Registraba papeles viejos cuando encontré el contrato de mi primera (y única) línea telefónica móvil. El documento data de diciembre de 2011, y en ese momento
#Internet no era todavía en
#Cuba ese fenómeno masivo que conocemos hoy. Hasta esa fecha la red de redes solo era accesible en pocas salas de navegación, casi siempre hospedadas en centros laborales específicos vinculados a la ciencia y la cultura, o en embajadas y recintos diplomáticos preparados para eso. En casi todos los casos los únicos servicios disponibles eran el correo y el buscador, con una gran cantidad de sitios vetados y un control estricto sobre las trazas de navegación.
Alternativamente existía una intranet más popular a través del servicio
#Infomed que inicialmente se instalaba en casa de los profesionales y trabajadores de la salud, la cual también llegó a otros hogares mediante el pago (indebido) del servicio. Desde la página principal de la plataforma, aparte de información médica, se podía acceder a contenidos poco comunes descargados de Internet y también tenía soporte para correo, creo que internacional. Aún más el margen estaba la red independiente
#SNET, pero de ella hablaré otro día.
Reviso y en 2014 había contratado mi primer correo (nacional) mediante la plataforma Nauta, desde la cual
#ETECSA —único proveedor y monopolio de las telecomunicaciones cubano— comenzaría a liberar los servicios de Internet. En ese entonces usaba un viejo Samsung con pantalla deslizable y hoy me parece increíble que con él enviara varios y largos correos, lo cual era una relativa ventaja respecto a la mensajería instantánea que todavía era muy cara.
Dos años más tarde hubo un pequeño despegue con la apertura del correo y la navegación internacional, durante el cual se fueron creando progresivamente zonas WiFi en varias localidades del país para desde ahí acceder al portal
#Nauta y luego a Internet. El costo no era escaso, recuerdo que solo compraba una o dos horas de conexión al mes, y las empleaba para revisar mis redes, descargar aplicaciones y buscar cualquier cosa en específico que en ese momento olvidada. Una gran cantidad de personas invertía algo más porque sus familiares les recargaba la cuenta desde el exterior, y hubo hasta un sector de emprendedores apostados en estas zonas, vendiendo recargas o alquilando una conexión compartida algo más barata.
La conexión no era muy buena y con tantas personas conectadas era aún peor. Los lugares donde se abrieron las zonas no sufrieron menos y donde habían grandes árboles quedaron solo troncos talados que no daban sombra, con el pretexto de que así no se afectaba la conexión. Competían con ella las viejas salas de navegación y luego un espacio singular auspiciado por
#Google, fruto de un acuerdo con el gobierno que se quedó en la sombra, y alojado en un centro cultural propiedad del artista cubano Kcho —quien, aparte de exhibir sus obras en el MOMA y el Vaticano, tiene un lujoso restaurante en la marina (prohibida a los cubanos) de Varadero—. El devenir de aquel espacio lo ignoro, pero era conocido por ofrecer conexión gratis.
La red social más utilizada (todavía hoy) era Facebook, y algo menos Youtube. No se usaban casi servicios de mensajería, en cambio, Imo se hizo popular por realizar efectivas videollamadas con familiares. El correo nauta no se había quedado obsoleto aún, ahora era utilizado para virtualizar chats muy lentos pero efectivos, sin necesidad de conectarse en una zona WiFi. La aplicación más popular fue Sijú (#DeltaChat se comenzó a usar después) que era desarrollada desde España, y permitía hasta organizar grupos de chats.
Para ese entonces la blogosfera ya entraba en decadencia, justo en el momento que aumentaba el acceso a Internet. Hubo una época en que se construyeron muchos blogs, la mayoría desde afuera de Cuba o que se actualizaban vía correo electrónico, algunos se escribían desde las salas diplomáticas y los menos se podían emprender desde las salas comunes. También hubo una plataforma cubana llamada
#Reflejos (todavía existe:
cubava.cu) que era un espejo de WordPress, algo más limitada en prestaciones y contenido. En aquella blogosfera hubo de todo, y contaba con una comunidad pequeña pero fiel dentro de la isla. Su contenido más polémico hasta hoy, por supuesto, ha sido la política.
[Continúa]