Querida loca resentida:

Limpiando donde la vecina tuve una epifanía de andar por casa. Sostenía una figurita de cerámica mala que contaba con polvo y alguna telaraña. Le pasaba la bayeta húmeda con frustración, pensando en lo poco que aguanta la limpieza, en la lucha interminable que es, una auténtica carrera de fondo. Así, me planté en la idea de que lo que llamamos suciedad es otra de las sofisticadas maneras que tiene la naturaleza de sentarse a nuestra mesa y reclamar pasivamente lo que es suyo. Un maremoto o un huracán son formas más impactantes de hacer acto de presencia, pero no sé si más efectivas que marcar nuestras moradas con una pátina perpetua de polvo.

#mymadbaddiary