Esa llamada que entra en el móvil y, nada más ver el nombre en la pantalla, te pega un vuelco el corazón.
No por amor, ni mucho menos, sino por la pereza que te da todo lo que viene detrás.
El pasado tiene una manía increíble de querer hacerse presente justo cuando estás tranquila, como si tuviera un radar para fastidiarte el momento.
Al final, lo mejor que puedes hacer es dejarlo sonar y no descolgar, porque algunas historias no necesitan segunda parte, y menos si ya las habías cerrado bajo llave.
⟢────────⟣
