Vengo a romper cátedra en #fantasíaparadummies
Capítulo 942: Costumbrismo
Las tendencias dentro de la ficción guardan relaciones más o menos obvias con el mundo que las reclama y solicita.
Hay una tendencia que ha ido creciendo en diversos ámbitos del arte nacional, aunque no es algo exclusivo de España: el costumbrismo.
«En las obras literarias y pictóricas, atención que se presta al retrato de las costumbres típicas de un país o región»
Yo añadiría las audiovisuales, sonoras, videojuegos... Pero la definición es de la RAE y ahí siguen solucionando las discusiones sacando los floretes a pasear.
Permitidme que empiece con una aclaración. Lo de que el costumbrismo está de moda en la #fantasía como que fuese algo muy nuevo es mentira.
Sí.
Es mentira.
Lo que podría pasar es que en España hayamos bebido tanto de la narrativa anglosajona que creamos que algunos aspectos de costumbrismo de otras culturas son aspectos propios del género. Cosa que obviamente es una paparruchada.
Lo importante de la fantasía no es que coman gachas o que los magos lleven báculo. Lo relevante es la fractura de la realidad por medio de una maravilla/horror no nacida de una suposición plausible dentro de las reglas del mundo.
Dicho eso, ¿de qué hablaremos?
A ver, el mejor exponente de todo esto actualmente en España podría decirse que es Carlos Di Urarte con su Corona del Oráculo. Pero es que lo que realmente nos llama la atención es el foco de ese costumbrismo; un foco entendible y cercano: el mundo cántabro.
De igual manera, en Hay fantasmas sobre la tierra de Alejandro Candela Rodríguez nos encontramos lo mismo solo que con Andalucía.
Alguien podría decirme
—Esque en Blasphemus...
Y te paro ahí, persona de gusto excelente. Eso no es costumbrismo. Es usar una iconografía, una cultura, un folclore y crear con ello ambientación.
Costumbrismo es hablar de la gente, de cómo vive. No simplemente pasar por un lado y decir:
—Fíjate, comen gusanos.
Es meterse en las entrañas. Es ser parte del pueblo.
Y debe ser relevante en la obra para que puedas decir que es costumbrista.
Terramar de Úrsula K Le Guin es costumbrista a partir de Tehanu. Antes tiene algunos elementos integrados, pero son elementos contextuales; no es el núcleo.
Y si lo ha hecho Úrsula —a parte de estar maravillosamente hecho—, es una referencia fundamental para miles de autores de obras de género.
Si queréis ganaros los galones de costumbristas, tenéis que hundir las garras en la gente y que su vida integre la obra. Si no —pese a que una construcción puede estar muy bien hecha—, no va a ser costumbrista.
Sí, os digo que el costumbrismo no apareció ayer en el género del siglo XXI por algo que todo el mundo ha escuchado en los últimos años —si no ha estado viviendo dentro de una burbuja de stories motivacionales—: folk horror.
Es una de las tendencias literarias de género que más lo están petando. Normalmente, para que sea una obra redonda, necesitas integrar el costumbrismo. Así puedes explorar el extrañamiento desde la integración y no solo desde el punto de vista del turista.
Echad al turista a los leones y arriesgaos un poco más.
Sé que el monstruo al otro lado de la pantalla de llama infodump y su paso arrasa manuscritos y partidas. Le alimentan con anécdotas y conversaciones vacías. Le alaban con párrafos nacidos de las plumas más abjectas.
Pero no podemos vivir con miedo.
Ánimo.
Y poned más sopas de ajo en vuestras historias.
Cuídense.