¿Sabían que la diosa Bastet no siempre fue representada como una gata doméstica, sino que durante casi dos milenios, desde la Segunda Dinastía hasta el Imperio Nuevo, su iconografía fue exclusivamente la de una feroz leona?
Originalmente, Bastet personificaba la fuerza destructiva del sol y era considerada el "Ojo de Ra" en el Bajo Egipto, compartiendo una naturaleza violenta con la diosa Sekhmet. Su transformación hacia una figura felina más dócil ocurrió de manera gradual tras la unificación de las culturas del Nilo, reflejando un cambio en la percepción de la divinidad hacia funciones de protección del hogar, la maternidad y la armonía. A pesar de su apariencia pacífica posterior, los egipcios seguían temiendo su potencial regreso a la forma leonina; por ello, en su ciudad sagrada de Bubastis, se celebraba anualmente la "fiesta de la embriaguez", donde se consumían enormes cantidades de vino para mantener a la diosa satisfecha y evitar que su furia se desatara nuevamente sobre la humanidad.
En las excavaciones arqueológicas del Bubasteum se han localizado necrópolis con cientos de miles de momias de gatos, las cuales funcionaban como ofrendas votivas de los peregrinos. El análisis forense de estos restos ha revelado que muchos de estos animales no murieron por causas naturales, sino que fueron sacrificados a una edad temprana (entre los seis y doce meses) mediante la fractura del cuello para satisfacer la alta demanda de "mensajeros" espirituales que los devotos entregaban a la diosa. Esta industria de momificación llegó a tal escala que se han identificado "falsas momias" compuestas solo por vendajes y arena, creadas para cubrir el déficit de ejemplares reales durante los periodos de mayor afluencia de peregrinos al templo de la ciudad.
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