Me llama la atención leer artículos sobre Nostalgia de la vieja internet, por ejemplo:
«¿Te acordás cuando internet era divertida? Descubrir un site nuevo, jugar un jueguito en el navegador o ver fotos de aquella amiga – o enemiga – de la infancia que no ves hace décadas. Nuestra relación con internet cambió.
Esas experiencias no parecen tan disponibles más. Conglomerados de redes sociales tomaron el espacio abierto de internet, centralizando y homogeneizando nuestras interacciones por medio de sistemas opacos de clasificación de contenido. Hoy, mi Instagram es un mar de anuncios de cosas que puedo o no querer comprar, o de influencers intentando venderme estilos de vida irreales.
Navegar por la plataforma X (antiguo Twitter) significa ver menos posts de conocidos y más contenidos promovidos por personalidades, muchas de ellas dudosas. Andrew Tate, ex-kickboxer anglo-estadounidense y autodeclarado misógino, espera juicio en Rumania por acusaciones graves, incluyendo tráfico humano y violación, que él niega. Tate tiene casi 10 millones de seguidores en la plataforma. Su perfil fue bloqueado en 2017, pero restaurado en 2022, luego que Elon Musk comprara X.»
Laura Karpuska: Quién debe regular y cómo al espacio digital
«Sex and the City está de vuelta. Lost está de vuelta. Pantalón con la cintura baja está de vuelta (no con mi aprobación). Hasta Oasis volvió! Los años 90/2000’s están de vuelta en 2024. Menos aquella atmosfera. No sé si es posible explicarlo en palabras, pero voy a intentarlo.
En verdad era una atmosfera, a comienzos de los años 2000. Un clima, una sensación compartida de que la popularización de Internet estaba democratizando la información de una forma buena. Las publicaciones en Orkut [un antecedente de Facebook] eran el puro creme del amor. Mensajes de buen humor de exaltación, amistad y admiración. Los textos en Blogger eran pretensiosos, divertidos, a veces malos, otras veces tal vez polémicos. Pero las personas estaban ahi, en comunidad, escribiendo sus ideas, sus sentimientos, sus impresiones sobre el mundo. Aprendi mucho sobre música, literatura y cine en esa época. Era un espacio de conversaciones. Claro que también surgían peleas. Pero, en general, las cajas de comentarios que frecuentaba eran lugares de intecambios de ideas civilizadas, respetuosas y divertidas. ¿Creés que ese tiempo existió? Es eso que extraño. »
Nostalgia de la antigua internet, de la internet raiz, por: Tati Vasconcellos
«Así que estamos leyendo y escuchando, con mucha razón, que Internet está perdida, que las grandes corporaciones no dan respiro y dominan todo, ya no hay creatividad, curiosidad… de las redes sociales se dice que son un “estercolero”, que la publicidad dirigida en las plataformas es insoportable, que tenemos adicción a las dispositivos…
Pero ante esta situación de “capitalismo de vigilancia”, “capitalismo de plataformas”, scroll infinito, clickbait, fakenews, monopolios, algoritmos que buscan estímulos constantes, polarización, monetizar todo, rastreadores, comerciar con nuestros datos… desde Sursiendo seguimos dándole vueltas a la idea de “otra Internet es posible”. Y más con la crisis ecosocial que estamos comenzando a vivir.
Antes no había nada de eso. Ni había tanta centralización, ni burbujas de filtros, ni bots, ni estafas online, ni vigilancia. Ni tanto residuos electrónicos ni súper datacenters que consumen tanta agua y energía, ni emiten tanto CO2, ni GAFAM®. Y ni se apropiaban y enriquecían unos cuantos con el contenido aportado a la web por la mayoría.
Tampoco es que antes fuese la panacea, hay que tener cuidado con el mito de la nostalgia y no siempre creer en el dicho “tiempos pasados fueron mejores”. En la incipiente Internet había una presencia mayoritaria de personas y colectividades del Norte Global, mayoría de hombres jóvenes, mucha menos capacidad de transmisión, menos desarrollo de la seguridad y los cuidados digitales, dispositivos más caros, curva de aprendizaje mayor… ahora la web moderna es más segura y más usable.
Pero para quienes navegamos por la web de la segunda mitad de los 90’ e incursionamos en la participación online en los inicios de los 2000, cuando no había Facebook, Twitter y demás, pero sí había Indymedia y blogs, foros de discusión y formación, P2P, quedadas, curiosidad, apoyo mutuo y paciencia, nos ha llamado la atención el incipiente movimiento “small web”.»
Cambiar Internet desde lo sencillo, desde lo pequeño
«La nostalgia y la utopía son, bien miradas, dos caras de la misma moneda». Lo dice Grafton Tanner en su ensayo Las horas han perdido su reloj. Aviso que no me ha gustado mucho el libro (mezcla demasiados temas alrededor de una definición vaga de nostalgia y no propone nada con consistencia), pero como punto de partida para pensar es bastante sugerente.
Lo que me interesa de Tanner es que habla de cómo la nostalgia nos lleva a lugares reaccionarios. Cuando tenemos demasiada incertidumbre o no nos gusta cómo vemos nuestro presente y nuestro futuro, nos refugiamos en recuerdos del pasado y les aplicamos todos los sesgos cognitivos que sean necesarios hasta convencernos de que antes todo era mejor, más brillante, más bonito; o, al menos, más comprensible y manejable, más propio. Como cuando los señoros dicen que en los 90 las ciudades españolas eran más seguras: recuerdan con cariño su juventud, se olvidan de la heroína y los skinheads, y de ahí llegan a abrazar discursos contra la inmigración.
Tanner también habla de la nostalgia por la tecnología en sí: ya no es solo que quieras volver a ver Los Goonies ─o cualquier otra película que te pareció mítica en tu infancia─, sino que te encantaría verla proyectada en un cine, en una sesión especial con ambientación ochentera. Quieres volver a ese mundo y fingir que es exactamente igual que era entonces para borrar todo lo problemático que te ha sucedido después.
La internet antigua no va a volver
He pensado mucho en la nostalgia de internet mientras leía el libro. Quizá porque también me topé con un post de Antonio Ortiz que dice que la generación que nos sumergimos en internet a finales del siglo pasado estamos viviendo «nuestro momento reaccionario». Cuando éramos jóvenes teníamos blogs y nos flipamos con las gestas de hackers o el periodismo ciudadano o los cibermundos revolucionarios, y ahora nos hemos enfadado porque «no salió como queríamos». (No sé si vosotres que me leéis seguís siendo jóvenes, yo es que este año cumplí 40).
No tengo duda de que hay cierto componente generacional en todo esto. Rechazamos códigos culturales que nos resultan ajenos, no los comprendemos y tendemos a pensar que son peores. Querríamos volver a una internet en la que la acción coordinada de mucha gente podía torcerle el brazo a grandes empresas y gobiernos, en la que todo parecía gratis y por estrenar, en la que aún era posible ser la primera persona en hacer algo y por tanto ganar una pasta con ello… o, simplemente, en la que podías escribir pamplinas sin temer por tu vida laboral o reputaciona»
Contarlo para que a más gente le parezca que tiene sentido
En su momento grabé 2 podcast llamados Solastalgía Digital sobre la nostalgia de la vieja Internet:
Solastalgia Digital ISolastalgía Digital IIhttps://blognooficial.wordpress.com/2024/09/11/nostalgia-de-la-antigua-internet-un-sentimiento-que-avanza-solo-entre-las-os-viejas-os/
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