Xuxa, el Cura Exorcista y los Mensajes Ocultos: Una Tarde de Pánico Satánico en los 90
El otro día me acordé de una tarde en la que un cura exorcista nos hizo escuchar canciones de Xuxa al revés en un retiro del colegio. Eran los 90 y corría un rumor extraño: que la Reina de los Bajitos era, en realidad, una aliada del demonio. Ese rumor formaba parte de un pánico satánico global que afectaba a niños, padres y colegios.
Photo by Nikita Korchagin via PexelsEl Pánico Satánico
En 1991, una madre en Antofagasta, Chile, llamó a un programa de radio con una advertencia urgente. Había descubierto mensajes satánicos ocultos en las canciones infantiles de Xuxa. El locutor puso uno de los éxitos de la estrella brasileña al revés en el aire y subrayó: «El diablo es magnífico».
Xuxa no era una figura menor. La Reina de los Bajitos, la presentadora infantil más exitosa de Latinoamérica, había sido modelo y, durante seis años, novia de Pelé, el jugador más famoso del mundo, solo superado por Maradona y luego Messi; claro, qué voy a decir, soy argentino. Para entonces, ya se había convertido en una institución en Brasil y en toda la región. Si ella estaba comprometida con el diablo, ¿quién podía estar a salvo?
En cuestión de semanas, el pánico se había extendido por toda Latinoamérica. Madres destrozaban casetes y pastores evangélicos organizaban quemas públicas. La conductora del programa infantil más querido de la región fue, de repente, acusada de satanismo. Se decía que su éxito se debía a un pacto que supuestamente había hecho con el Diablo, pero en vez de vender su alma en una encrucijada como Robert Johnson, el lugar elegido fue un estudio de televisión de la Red Globo.
Esto no pasaba solo en Latinoamérica. A comienzos de esa década, la ola de pánico satánico de fines de los 80 alcanzaba su máxima difusión: una histeria moral sobre mensajes demoníacos ocultos en la cultura popular.
En Estados Unidos, los padres estaban convencidos de que las bandas de heavy metal insertaban mensajes al revés (backmasking) en sus canciones para corromper a la juventud. Dungeons & Dragons era catalogado como una puerta de entrada a la adoración del diablo. Años más tarde, Pokémon recibiría el mismo tratamiento.
Pero lo de Xuxa fue más duro. No era un rockero melenudo ni un dibujo animado polémico. Era para niños. Si el diablo podía esconderse en esas canciones alegres sobre saltar y aplaudir, podía estar en cualquier parte.
Para mediados de los 90, esta paranoia se había infiltrado completamente en los colegios católicos argentinos. Lo que sigue es un relato de una tarde que viví en esa época con mis compañeros de secundaria.
El Retiro Espiritual
Como en todos los colegios católicos, a veces se organizaban excursiones. Algunas eran los afamados retiros espirituales, aburridísimos la mayoría, pero no todos.
Nos bajaron del micro que había salido de Lanús y nos metieron en un lugar bastante particular en San Vicente: un convento con un cementerio de monjas. Al final de un jardín sin límites precisos, más parecido a un bosque, donde estaban enterradas las hermanas que habían vivido en esa congregación, se alzaba la iglesia. Yo estaba fascinado con la quietud de los árboles y la simplicidad de las lápidas en el suelo húmedo. Intuía posibles presencias por todos lados y trataba de mantenerme cerca de mi grupo.
Primero jugamos al fútbol, chicas y chicos, en un partido mixto. Más tarde nos llevaron adentro para el verdadero propósito del viaje.
El Cura Exorcista
En un salón nos fuimos repartiendo entre los asientos y un cura nos saludó. La catequista pidió silencio. En un rincón, la estatua de un santo, muy alta, pedía respeto.
El cura era elocuente como pocos. Decía haber visitado muchos países y, en esos viajes, se había enfrentado a su enemigo una y otra vez. Estaba seguro de que la presencia del maligno era real y constante en el mundo actual. En una iglesia de Milán había visto cómo un poseído lanzaba por el aire a los otros curas que intentaban maniatarlo.
Yo tenía como mucho quince años. Me esforzaba por escuchar con los ojos bien abiertos. Afuera, cruzando un patio de baldosas ajedrezadas, había una hermosa capilla. Era invierno y a las cinco de la tarde la noche empezó a caer. Mientras, en el salón, el cura hablaba del maligno con la tácita aprobación de los preceptores y catequistas del colegio.
Después de explicar cómo habían caído los ángeles del cielo y nombrar a los que habían tenido esa terrible suerte, se acercó a un grabador de carrete abierto ubicado en el centro de la sala.
Xuxa y el Demonio
El cura nos midió a todos con su mirada y tocó una perilla del grabador. La melodía familiar llenó la habitación:
Es la hora, es la hora
Es la hora de jugar
Brinca, brinca, palma, palma
Y danzando sin parar
Nos preguntó si reconocíamos la canción. Era solo Xuxa. Todos sabíamos quién era: la mujer rubia de ojos claros que conducía programas infantiles. Los hermanos menores la veían. ¿Qué podía tener de malo?
El cura paró la cinta y nos miró con furia.
«¿Escucharon esa parte?», preguntó. «Es la hora, es la hora. ¿Entienden de qué hora hablan?»
Nos miramos unos a otros, confundidos.
«Ahora escuchen con atención», dijo. Tocó otra perilla, invirtió el sentido y la cinta empezó a rodar hacia atrás. La melodía alegre se distorsionó. Una voz chillona repetía varias veces algo ininteligible, al menos para mí. Ni siquiera hacía falta entender las palabras; por la cara de mis compañeros ya se había invocado al mismísimo Satanás.
Pensé que la estatua del santo iba a cobrar vida. Seguramente bajaría del pedestal y rompería el grabador. La idea me asustaba más que esa voz aguda y distorsionada que salía de los parlantes. Hacía frío y el miedo era palpable, pero también estaba la maravillosa sensación de estar viviendo algo nuevo.
Todavía no se sabía dónde podía terminar una tarde en la que se descubre al Demonio en medio de una congregación de monjas. Encima, la mayoría estaban muertas. Las posibilidades eran infinitas.
El cura se inclinó hacia adelante y su dedo apuntó al grabador.
«¿Lo escuchan?», preguntó furioso. «El diablo es magnífico. Ahí está. La invocación está escondida. Ella lo está llamando. Al maligno.»
Nadie se rio. Ni siquiera mis compañeros más jodones abrieron la boca.
Yo sabía, por mis vecinos evangélicos, que los dibujos animados de los duendes azules eran peligrosísimos. Aún así, dormía con un edredón estampado con todos los Pitufos, así que estaba envuelto prácticamente con demonios.
Pero esto era otra cosa. En el colegio te enseñaban matemáticas, te instruían cívicamente y te hacían comprar la tabla de elementos y aprendértela de memoria. Conocías a Descartes y a Rousseau. El profesor de literatura nos daba partes enteras de la Odisea y la Ilíada para memorizar. Si no sabías antes de la hora y media que duraba el examen quién había matado a Menestio y en qué canto sucedía, no aprobabas.
Simple. Era gente seria. Si ellos nos decían que Satanás estaba en las canciones de Xuxa, tenía que ser real.
Era muy tarde y la charla se había extendido más de la cuenta. Algunos padres estaban llamando al colegio para ver por qué no habíamos vuelto. Escuchamos toda la canción al revés en silencio y después rezamos unas oraciones purificadoras.
Antes de terminar la charla, el cura habló del bien. Nos pidió que escribiéramos en un papel un mensaje para la Virgen que estaba en la capilla cruzando el patio, un deseo. Repartieron papelitos.
Hice un dibujo que para mí significaba que, a pesar de que pasara el tiempo, no perdería a la chica que por esa época me gustaba. No tenía sentido, porque creo que ella ni me miraba.
Era medio paranoico, así que decidí hacer ese dibujo en vez de escribir simplemente lo que quería, una especie de símbolo de la paz, pero más hermético, no fuera cosa que al cura se le ocurriera leer los mensajes y se lo contara a medio mundo. El mío estaba cifrado. Tomá. Ya me habían engañado una vez cuando era más chico. Yo había escrito un cuento y un vecino se lo mostró a sus padres, y todos se rieron. Con eso bastaba.
Cruzamos el patio en la oscuridad, cada uno con su mensaje a la Virgen. Y un cagazo sin adiestrar.
Después
Llegamos al colegio de noche, tardísimo. Algunos padres esperaban en la puerta, listos para reclamar, aunque al día siguiente casi ninguno dijo nada. Hoy en día, los padres prenderían fuego al colegio.
Cada tanto entro a alguna iglesia y me siento en un banco, buscando la tranquilidad que a veces encontraba en esos días de estudiante. La fe, aprendí, puede ser paz tanto como pánico. Y, sin embargo, creo que el miedo a los mensajes ocultos nunca desapareció. Solo cambió de forma. Seguimos buscando demonios, pero en otros lugares.
Recursos
- Xuxa – Ilariê (Original) – La canción del «mensaje satánico»
- Xuxa – Ilariê al revés – Cómo sonaba invertida
- El Pánico Satánico de los 90 – Contexto de la época
Si tienen algún recuerdo de esa época y quieren contarlo, los leo.
por Adrián Fares
PD: Creé el dominio adrianfares.blog. Pueden usarlo para entrar al blog; en realidad sigue estando en elsabanon.wordpress.com, pero adrianfares.blog los redirige automáticamente.
#AdolescenciaAños90 #adrianGastonFares #colegioCatólico #ensayoPersonal #historiaReal #InfanciaAños90 #MensajesOcultos #noFicción #Nostalgia90s #pánicoSatánico #RecuerdosPersonales #ReligiónYCulturaPopular #retiroEscolar #xuxa
