Estamos acostumbrados a hablar de la política suicida del ucraniano, menor cada vez, no por falta de ganas sino de personal, pero no la del ruso.
Muchos mandos rusos mantienen la doctrina soviética de avanzar sin importar el coste, solo para buscar un hueco en una defensa plagada de drones y de militares ucranianos que intentan recuperar una pizca de la ciudad por capricho de su mando político, sacrificando también cientos de soldados en unas pocas horas.
Hasta que la tecnología no consiga contrarrestar los drones, esta guerra seguirá siendo una carnicería
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