Querida loca resentida:
Volvía anoche a casa con Kira, ya pensando en encerrarnos, cuando un armatoste se nos apareció, dificultándonos el tránsito.
En la placeta de esta calle, así como en distintas localizaciones del casco urbano, colocaron un obstáculo para dotar de un atractivo extra al acontecimiento deportivo que tuvo lugar el día de antes. Yo, persona para nada deportista y sin implicación en las celebraciones municipales, lo tenía olvidado.
Llegando a la bocacalle antesala de la placetilla, vislumbré a una pareja joven sentada en un banco, mirando sus teléfonos. Inmediatamente quise evitar pasar a su lado. Aprovechando que Kira va pegada a las paredes, seguí su dirección natural, pues era la más alejada de ese banco. En medio de ellos y nosotras, el hándicap de troncos, tablas y malla metálica. Era cuestión de rodearlo por ese lado.
Lado que culminaba sin salida porque echaron paja por todo el extremo final del artefacto del demonio.
<<Solo es paja>>, pensé. <<No vamos a retroceder ahora y que encima de tener que pasar a su lado -de la parejita-, se percaten de mi error de cálculo. No es tanta paja, se pisa y punto.>>
Descubrí que el obstáculo tenía parte de juego sucio. Al pisar la paja mi pie se deslizó a causa de la hierba seca, pero también al descubrir mediante el tacto tablones ocultos con los que no contaba. Me desequilibré. Kira se asustó, y ya iba mosca por hacerla pasar por ahí. Me recompuse sin llegar a caer haciendo fuerza a la desesperada en la parte baja de mi cuerpo. Evité una caída pública y logré resentirme la próstata.
Superada la prueba sin nota, con un rídiculo público parcial hecho, quedaba continuar sin mirar atrás, al banco donde seguro que ya nadie miraba su teléfono, poner la espalda tiesa, aparentar dignidad, y llegar a casa.
Solo me dolió que hubiese testigos. De haberme tropezado sin remedio hubiera sido algo secundario si hubiese estado desierta la plazoleta. El ridículo molesta más que la próstata.
#mymadbaddiary