—Supongo. Pero aquellos cuentos no eran para mí. Eran para ella. Provenía de la costa, y había dejado atrás al hombre que amaba; esto era Lether y toda su comunidad estaba atrapada en un modo de vida que giraba en torno a los endeudados. Por eso vino a trabajar con nuestra familia. En cuanto al joven, bueno, lo enviaron al mar. —No dijo nada durante un rato en el que recordó—: Cada noche me contaba cómo quería que su vida cambiara, aunque por supuesto no me di cuenta de ello en aquel entonces. Pero lo cierto es que ella quería aquel final feliz. Necesitaba creer en ello. Para ella, para todos los demás (...).
—¿Estás intentando romperme el corazón?
Él negó con la cabeza.
—Mi padre cultivó el sistema tan bien como supo, y no le faltaba amabilidad para los endeudados. Un año antes de que yo me marchara para entrenar, tetas como melones y ojos enormes se casó con el hijo de uno de nuestros criadores de caballos. La última vez que la vi tenía la panza bien hinchada y esas tetas eran incluso más grandes.
—Entonces dio por vencido a su hombre del mar. Bueno, es posible que fuera sabio, supongo. Es parte de hacerse mayor.
—Pienso en ella de vez en cuando. Pero casi siempre la veo sentada en el borde de la cama, las manos mariposean y sus ojos se abren mucho, y en esa cama está su propio hijo. Un chico. Que soñará dulces sueños. Cuando se apaga la lámpara, cuando está de pie en el umbral de la puerta de su dormitorio, entonces es cuando las lágrimas caen por sus mejillas. Y recuerda a un joven junto a la orilla del mar."
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"—El romance es la negociación de posibilidades hacia el premio elusivo que llamamos amor. Ahí lo tienes, ¿ves? Me la juego a que creías que me iba a alargar eternamente, ¿no? Pero ya he terminado. He acabado de exponer mi argumento sobre el amor y el romance.
—A tu descripción le falta algo.
—Le falta todo. Todas esas confusiones y nubarrones, lo que enturbia es de hecho simple y estúpidamente elegante. O elegantemente estúpido, depende de tu actitud hacia el tema."
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Espera un momento, ¿Ballade puede invocar agua con su voz?
"El sufrimiento del Dios Tullido será terrible, todo el dolor y la angustia que ha sobrellevado hasta ahora no será más que un preludio. Se alimentarán de su agonía y lo harán durante muchísimo tiempo.
En tu agonía, Caído. Estás en la Baraja de los Dragones. Tu Casa está santificada. Si fracasamos, la decisión, esa decisión será tu mayor error. Te atrapará aquí. Hará que tu mandato sagrado sea el sufrimiento, oh, muchos acudirán a ti. A nadie le gusta sufrir aislado, y a nadie le gusta sufrir sin motivo. Responderás a ambos, y los convertirás en una enfermedad. De cuerpo, de espíritu. Incluso cuando la tortura de tu alma sigue sin cesar.
Nunca dije que me gustaras, Caído. Mas nunca dijiste que debía ser así. Ni yo, ni la consejera, ni ninguno de nosotros. Simplemente nos pediste hacer lo correcto. Respondimos que sí. Y está hecho. Pero ten en mente que somos mortales, y en esta guerra que está por venir, somos frágiles; de todos los participantes, somos los más vulnerables.
Quizá sea lo adecuado. Quizá la única posibilidad es que seamos nosotros quienes alcemos tu estandarte, Caído. Y los historiadores ignorantes escribirán sobre nosotros, disfrazados de sabios. Discutirán sobre nuestro propósito, de aquello que buscábamos conseguir. Voltearán cada roca, cada piedra tumularia, en busca de nuestros motivos. En busca de indicios de ambición.
Compondrán el Libro de los Caídos.
Y discutirán sobre su significado. Disfrazados de sabios, mas lo cierto es, ¿qué sabrán ellos de cada uno de nosotros? Desde esa distancia, desde esa fría y gélida lejanía, deberán entornar los ojos. Deberán forzar la vista.
Porque somos etéreos en la tierra.
Tan... etéreos."
"Mas los espacios se amplían, y los niños se aproximan al borde, para llenar lo que se ha perdido. Y las madres se dicen que será suficiente, debe ser suficiente.
Como yo te digo ahora, Caído, cualquier cosa que logremos tendrá que ser suficiente. Llevaremos este libro al fin, de uno u otro modo.
Y una cosa más. Algo de lo que me he dado cuenta hoy, cuando por casualidad eché un vistazo y la vi, allí de pie, instantes antes de hacer señas para comenzar la marcha. Desde el inicio hemos vivido la historia de la consejera. Primero era Lorn, allí en Darujhistan. Y ahora es Tavore Paran.
La consejera nunca está en el centro. Está a un lado. Siempre. La certeza de esto está justo ahí, en su título, el cual no cederá. Entonces ¿qué significa esto? Ah, Caído, quiere decir esto: ella hará lo que debe hacer, mas tu vida no está en sus manos.
Ahora lo veo.
Caído, tu vida está en las manos de un asesino de infantes de marina y pesados malazanos.
Tu vida está en mis manos.
Y muy pronto ella nos mandará de camino.
En ese Libro de los Caídos de Malaz, los historiadores plasmarán nuestro sufrimiento, y lo mencionarán como el sufrimiento de aquellos que sirvieron al Dios Tullido. Como algo... adecuado. Y debido a nuestro aparente fanatismo pasarán por alto todo lo que fuimos, y se centrarán solo en lo que conseguimos. O en lo que no logramos.
Y al hacer eso les pasará por alto el puto asunto central.
Caído, todos somos tus hijos."
¿Entonces quién va a escribir el libro de los caídos de
#malaz ?