Al hablar de Mi nombre, dije que lo suyo era tener expectativas conservadoras con lo que luego se ha llamado Historias de aquella niña. Reclamo mi medalla dorada.
Esto no tenía que ser malo. No lo es.
Con Mi nombre dando cifras grandes la segunda duda fue si componer emulándola. Descartado. La primera, si usar IA, porque Martínez no había compuesto antes. Descartada: son creaciones corrientes.
Historias le habla al pasado desde el presentismo usando los saberes que la -buena- digestión de vivencias produjo en la mujer que mira a la niña. Por eso en él confluyen elementos de un segundo disco y un debut.
Mi nombre tiene papeletas para quedarse en la cultura pop pues es universal y directa. Ultraversionable. Como directa es Leire. Sin embargo, en el resto del álbum relaja el tiro en los versos, si bien tracks como Tres deseos acaban pidiendo repeat.
El sencillo vigente, El ruido, un electropop más pop que electro, trata sobre emociones difíciles de licuar y aun así es un reclamo poderoso gracias a su popera melodía y a lo bien orquestadas que están las voces. No inventa nada -lo dije al inicio-, solo lo hace -muy- bien.
Se añora más electricidad en el LP, si bien se agradecen las guitarras y bajos. Parece que todo no puede ser. De hecho, la ya cantautora afirma tener temas bajo llave y colabs pendientes con Yoly Saa o Milkyway.
Con este sol encima, la gira por recintos medianos sabe a poco. Leire quiere ir despacio. Lo explica en otro posible single, el sucillo devaneo indie rock Cabeza de ratón, donde se une a la pareja Peláe-Reig para reivindicar su lugar en la industria. Como madera promocional tiene Mírame, la balada que antaño le regaló Suárez y que el pasado año rehicieron para el disco junto al saxo de Miguel Sueiras.
Historias no es dinamita pero centellea, y apunta a una Leire con mecha larga.
https://www.youtube.com/watch?v=r3my4Fe9tdg
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