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¿Sabían que el pozole original, consumido por la nobleza y los guerreros mexicas en Tenochtitlán, recibía el nombre de tlacatlaolli, que en náhuatl significa "maíz de hombre"?
Este guiso ritual se preparaba específicamente durante la veintena de Tlacaxipehualiztli, una festividad dedicada al dios Xipe Tótec, "Nuestro Señor el Desollado", quien simbolizaba la regeneración de la naturaleza y el maíz. Fray Bernardino de Sahagún registró en la Historia General de las Cosas de la Nueva España que tras el sacrificio de un guerrero prisionero en el templo, la carne de su muslo era hervida con granos de maíz cacahuazintle para ser servida al Huey Tlatoani y a los sacerdotes como un acto de comunión sagrada. El maíz representaba el cuerpo divino, mientras que la carne humana simbolizaba el vínculo con lo terrenal y la energía del adversario vencido.
Tras la conquista, los frailes españoles prohibieron la antropofagia ritual al considerarla una práctica pagana y diabólica. Se narra que Nuño Beltrán de Guzmán descubrió restos humanos en el pozole que le ofrecieron en Tonalá, lo que aceleró la sustitución de la proteína original por carne de cerdo. Esta transición se basó en la observación de los cronistas de la época, quienes afirmaban que el sabor y la textura de la carne de cerdo eran los más similares a la carne humana, permitiendo que el platillo conservara su estructura culinaria pero perdiendo su carga teológica original.
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