✝️Yo no quería tocar este tema, pero me ha sido imposible después de ver las caras que ha puesto el celestial durante su llegada a Madrid.
El Papa bajando del coche con esa expresión de “yo he firmado para otra cosa”. Sonrisa medida, manos en modo bendición automática y ojos de “¿esto es una visita oficial o una prueba de resistencia psicológica?”. Madrid, ya de por sí ruidoso, hoy parecía hecho a propósito para poner a prueba la fe… y la paciencia.
La reina, mientras tanto, en su propio evento paralelo: conversación ininterrumpida nivel maratón.
No era diálogo, era monólogo con audiencia obligatoria.
El pobre señor celestial asentía como quien intenta seguir un podcast sin botón de pausa.
Cara de “amén… pero en qué minuto acaba esto”.
Y en medio de todo, la reina intentando hacer malabares institucionales con sus hijas, la agenda, las poses y la sonrisa fija.
Como si le hubieran puesto un Tetris en modo experto sin instrucciones.
Todo encajando… a la fuerza… pero encajando.
Más tensión que orden.
Luego llega el momento Nacho Cano en la Plaza Lima o lo que sea ese universo paralelo donde la épica y el exceso se dan la mano.
Escenario grande, intensidad máxima, y el Papa mirando aquello con una cara que debería entrar en protocolo diplomático: “esto no lo he autorizado yo en el contrato”.
Literalmente expresión de “tierra, trágame pero con urgencia premium”.
Y lo peor no es el espectáculo.
Es el silencio posterior del hombre, que no es misterio ni espiritualidad: es agotamiento.
El tipo no es soso… es que ya ha visto demasiado en una sola jornada para una sola vida.
Si vuelve a España, alguien debería decirle la verdad: aquí no se descansa, aquí se interpreta.
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