41.
………………………………………….
La llama se apagó.
Eva gritó.
El cuaderno ardía sin quemarse.
Él cerró los ojos.
Cuando los abrió, estaba solo.
La sala era idéntica, pero más vieja.
Polvo.
Silencio.
En el suelo, una máquina oxidada:
“Insertar memoria.”
No tenía ninguna.
Solo un recuerdo de Eva.
Y un nombre que no era el suyo.
#Continuará
42.
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Insertó el nombre.
La máquina tembló.
En la pantalla apareció una imagen.
No era él.
Era su padre.
O alguien que lo había soñado.
La imagen habló:
—Has venido demasiado lejos.
—¿Dónde estoy?
—En la línea de error.
—¿Y tú quién eres?
—Soy el que falló antes que tú.
#Continuará
43.
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La imagen parpadeó.
Mostró guerras, incendios, cuerpos sin nombre.
Y luego, una mujer.
Eva.
Más joven.
—Ella también lo intentó.
—¿Sobrevivió?
—No del todo.
El hombre le tendió algo.
Un chip roto.
—Esto te devolverá lo que olvidaste.
Pero al insertarlo, puede que no seas tú.
#Continuará
44.
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Sostuvo el chip.
Era cálido.
Como si latiera.
Pensó en Eva.
Pensó en la frase del cuaderno.
“No te duermas otra vez.”
Cerró los ojos y lo insertó.
Dolor.
Fuego en la médula.
Un grito que no era suyo.
Y luego, silencio.
#Continuará
45.
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Despertó en un andén subterráneo.
Un tren sin puertas pasaba sin parar.
En el muro, una consigna:
“Recuerda el pasaje.”
En su bolsillo, un billete:
Destino: Lo que queda de ti.
Lo leyó en voz alta.
Una puerta se abrió.
Entró.
#Continuará
46.
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No había asientos.
Solo espejos.
En cada uno, una versión suya.
Niño.
Soldado.
Anciano.
Muerto.
Despertando.
—¿Cuál soy? —preguntó.
Una voz desde el altavoz:
—El que aún no ha elegido.
#Continuará
47.
…………………………………………..
El tren se detuvo.
Un agente subió.
No tenía rostro.
Solo una insignia con su nombre.
—Debes acompañarme.
—¿Estoy detenido?
—Estás a punto de nacer.
Lo tomó del brazo.
Bajaron a una estación sin nombre.
#Continuará
48.
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La estación era de mármol blanco.
Sin relojes.
Un solo cartel:
“Aquí se escriben los vivos.”
Un escritorio.
Una pluma.
Y una hoja en blanco.
—¿Qué debo hacer?
—Nombrarte.
—¿Y si me equivoco?
—Entonces repetirás la historia.
#Continuará
49.
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Tomó la pluma.
Temblaba.
Quiso escribir “yo”.
Pero no pudo.
Su mano escribió otro nombre.
Eva.
La hoja brilló.
La estación desapareció.
Estaba en la playa.
Desnudo.
Vivo.
Solo.
#Continuará
50.
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El mar le hablaba.
No con palabras, sino con latidos.
Al fondo, una figura se acercaba.
Lenta.
Eva.
O alguien que llevaba su rostro.
—¿Has escrito tu nombre?
—No.
—Entonces aún puedes ser libre.
#Continuará
51.
…………………………………………..
La figura de Eva no hablaba.
Solo caminaba hacia el agua.
Él la siguió.
Cada paso borraba sus huellas.
La marea retrocedía.
Un pez muerto flotaba a contraluz.
—¿Estoy soñando?
—No.
—¿Estoy vivo?
—Tampoco.
#Continuará
52.
…………………………………………..
Bajo las olas, había un umbral.
Una puerta sin pomo.
Eva lo tocó.
Se disolvió.
Él dudó.
Una voz interior dijo:
“El agua no ahoga. Solo recuerda.”
Entró.
Todo era azul.
Todo era él.
#Continuará
53.
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Nadó sin avanzar.
No había fondo ni arriba.
Su corazón latía a contratiempo.
Vio una figura:
un niño con su cara.
Sostenía un frasco.
Dentro, su voz.
—¿Quieres volver a hablar?
—Sí.
—Entonces escucha antes.
#Continuará
54.
…………………………………………..
El niño destapó el frasco.
Sonaron risas.
Llantos.
Un disparo.
Una despedida.
Un “te quiero” que no recordó decir.
Una firma en silencio.
El eco de su nombre tachado.
Y al final, un grito:
—¡Despierta!
#Continuará
55.
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Abrió los ojos.
Seguía en el agua.
Pero algo había cambiado.
Sentía su cuerpo reconstruirse.
Huesos que recordaban.
Piel que sabía.
No pensaba:
soñaba.
Y el sueño se escribía a sí mismo.
#Continuará
56.
…………………………………………..
Apareció una playa distinta.
No había sol.
Solo un cielo de palabras.
Cada nube, una frase perdida.
—¿Dónde estoy?
—En la costa de lo no dicho.
Eva hablaba desde dentro de él.
Ya no la veía.
La sentía.
#Continuará
57.
…………………………………………..
Una ola trajo un cuaderno.
Era el suyo.
Pero escrito en otra mano.
Las frases eran oraciones.
Las oraciones, recuerdos.
Las páginas, piel.
En la última línea:
“La materia también sueña.”
#Continuará
58.
…………………………………………..
Caminó por la arena.
Las pisadas dejaban palabras.
“Eva.”
“Error.”
“Vector.”
“Último intento.”
Cada paso contaba una vida.
Y al fondo, una barca.
Vacía.
Con su nombre en la vela.
#Continuará
59.
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Subió a la barca.
No remó.
Se movía sola.
Sobre un mar que ya no era agua.
Era tinta.
Cada ola salpicaba memorias.
—¿Y si no quiero recordar?
—Entonces serás otro.
—¿Y si ya no soy yo?
—Entonces serás libre.
#Continuará
60.
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La barca se detuvo.
Una figura esperaba en el muelle.
No era Eva.
No era él.
Era alguien nuevo.
Vestía con su pasado.
Y sonreía con futuro.
—¿Qué eres tú?
—Lo que queda cuando todo lo demás se borra.
#Continuará
71.
El sonido venía de dentro.
No del mar.
Del recuerdo.
Pero no era suyo.
Era de alguien que había olvidado.
Y que ahora lo buscaba.
Una mujer sin rostro tocaba el piano
en una habitación que ardía sin fuego.
—¿Quién eres? —preguntó.
—Soy quien tocaba cuando tú llorabas.
Y tú no me miraste.
#Continuará
72.
La música cesó.
La mujer desapareció.
En su lugar: un espejo.
Se miró.
No vio su rostro.
Solo fechas.
Y lugares que no conocía.
Pero todos eran suyos.
—¿Por qué me persiguen? —susurró.
La voz volvió.
—No te persiguen.
Te recuerdan.
#Continuará
73.
Caminó por el pasillo de los espejos.
Cada paso, una imagen.
En todas, él no era él.
Era otro.
Otras ropas.
Otros cuerpos.
Pero el mismo miedo.
—¿Cuántas veces he muerto?
—Las necesarias para seguir buscando.
#Continuará
74.
Llegó a una puerta de madera.
Solo una palabra grabada:
“Madre.”
La abrió.
Un campo abierto.
Y una mujer joven cosiendo.
Ella lo miró sin sorpresa.
—¿Te acordaste al fin?
Él cayó de rodillas.
—Siempre te busqué.
#Continuará
75.
Ella lo abrazó.
No como madre.
Como origen.
Como raíz.
Él lloró.
Y por primera vez,
no quiso despertar.
—No puedo quedarme.
—No.
—Pero tampoco quiero seguir.
—Entonces descansa.
Solo un momento.
#Continuará
76.
Despertó en una playa.
Eva lo esperaba.
Tenía los ojos rojos.
—¿Qué has visto?
—A mi madre.
—¿Y?
—Era yo.
Eva sonrió.
—Ya entiendes.
—¿Qué?
—Que no hay final.
Solo más preguntas.
Y más caminos.
#Continuará
77.
Caminaron por la orilla.
El agua estaba tibia.
Cada ola traía un recuerdo.
Una promesa.
Una pérdida.
Eva recogió un cristal.
—Esto era tuyo.
Él lo sostuvo.
No recordaba.
Pero lloró igual.
#Continuará
78.
Una torre emergía del mar.
No tenía puertas.
Solo ventanas.
Subieron por una escalera
que no estaba hecha de materia.
—¿Dónde estamos?
—Dentro de lo que fuiste.
Y de lo que no llegaste a ser.
#Continuará
79.
En la cima, un cuaderno.
Las hojas temblaban solas.
Eva lo miró.
—Este es el último.
—¿De qué?
—De los mundos posibles.
Él dudó.
Tomó la pluma.
Y escribió su nombre con miedo.
#Continuará
80.
Las letras brillaron.
El cuaderno se cerró.
El mar rugió.
Todo desapareció.
Solo él y Eva
flotando en blanco.
—¿Y ahora?
—Ahora solo queda esperar.
—¿El qué?
—Que alguien vuelva a imaginarte.
#Continuará
81.
La habitación tembló.
El piano calló.
Ella desapareció.
En su lugar, una niña.
Tenía su voz.
Tenía su risa.
Pero no sus ojos.
—¿Me vas a olvidar otra vez? —dijo.
Él no respondió.
Porque ya no estaba allí.
Solo quedaba un eco.
#Continuará
82.
Volvía al pasillo sin puertas.
Las paredes tenían ahora inscripciones.
No eran nombres.
Eran decisiones.
Cada una lo cambiaba.
Cada una lo reconstruía.
—No eres tú el que camina —dijo la voz.
—Eres lo caminado.
#Continuará
83.
Entró en un ascensor sin botones.
Descendió.
Mil pisos.
Diez mil.
Solo oscuridad.
Luego, un destello.
Un despacho.
Un hombre de negro.
Sonrió.
—Tarde o temprano, todos bajan.
La muerte no es final.
Es firma.
#Continuará
84.
El hombre extendió un contrato.
Tenía su firma.
Y otra más.
Ilegible.
Pero familiar.
—¿Aceptas?
—¿Qué pierdo?
—La duda.
—¿Y gano?
—Nada que no tengas ya.
Él firmó.
El mundo se desdobló.