«Los palacios de San Petersburgo, las campañas militares de Catalina la Grande o los huevos de Fabergé: todos se pagaron con el dinero del vodka.
»Hoy, como en tiempos de los zares, el Kremlin sigue proporcionando a sus ciudadanos licor de alta graduación a precios asequibles, perpetuando un círculo vicioso de adicción, dependencia, miseria, enfermedad y desesperación que lleva en marcha desde hace más de 500 años.»
