LA COP30 QUEBRÓ EL ESPEJO: EL MUNDO MIRÓ A LOS DOS LADOS Y YA NO PUDO DISTINGUIR LA FICCIÓN DE LA REALIDAD

En la COP30, celebrada en la Amazonía brasileña, algo se quebró para siempre. La mayor parte del mundo miró a ambos lados y, por primera vez, vio con claridad meridiana qué lado era real

Desde Belém do Pará – Durante años, el proceso climático global ha sido un delicado balet diplomático. Por un lado, la ciencia, con sus datos crudos y advertencias cada vez más desesperadas. Por el otro, el teatro político, donde la palabra “consenso” ha sido, con demasiada frecuencia, un eufemismo para el estancamiento.

Pero en la COP30, celebrada en la Amazonía brasileña, algo se quebró para siempre. La mayor parte del mundo miró a ambos lados y, por primera vez, vio con claridad meridiana qué lado era real.

Lo que sucedió aquí no fue solo la negociación de otro texto lleno de compromisos diluidos. Fue el surgimiento de un nuevo centro de gravedad y el reconocimiento tácito de que si la casa común de la ONU es demasiado rígida para actuar, entonces la acción debe florecer en otros jardines. Se abrieron dos caminos paralelos, no por capricho, sino por pura necesidad.

El Primer Camino: La Hoja de Ruta de los Dispuestos

En un movimiento que redefine las reglas del juego, el Presidente de la COP30 anunció la creación de un grupo de trabajo de más de 85 países. Su misión es audaz: elaborar la primera hoja de ruta global oficial, liderada por gobiernos, para la eliminación gradual de los combustibles fósiles y el fin de la deforestación.

La verdad revolucionaria no está solo en la meta, sino en el método. Este grupo actuará sin necesidad de un consenso pleno de los 195 países. Es una coalición de la voluntad, un reconocimiento de que esperar la unanimidad es una sentencia de muerte para el clima. Juntos, estos gobiernos comenzarán a definir los planos concretos para desmontar la era del carbón, el petróleo y el gas, mientras protegen los bosques que aún nos quedan.

El Segundo Camino: Un Nuevo Foro Político Sin Vetos

Mientras este grupo trabaja, otro frente se abre. Colombia, con el apoyo de los Países Holanda, será anfitrión de la primera Conferencia Mundial sobre la Eliminación Gradual de Combustibles Fósiles en abril de 2026, en Santa Marta.

Este espacio, alimentado por el impulso del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, es crucial. Es un lugar donde los temas espinosos —los plazos, la equidad, la financiación, la protección de los trabajadores— pueden discutirse sin la espada de Damocles del veto de unos pocos. La Presidencia brasileña de la COP30, en un gesto significativo, lo reconoció como una vía complementaria legítima, desbloqueando una puerta que muchos creían sellada.

La Fuerza desde las Bases: Cuando las Ciudades Llenan el Vacío

Pero seamos honestos. Esta coalición de los dispuestos aún no incluye a todos los principales emisores. Y lejos de ser un fracaso, esta es la razón misma por la que este cambio es tan importante. Si 195 países pudieran actuar unidos, la crisis ya estaría resuelta.

No lo están. Y por eso, el impulso no se limita a los gobiernos nacionales. La cuarta economía del mundo, California, ha respaldado oficialmente el Tratado. Lo han hecho 143 ciudades y gobiernos subnacionales —megaciudades cuyas emisiones superan a naciones enteras—. Ellos no están sujetos al consenso de la ONU. Actúan cuando los gobiernos centrales se estancan.

Las cifras hablan por sí solas: el movimiento del Tratado ya es un fenómeno global, con 18 países en discusiones, miles de organizaciones de la sociedad civil y más de un millón de personas exigiendo acción. Esto no es marginal; es el modelo de gobernanza multinivel que está surgiendo junto al proceso de la ONU, y crece a una velocidad vertiginosa.

El Verdadero Legado de la COP30: Los Momentos que Rajaron el Orden

Entonces, ¿por qué se recordará realmente la COP30? No por las palabras que fueron eliminadas de un texto final, sino por los instantes en que el viejo orden se resquebrajó ante nuestras ojos:

· Ver a una nación productora de petróleo exigir más ambición que a los históricos líderes de Europa.
· Escuchar a las voces de primera línea negarse a ser silenciadas.
· Presenciar a cientos de delegados, e incluso al Presidente de la COP, luciendo gorras con el lema #MakeScienceGreatAgain.
· Oír a un presidente de la COP decir en voz alta la verdad que el texto diplomático prohibía.
· Ver a los mayores emisores desmentir, con sus acciones y omisiones, el mito de que se necesita la unanimidad para actuar.

Fue el momento en que el mundo vio claramente qué realidad es real. La era de los combustibles fósiles está terminando. La única pregunta que queda es si diseñamos un aterrizaje controlado o un choque catastrófico.

Después de años de lucha climática, muchos vuelven a casa con algo que creían perdido: la sensación tangible de que, cuando falla el consenso, ahora existen vías concretas y abiertas para avanzar. La brecha entre lo necesario y lo real nunca ha sido tan grande, pero el coraje para cerrarla nunca había sido tan fuerte.

Ahora, el desafío es convertir este impulso irreversible en una hoja de ruta, y esa hoja de ruta, en acción. El mundo tendrá una nueva cita para seguir construyendo este camino en Santa Marta, donde la consigna seguirá siendo, más vigente que nunca, #HacerLaCienciaGrandeDeNuevo.

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EL OCASO DEL CARBÓN RUSO Y EL AMANECER DE UNA NUEVA ERA ENERGÉTICA

La economía carbonífera rusa, un pilar geopolítico desde la posguerra, se está desmoronando a un ritmo vertiginoso.

Los precios de las exportaciones de carbón ruso se han desplomado más rápido que los promedios mundiales desde 2022, impulsados por la pérdida de mercados europeos y las sanciones. Esto es un ejemplo de cómo se desmoronan las economías de combustibles fósiles cuando los mercados cambian más rápido que la política. Fuente: Rosstat, Calificaciones Crediticias Nacionales Más información en Wedonthavetime.org

En las profundidades de Siberia, donde el carbón ha sido durante décadas sinónimo de poder, empleo y identidad, el silencio comienza a adueñarse de las minas. La economía carbonífera rusa, un pilar geopolítico desde la posguerra, se está desmoronando a un ritmo vertiginoso. No es una transición planificada, sino un derrumbe. Los números, fríos e implacables, pintan un cuadro de crisis: los precios se han desplomado casi un 80% desde 2022, y más de la mitad de los productores operan con pérdidas. Un exhaustivo análisis de Forbes, realizado por Ingmar Rentzhog, fundador de We Don’t Have Time, revela la magnitud del descalabro: 23 empresas carboníferas han cerrado definitivamente sus puertas y otras 53 se encuentran al borde del abismo.

La desaparición de los mercados de exportación y el fracaso de los subsidios estatales han creado una tormenta perfecta. Incluso el corazón minero por excelencia, la región de Kuzbass, se ha sumido en un profundo déficit. Este no es solo un problema económico; es el fin de una era para comunidades enteras que vieron en el negro mineral su razón de ser.

Mientras una era se apaga, otra se enciende a toda velocidad

A miles de kilómetros de las minas siberianas, en California, se está escribiendo el prólogo de nuestro futuro energético. Aquí, el protagonista no es un combustible fósil extraído de las entrañas de la tierra, sino la pura innovación. La capacidad de almacenamiento en baterías se ha triplicado desde 2020, superando los asombrosos 13 GW. Esta cifra, que puede sonar técnica, está redefiniendo radicalmente la forma en que los sistemas eléctricos gestionan la demanda, permitiendo que la energía intermitente de fuentes como la solar y la eólica sea confiable y constante.

El catalizador de esta revolución es una caída en picado de los costos: el almacenamiento en baterías se ha abaratado un 90%, transformándolo en uno de los activos de más rápido crecimiento en el sector energético mundial. Lo que era una promesa tecnológica es ahora una realidad económica imparable.

El punto de inflexión: la batalla ya no es tecnológica, es psicológica

Estamos, sin lugar a dudas, en un claro punto de inflexión histórico. La era de los combustibles fósiles, tal como la conocimos, muestra signos de agotamiento estructural, mientras la economía limpia pisa el acelerador. Sin embargo, este progreso tan esperado descansa sobre una base inesperadamente frágil: la confianza colectiva en la ciencia.

El mayor riesgo que enfrentamos hoy no es la falta de soluciones tecnológicas —éstas ya existen y son cada vez más eficientes y baratas—, sino la tormenta de desinformación y el negacionismo que se fortalece en amplios sectores de la sociedad. La transición energética es, en esencia, una carrera entre la innovación y la irracionalidad.

Por ello, iniciativas como la campaña #MakeScienceGreatAgain, impulsada por We Don’t Have Time, cobran una relevancia crítica. No se trata de un eslogan, sino de un llamado urgente a defender la ciencia, la razón y los hechos como los motores fundamentales del progreso humano. De nada servirá tener baterías ultrapotentes y energías renovables abundantes si permitimos que se socaven los cimientos mismos del conocimiento que las hizo posibles.

El análisis completo en Forbes no es solo un reporte económico; es un mapa de dos mundos en colisión. Uno, el del carbón ruso, se hunde lentamente. El otro, el de la energía limpia, emerge con una fuerza imparable. La pregunta que queda en el aire es: ¿estaremos psicológicamente preparados para recibirlo?

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TRUMP REVIVE LA POLÉMICA CARRETERA MINERA DE ALASKA

Trump reaviva un viejo proyecto en Alaska: desarrollo minero frente a derechos indígenas y fragilidad ambiental

Una carretera de 340 km que divide a Alaska: promesas de riqueza mineral contra la protección de un modo de vida ancestral y un ecosistema único.

Corredor industrial propuesto

En el corazón de Alaska, donde la tundra se extiende hasta donde alcanza la vista y los ríos serpentean como venas plateadas, una sombra larga y polémica se cierne de nuevo. La administración de Donald Trump ha dado luz verde a uno de los proyectos de infraestructura más divisivos de la última década: la carretera industrial Ambler. Una vía de 340 kilómetros diseñada para atravesar un paisaje virgen, prometiendo acceso a billones de dólares en minerales críticos, pero generando una profunda angustia entre las tribus locales y los defensores del medio ambiente, quienes advierten de una catástrofe inminente para la vida silvestre y unas culturas milenarias.

EL DILEMA: PROGRESO ECONÓMICO vs. CONSERVACIÓN

El proyecto Ambler Road no es nuevo. Durante años, ha sido una pieza en el tablero de ajedrez político de Alaska, simbolizando la eterna pugna entre el desarrollo económico y la preservación ambiental. Los partidarios, incluyendo a la corporación de nativos Alaska Native Corporation (AIDEA), que impulsa el proyecto, argumentan que la carretera es esencial para explotar los ricos yacimientos de cobre, cobalto, zinc y otros minerales situados en el distrito minero de Ambler. Estos materiales, cruciales para la transición hacia energías verdes y la fabricación de tecnología, podrían, según ellos, reducir la dependencia de Estados Unidos de fuentes extranjeras y crear miles de empleos.

«Alaska está sentada sobre una riqueza que puede impulsar nuestra economía nacional y nuestra seguridad», declaró un portavoz del departamento del Interior bajo la actual administración. «Es nuestro deber utilizar estos recursos de manera responsable para el progreso del país».

LA OTRA CARA: «NUESTRA SANGRE ESTÁ EN ESTA TIERRA»

Sin embargo, del otro lado de la trinchera, las comunidades indígenas de la región, como las tribus Athabascan de Alaska, ven la carretera no como un camino hacia el progreso, sino como una herida abierta en su territorio. Para ellos, esta tierra no es un terreno baldío esperando a ser desarrollado; es su supermercado, su farmacia y el centro de su universo cultural.

«Esta carretera cortaría las rutas de migración del caribú, un animal sagrado y fundamental para nuestra alimentación», explica una anciana de la aldea de Huslia, quien prefiere no dar su nombre por temor a represalias. «Nuestras prácticas de subsistencia, la caza, la pesca… todo lo que nos sostiene desde tiempos inmemoriales, quedaría en peligro. Nuestra sangre está en esta tierra. No es solo un recurso, es nuestra madre».

Los ambientalistas amplifican estas preocupaciones. La ruta propuesta cruzaría el refugio nacional de vida silvestre de Yukon Flats, un laberinto de humedales y ríos que alberga una biodiversidad excepcional. La simple construcción de la carretera, advierten, podría alterar irreversiblemente los patrones de migración del caribú, contaminar las prístinas aguas de los ríos Kobuk y Yukon con sedimentos y productos químicos, y abrir la puerta a una mayor industrialización de uno de los últimos grandes espacios salvajes de Norteamérica.

UN CONFLICTO CON RAÍCES PROFUNDAS y Un FUTURO INCIERTO

La batalla por Ambler Road es más que una disputa local; es un microcosmos de los debates globales sobre la justicia climática, los derechos de los pueblos indígenas y el verdadero significado del «progreso». Los críticos acusan a la administración Trump de priorizar los intereses de la industria minera sobre los derechos soberanos de las tribus y la evidencia científica que alerta sobre la fragilidad del ecosistema ártico.

Etiquetas como #MakeScienceGreatAgain y #ClimateJustice han resurgido en las redes sociales, utilizadas por activistas que exigen que las voces de los directamente afectados tengan prioridad en las decisiones que determinarán el futuro de sus tierras.

La lucha, como señalan muchos, está lejos de terminar. Se espera una cascada de desafíos legales por parte de coaliciones de tribus nativas y grupos conservacionistas, que podrían paralizar el proyecto durante años en los tribunales. La sombra de Ambler Road se alarga, no solo sobre la tundra de Alaska, sino sobre la conciencia de una nación dividida entre la sed de recursos y la obligación de proteger lo que queda de naturaleza salvaje y respetar a quienes han sido sus guardianes durante incontables generaciones.

El destino de esta polémica carretera minera, y de todo lo que representa, aún está por escribirse.

#ClimateJustice #MakeScienceGreatAgain #TRUMPREVIVELAPOLÉMICACARRETERAMINERADEALASKA

#MakeScienceGreatAgain Party

Jun 25, 2025, 2:45:00 PM - GMT - Join us on June 25, from 17:00 to 20:00 BST at DasDas Box Bar in central London for a special live broadcast and networking session from our pop-up TV studio—featuring an exclusive program on Make Scie…

++ 100-stündiger Livestream von NASA-Wissenschaftler*innen ++

Die Wissenschaft wird gerade in Echtzeit gecancelt, darum schlagen NASA-Wissenschaftlerinnen und Meteorlogen gerade Alarm.

Sie sprechen sich gegen die verheerenden Kürzungen der Trump-Regierung in der US-Klimaforschung aus:
🔻 Das GISS-Labor der NASA wird geschlossen
🔻 Über 1.000 NOAA-Mitarbeiter wurden entlassen
🔻 Die Vorhersagesysteme brechen zusammen

Das ist nicht hypothetisch. Dies geschieht gerade in diesem Moment.
#MakeScienceGreatAgain

Zum Livestream: https://app.wedonthavetime.org/posts/f1a16ec6-0851-449e-a2dd-4dd7c2264f29

Dallas researchers rally to ‘Stand Up for Science’ 🔬

Leaving their lab coats behind, scientists gathered at Klyde Warren Park on Friday to “defend science as a public good.”

@dallasnews

🆓🔗: https://archive.is/NPT4d

https://www.dallasnews.com/news/2025/03/08/dallas-researchers-rally-to-stand-up-for-science/

#Dallas #Science #Protest #MakeScienceGreatAgain #Texas

@megatronicthronbanks @wonderofscience And yet all the other planets would fit inside Jupiter. 😯
#MakeScienceGreatAgain

« Reproducible research: a minority opinion »
https://doi.org/10.1080/0952813X.2017.1413140

Aside the fun from the evident bad faith, this paper illustrates how the rationale has changed: Back in 2018, colleagues explained me the very same arguments – e.g. being against sharing data and code; and now years later, the same colleagues asks me best practises for better science by sharing more.

Toward reaching the critical-mass threshold for evolving… #MakeScienceGreatAgain!

Imho ist es an uns dafür zu Sorgen, dass dieser Planet bewohnbar bleibt. #Klimawandel

Alleine wie sehr wir uns jetzt für #Umweltschutz einsetzen sollten, zeigen die immer häufiger auftretenden Naturkatastrophen.

Darum: #MakeScienceGreatAgain und agiert dementsprechend 🍀🌺🦋