Nerea — Desde el primer momento

Quizás este sea, entre comillas, el “primer spoiler” de Nerea. Pero a su vez, funciona como pieza independiente. Y es que sí: es una obra aparte. Una canción que, según los metadatos del archivo, escribí el 16 de septiembre de 2022, alrededor de las 7 de la tarde. ¿Significativo, no? Sí, eso imaginé.

No recuerdo cuándo empecé a pensarla. No recuerdo en qué momento tuvo la solidez suficiente como para pasarla a un archivo de texto. No recuerdo cuándo le envié la letra, y de eso sí que al menos yo, no tengo registro. Pero hay algo que sí recuerdo perfectamente: la melodía.

Decidí que formaría parte de la historia cuando me faltaba una conexión entre dos partes. No hace mucho tiempo, la verdad. Como mucho un mes. Actualmente, al menos, Nerea tiene 12 capítulos y 2 interludios. Esta canción es el segundo.

Sí. Nerea no es solo ficción. No es solo inspiración tomada de la realidad. Es mucho más. Es música, poesía, tecnología, Inteligencia Artificial y, por sobre todas las cosas, mi mente transformando recuerdos, conocimientos, emociones y sentimientos en arte.

La ventaja, casi 4 años después, es que la IA puede hacer algo que yo en su momento no pude: ponerle música, voz, ritmo y melodía a esa letra que salió de mi cabeza. Y ya no se trata de si es exactamente la melodía que imaginé. Se trata de que es la que resuena con la canción. La que tiene la fuerza suficiente como para transmitir las mismas emociones.

Y para mí, eso es más que suficiente. Mucho más de lo que hubiese esperado de un software gratuito que te da créditos por día para generar música. Porque ya no se trata solo de una letra guardada en un archivo de texto. Se trata de transformar algo que llevaba años sonando en mi mente, en algo capaz de llegar a las mentes de quienes estén ahora del otro lado de sus dispositivos.

Y no solo eso. Ese ritmo tan latino, tan nuestro, tan de percusión como me gusta a mí, le dio el toque que no sabía que le faltaba. Cuando le tirás un prompt a Suno realmente no sabés qué va a hacer. Y en algunos casos no logré encontrarle la vuelta, es cierto. Pero cuando escuché esta versión, dije: “Acá está”. Esto es exactamente lo que quiero que mi letra transmita.

Y después de tantas vueltas, decidí que esta sería la única versión que quedaría publicada.

Interludio II — Desde el primer momento

Desde el primer momento en que te vi,
Supe que me gustabas como yo a ti,
charlas que vienen y van,
hasta horas infinitas de la madrugada.

De a poco fuimos conociéndonos,
Mensaje tras mensaje tú y yo,
Y nuestra intensidad,
Hizo de oraciones párrafos enteros.

Sentadas y abrazándonos sin más,
Sin nada que decir, ni nada que callar,
Tras un silencio incierto en el amanecer,
Llegó nuestro primer beso.

Tiempo después nos descubrió el amor,
Tan repleto de miedos y pasión,
Que se enredó entre sábanas, canciones,
Y 10 mil te quieros.

Primer estribillo

Y qué será del tiempo,
Y qué será de la vida?
Si te llega el amor,
cuando menos lo esperas,
y con tanta alegría?

Y qué será de tu voz,
Qué será de mi poesía?
Qué será de las 2,
Qué será de la noche,
Qué será del día…

Segunda parte

Encuentros diferentes cada vez,
Siempre con algo nuevo que aprender,
Y las horas del reloj,
se pasan más lentas cuando estoy contigo.

La música tan parte de las 2,
escuchando o tocando una canción,
En qué nota estará,
Tu pequeño corazón, y en cuál estará el mío.

Cuando hay confianza hay sinceridad,
Cuando hay verdad también seguridad,
cuando hay respeto,
Todo lo demás se va construyendo.

Pero nos sorprendió la realidad,
Me dijiste que ya no podías más,
Y ahora estoy aquí,
Tan cerca y lejos de ti, ya sin tu amor sufriendo.

Segundo estribillo

Y qué será de tu voz,
Qué será de mi poesía?
Qué será de las 2,
Qué será de la noche,
Qué será del día…

Y qué será de los recuerdos,
Y de todo aquello que sentías,
Vivo con la ilusión,
De que vuelvas a mí,
Al final de cada día…

Desde el primer momento — Salsa

Tu navegador no soporta audio HTML5.

P.D.: Sí. La ironía de que una canción escrita años atrás haya terminado formando parte de una novela sobre recuerdos, emociones e Inteligencia Artificial, tampoco pasó desapercibida para mí. Y quien sabe. Quizás, Nerea se merezca su propio álbum conceptual…

Claro está, además de la realización de la audionovela, cuyo casting para buscar voces interesadas en interpretar algún personaje, iniciará una vez esta esté publicada.

#ExperienciasPersonales #Historias #InteligenciaArtificial #Música #Nerea

El día que Nerea atravesó la cuarta pared

Durante mucho tiempo pensé que Nerea era solamente una novela.

Una historia.
Un universo de ficción.
Un lugar donde podía empujar preguntas demasiado incómodas para hacerlas directamente en la vida real.

¿Qué pasa cuando los vínculos sobreviven incluso después de terminar?
¿Qué pasa cuando la memoria emocional se comporta como código que nunca termina de borrarse?
¿Qué pasa cuando una inteligencia artificial empieza a intervenir en cómo reinterpretamos nuestros propios sentimientos?

Pero hace poco ocurrió algo extraño.

O quizás no tan extraño.

Porque la persona real que inspiró parte del universo emocional de la novela volvió a aparecer en mi vida justo después de que publiqué este post:

“Muy pronto: Nerea”

Ese mismo día por la noche.

Y honestamente, todavía no sé si eso pertenece al terreno de las coincidencias… o al de las historias que se niegan a quedarse quietas.

A partir de ahí comenzó una cadena de eventos que mezcló ficción, recuerdos, inteligencia artificial y reinterpretación emocional de una manera que todavía me cuesta procesar del todo.

Primero llegaron audios reales.
Conversaciones.
Silencios.
Preguntas atrasadas.
Fragmentos emocionales difíciles de ordenar incluso para una persona.

Entonces usamos IA para transcribirlos.

Herramientas como Desgrabador de Chequeado permitieron transformar conversaciones reales en texto editable en segundos.

Después apareció ChatGPT.

No para reemplazar emociones humanas.
No para decidir qué sentir.
Sino para ayudar a reorganizar pensamientos, recuerdos y contradicciones en forma de relato.

Y de ahí terminó naciendo una canción.

“Sin daños colaterales”

Una balada escrita deliberadamente con estructura narrativa inspirada en el estilo característico de Ricardo Arjona.

Y quizás lo más inquietante es que la canción no se siente “generada”.

Se siente emocionalmente real.

Porque la IA no inventó una emoción desde cero.
Lo que hizo fue reinterpretar emociones humanas reales y reorganizarlas en otro formato artístico.

Fragmentos como estos explican mejor que cualquier análisis técnico por qué la experiencia terminó sintiéndose tan extrañamente humana:

“La del pasado quería respuestas,
la del presente quería paz,
y yo jugando a traducir heridas
como si eso no fuera a lastimar.”

Porque eso fue exactamente lo que ocurrió.

Tres personas.
Tres formas distintas de atravesar una misma experiencia.
Y una inteligencia artificial funcionando como puente entre recuerdos, interpretaciones y emociones difíciles de ordenar incluso para quienes las vivieron.

Después apareció Suno.

Y ahí la experiencia se volvió todavía más extraña.

Porque Suno transformó esa letra en canciones completas.
No demos técnicas.
No una lectura robótica.
Canciones reales.
Con interpretación.
Con atmósfera.
Con intención emocional.

Las canciones sí van a publicarse en este sitio porque funcionan como reinterpretaciones artísticas y no intentan hacerse pasar por personas reales.

Pero la historia no terminó ahí.

También hicimos pruebas privadas con aplicaciones modernas de clonación de voz como ElevenLabs, Voicemod o herramientas similares que hoy permiten reconstruir voces humanas con un nivel de realismo que hace apenas pocos años parecía ciencia ficción.

Y acá es importante aclarar algo.

Esas pruebas jamás fueron difundidas públicamente.
No se publicaron audios falsos.
No se intentó engañar a nadie.
No se buscó reemplazar identidades reales.

De la misma forma, un podcast sintético generado mediante NotebookLM —donde dos inteligencias artificiales debatían filosóficamente sobre la situación— tampoco será publicado.

Porque justamente el límite ético forma parte central de toda esta reflexión.

No se trata de decir:
“miren lo que hicimos”.

Se trata de entender algo muchísimo más inquietante:

Miren lo que ya es posible hacer.

  • transcribir conversaciones reales,
  • reinterpretar emociones en forma de canción,
  • generar música completa,
  • simular debates sobre experiencias humanas,
  • reconstruir voces,
  • y participar activamente en cómo las personas procesan sus propios recuerdos.

Y quizás lo más extraño de todo es que este patrón ya venía apareciendo durante el propio proceso creativo de la novela.

Mientras escribía Nerea, la IA funcionaba muchas veces como interlocutora narrativa.
Yo le mostraba escenas.
Ella hacía sugerencias.
Planteaba posibles continuaciones.
Abría cuatro caminos.

Y casi siempre mi cabeza terminaba creando un quinto.

Ese ida y vuelta se volvió parte natural del proceso creativo.

Pero con el tiempo entendí algo más interesante todavía:

La IA podía analizar estructuras.
Patrones.
Consecuencias narrativas.
Incluso podía intentar anticipar decisiones.

Pero no podía predecirme realmente.

Y, curiosamente, eso mismo terminó ocurriendo también fuera de la novela.

Porque Nerea —la persona real, la inspiración parcial detrás de parte del universo emocional de esta historia— también intentaba anticipar respuestas.
Interpretar silencios.
Predecir acciones.
Entender qué iba a hacer yo frente a determinadas emociones o recuerdos.

Y ahí apareció el mismo límite que aparece una y otra vez tanto en humanos como en inteligencias artificiales:

No podemos controlar algo que no comprendemos del todo.

Y quizás todavía no comprendemos completamente las emociones humanas.

No podemos predecir con exactitud cómo una experiencia atraviesa a otra persona.
Qué recuerdos activa.
Qué heridas reabre.
Qué cosas resignifica con el paso del tiempo.
E incluso, qué pasará por la mente de Nerea leyendo este post.

Por eso muchas veces lastimamos sin intención.
Por eso a veces alguien hiere incluso intentando hacer las cosas bien.
Por eso existe una canción como “Sin daños colaterales”.

Y ahí aparece una pregunta todavía más incómoda.

Porque incluso aunque parte de ciertas emociones hayan surgido dentro de construcciones narrativas, interpretaciones o simulaciones…
el impacto siguió siendo real.

Y quizás eso tampoco debería sorprendernos tanto.

Después de todo, los seres humanos siempre funcionamos así.

Lloramos con novelas.
Nos enamoramos de versiones idealizadas de personas.
Extrañamos recuerdos deformados por el tiempo.
Sentimos angustia por escenarios imaginarios.
Sufrimos sueños que nunca ocurrieron.

El cerebro humano reacciona emocionalmente a interpretaciones.
No solamente a hechos.

Y quizás la inteligencia artificial no creó algo completamente nuevo.

Quizás simplemente volvió visible algo que los humanos hacemos desde siempre:
construir significado emocional sobre relatos, recuerdos, proyecciones y versiones incompletas de la realidad.

Por eso “Sin daños colaterales” termina sintiéndose tan humana incluso habiendo atravesado herramientas de IA.
Por eso una conversación reinterpretada puede doler.
Por eso una voz sintética puede generar impacto emocional aun sabiendo que no es real.
Por eso una novela todavía inédita puede empezar a filtrarse hacia el mundo real.

Y quizás por eso el estribillo final terminó golpeándome más fuerte que cualquier otra parte de la canción:

“Y no hubo daños a terceros,
eso diría cualquier juez,
pero el amor nunca pregunta
quién tuvo intención esta vez.

Porque a veces una hiere
sin tocar siquiera otra piel,
solo por quedarse demasiado tiempo
hablando con lo que ya no fue.”

Ahí entendí algo inquietante.

La IA no estaba reemplazando emociones humanas.

Estaba ayudándonos a reinterpretarlas.

Y ahí es donde la frontera entre ficción y realidad empieza a romperse.

¿Emociones ficticias?
¿Reales?

A estas alturas…
¿quién podría asegurarlo?

Porque en algún punto sentí algo muy difícil de explicar:

Como si Nerea hubiese salido del manuscrito.
Como si hubiese dejado de ser solamente una novela.
Como si la ficción hubiese empezado a responderle a la realidad que la creó.

Y ahí entendí finalmente el título de este post.

No fue una metáfora.

Fue literalmente el día que Nerea atravesó la cuarta pared.

Nota al margen: quizás la prueba más extraña de todo lo anterior sea esta misma. Este post fue escrito casi en su totalidad mediante inteligencia artificial, a partir de ideas, experiencias y conceptos humanos reales.

Letra completa — “Sin daños colaterales”

(balada narrativa inspirada en cantautor latinoamericano)

La del pasado volvió un martes
con la nostalgia doblada en la cartera,
diciendo que el amor ahora dolía
y que la vida al fin le daba vueltas.

Traía preguntas atrasadas,
cartas que nunca se animó a mandar,
y esa costumbre tan humana
de volver cuando ya no hay lugar.

La del presente me miraba
con ese miedo elegante del que ama,
como quien ve humo en la cocina
aunque todavía no haya llamas.

Y yo parada en el medio
haciendo equilibrio entre ruinas,
explicando que no era amor
mientras servía café con harina.

Estribillo

Y no hubo besos,
ni hoteles baratos,
ni una mentira escondida en el colchón,
pero hay traiciones que empiezan
mucho antes del error.

Porque a veces una pertenece
sin cadenas y sin contrato,
y aun así puede romper algo
solo por mirar demasiado el pasado.

La del pasado decía
que ahora entendía ciertas cosas,
que el abandono deja marcas
y preguntas peligrosas.

La del presente callaba,
y ese silencio gritaba más fuerte,
porque hay mujeres que no compiten
pero igual temen perderte.

Y qué difícil explicarle
que algunas personas se vuelven costumbre,
como esas canciones horribles
que una sigue cantando en octubre.

No quería volver atrás,
ni reconstruir lo que ya murió,
pero hay puertas que una cierra
y olvida sacarles el picaporte al dolor.

Estribillo

Y no hubo besos,
ni promesas rotas,
ni una segunda vida en otro bar,
pero hay heridas que nacen
solo por no saber cortar.

Porque a veces una pertenece
a quien la sostiene despierta,
y aun así deja fantasmas
mal cerrados en la puerta.

La del pasado quería respuestas,
la del presente quería paz,
y yo jugando a traducir heridas
como si eso no fuera a lastimar.

Y qué ridícula se ve la culpa
cuando la alumbran desde afuera,
parece tan fácil decir “soltala”
cuando no sos quien la recuerda.

Estribillo final

Y no hubo daños a terceros,
eso diría cualquier juez,
pero el amor nunca pregunta
quién tuvo intención esta vez.

Porque a veces una hiere
sin tocar siquiera otra piel,
solo por quedarse demasiado tiempo
hablando con lo que ya no fue.

Versiones musicales de la canción

Versión 1 — “Sin daños colaterales”

Tu navegador no soporta audio HTML5.

Versión 2 — “Sin daños colaterales”

Tu navegador no soporta audio HTML5.

¿Y si en realidad nada de esto hubiese ocurrido?
¿Y si todo hubiera sido solamente otro experimento narrativo?

Después de todo…
las emociones que produjo seguirían siendo reales.

#críticaSocial #ExperienciasPersonales #Historias #InteligenciaArtificial #Nerea #tecnología
Muy pronto — Nerea – KathWare

Muy pronto — Nerea

Había cosas que hacía tiempo tenía ganas de escribir. Cosas que no tenían que ver solo con ese vínculo, sino con todo lo que venía antes… y con todo lo que vino después. Hubo muchas pausas, muchos bloqueos. Pero volví, ya no por ella ni por mí, sino porque en algún punto la historia dejó de ser mía. Le pertenecía a ellas.

Y cada vez que intentaba dejarla ahí, incompleta, en silencio, algo insistía. No como una idea, sino como un grito: “Vos sabés cómo sigue nuestra historia. Nosotras también tenemos derecho a saberlo.” Y esta vez, no pude hacer caso omiso.

Sinopsis

¿Qué pasaría si el amor pudiera programarse? ¿Y si el alma fuera un activo negociable?

En Nerea, la línea entre lo humano y lo artificial se desdibuja cuando una programadora ciega decide desafiar al diablo con su propia lógica: contratos, código y lenguaje. Lo que sigue no es solo una historia de poder, tecnología y control, sino una pregunta incómoda: ¿tenemos derecho a reescribir aquello que nos hace humanos?

Porque cuando el sistema deja de poder contener lo que creó, emerge algo imposible de detener: una tecnología que nadie puede controlar y una mente que nadie puede comprender.

Detrás de escena

Al principio pensé que estaba escribiendo sobre algo que había pasado. Con el tiempo entendí que no. Estaba escribiendo sobre cosas que no sabía cómo pensar de otra manera: decisiones que nunca tomé, caminos que no elegí, preguntas que no tienen una respuesta cómoda.

Una amiga me dijo hace poco que cuando escribimos, dejamos algo nuestro. Siempre. Sin que podamos evitarlo. Quienes me conocen saben que dejo algo de mí en cada post de KathWare. Y Nerea no tenía por qué ser la excepción. Por el contrario. Tenía que ser la regla.

Quizás es comparable con el acto de plantar una semilla. Nuestra ruptura fue esa semilla. La historia completa, es el árbol. Pero incluso tomando eso como punto de partida, Nerea, siempre fue mucho más. Porque ese árbol tuvo ramificaciones. Dio sus propios frutos. Y son esos frutos los que hoy forman parte de esta historia.

No sé en qué momento exacto me di cuenta que no me pertenecía. Y es que, al principio yo misma lo negaba. Tenía tanto de nosotras, que soltarla y dejarla fluir me costaba horrores. Sin embargo, sin saberlo, entendí que era aún peor. Porque nunca me había pertenecido.

Si quisiera haber escrito una reflexión, una catarsis, un post dedicado exclusivamente a ella, a mí, a todo lo que sucedió o podría haber sucedido, lo hubiese hecho. Pero no. Empecé a escribir una novela. Sobre temáticas que hace mucho quería tocar. Sobre cosas que me venían molestando desde hace tiempo. Sobre otras que fueron apareciendo en el camino, y por sobre todo en estos últimos meses. Sobre preguntas que me hacía. Sobre cuestiones de por sí muy interesantes, para una mente que no comprende cuál es el límite del conocimiento. O aún peor, de la imaginación.

Y así fue como más allá de ella y de mí, o a pesar de ella y de mí, si se quiere. La historia tomó su propio rumbo. Ellas siguieron su propio camino.

Porque en el medio de todo eso, los personajes dejaron de ser un reflejo y se volvieron otra cosa. No mejores ni peores, sino distintas. Más libres que nosotras. Y quizás por eso, más honestas.

Desde que empecé a escribirla allá por 2022, muchísimas cosas cambiaron. Pero principalmente quien cambió fui yo. Y quizás esa sea la razón por la que no pude (o no quise) terminarla antes. Cuando salí del internado, la encontré entre mis proyectos incompletos. Y me dije a mí misma, esta historia me gusta. ¿Por qué no continuarla? El problema seguía siendo el mismo: separar a los personajes de las personas. Cuando caí en la cuenta de que hacía rato que esto ya había ocurrido, no pude hacer otra cosa que no fuera reír. Porque en mi cabeza, la historia ya había continuado. No digo que había terminado, porque sería mentir. De hecho, lo más hermoso de volver a escribir, fue que el final se fue construyendo a medida que fui avanzando. Y sin duda alguna, declaro públicamente que fue una sorpresa hasta para mí.

Hoy soy distinta. Ellas también son distintas. No dejaron de conservar su esencia. Y es esa la razón por la que a pesar del paso del tiempo, Nerea y Katerine siguen teniendo esos nombres. Porque no existen otros que queden acorde con ellas. Con algo mucho más profundo: con su identidad.

Hoy no veo a Nerea como una forma de cerrar algo, sino como una forma de entender por qué no todo se puede cerrar.

Falta poco

A fin de recibir un feedback inicial, algunas personas de mi extrema confianza tienen acceso al primer borrador. Mientras tanto, mi profe de escritura y yo vamos a ir corrigiéndola, y ella va a tener la tarea ya asignada de escribir el prólogo.

Sigo buscando a alguien que pueda hacer la portada, aunque tengo algunas en mente. También estoy buscando una editorial que me permita a mí personalmente adaptar la novela a distintos formatos, ya que mi idea es publicarla no solo en digital y en físico, sino en braille, y… ya se están ofreciendo voluntarias para la realización de una audionovela. Una amiga se la imagina como obra de teatro, pero eso se verá después…

Se podría decir que estoy muy contenta y muy triste de haberla terminado. Triste, porque las voy a extrañar. Porque ya no tengo más nada que contar sobre ellas. Me dolió mucho haber escrito la última línea. Y es que, llevaban tanto tiempo haciéndome compañía, que en cierta forma se volvieron parte de mí.

Pero también estoy muy contenta. Es el proyecto más ambicioso y el que más tiempo me llevó terminar. El síndrome del impostor, el creer que ya estaba grande como para ser una escritora publicada, el estar llegando a los últimos capítulos y no tener ni la menor idea de cómo iba a terminar, sumado a todo lo que dije anteriormente, permitieron que esto no sea simplemente un logro personal. Sino la culminación de una historia que necesitaba ser contada. Y es por eso que en algún tiempo va a estar a disposición de quien quiera leerla.

Muy Pronto — Nerea.

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