Hoy sentí que se me apagó una chispa.
Vi un video en TikTok donde el cielo de Toluca se veía cubierto por una capa gris, y no pude evitar comentar:
“Toluca y su cielo gris de siempre… ¿y la contingencia ambiental pa’ cuándo? Más de 10 años igual y nadie hace nada.”
Y con eso… se desató todo.
Empezaron a responderme explicándome lo que es una contingencia ambiental (como si no existiera Google), y hasta me preguntaron en qué ciudad se supone que vivo. Incluso alguien dijo que “tenía la percepción de la realidad bien alterada”.
Lo curioso es que en los comentarios toqué todos los puntos:
Que sí ha habido contingencias, como la del 3 y 4 de abril de este año.
Que el transporte público en Toluca genera más del 60% de la contaminación porque no hay opciones reales para moverse.
Que las industrias siguen contaminando porque no existen políticas efectivas que las obliguen a cambiar, aunque programas como ProAire existan.
Que el problema de fondo no es solo ambiental, es también estructural, económico y político.
Pero no importó.
Y sí, ya no vivo en Toluca. Pero Toluca me vio crecer, y eso también me duele.
Decidí borrar el comentario, no por falta de argumentos, sino porque entendí que a veces el espacio digital no es el lugar donde se construye el cambio.
Sigo creyendo que la crítica va hacia arriba: gobiernos omisos, industrias que evaden, un sistema que normaliza respirar aire sucio. Pero por ahora, elijo guardar silencio, observar, y confiar en que quienes están ahí, siguen luchando desde dentro. Si un día regreso, me sumo.
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