LOS CORALES DESCANSAN POR LA NOCHE MIENTRAS SU MUNDO MICROBIANO SIGUE EN VELA
Un estudio pionero revela que los corales, seres sin sistema nervioso, tienen un ritmo de sueño similar al humano. Este descanso es esencial para reparar los daños causados por sus aliados microscópicos durante el día y mantener una simbiosis milenaria.
Equipo de investigación buceando durante el muestreo en la isla de Curazao (mar Caribe). Crédito a Brad Weiler y Javier del Campo. / IBE
Imaginemos un arrecife de coral. De día, es un bullicio de vida y color. De noche, todo parece sumirse en una calma profunda. Pero, ¿duermen realmente esos seres aparentemente inmóviles? La ciencia acaba de dar una respuesta sorprendente: sí, los corales duermen, y lo hacen de un modo que desafía nuestra comprensión del descanso en el reino animal.
Un equipo del Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF) ha descubierto que el coral cerebro (Pseudodiploria strigosa), habitante del Caribe, sigue un ritmo circadiano de sueño y vigilia muy parecido al nuestro, a pesar de carecer por completo de cerebro o sistema nervioso. Pasan aproximadamente un tercio del día en un estado de reposo reparador, principalmente durante la noche. El hallazgo, publicado en Cell Host & Microbe, no solo redefine lo que sabemos sobre el sueño, sino que desvela la compleja coreografía que mantiene viva una de las relaciones simbióticas más importantes del planeta.
La danza diaria de una alianza con riesgos
La vida de un coral está íntimamente ligada a millones de microalgas (Breviolum) que viven dentro de sus células. De día, estas algas realizan la fotosíntesis, proporcionando hasta el 90% de la energía al coral. Pero este banquete luminoso tiene un precio: el proceso genera estrés oxidativo, liberando compuestos que pueden dañar los tejidos y el ADN del coral huésped.
«Es como tener a un chef excelente en tu cocina que, mientras te prepara un manjar, también va rompiendo platos y desgastando los utensilios», explica Javier del Campo, investigador principal del IBE que lideró el estudio. «La relación es tremendamente beneficiosa, pero genera unos daños colaterales que hay que reparar».
La noche, el turno de mantenimiento
Para captar este pulso vital, los científicos se sumergieron cada seis horas durante tres días en las aguas de Curazao. Analizaron la actividad genética tanto del coral como de sus simbiontes. Lo que vieron fue revelador.
Al caer el sol, el coral «se duerme«. Reduce drásticamente su actividad metabólica y activa genes dedicados a la reparación del ADN y al mantenimiento celular. Es su ventana de oportunidad para arreglar los «platos rotos» del día. Mientras tanto, y este es otro hallazgo clave, su microbioma no descansa. Las algas detienen la fotosíntesis, pero mantienen otras funciones esenciales, estabilizando la comunidad microbiana interna.
«El sueño del coral es un mecanismo de protección de la simbiosis», señala Bradley Allen Weiler, primer autor del estudio. «Sin este período de reparación nocturna, el daño acumulado podría volver tóxica una relación que es fundamental para ambos».
Un sueño milenario con mirada al futuro
Este trabajo sugiere que el sueño es un fenómeno evolutivo mucho más antiguo de lo pensado, posiblemente surgido en los albores de la vida animal para gestionar los desafíos de las primeras asociaciones simbióticas.
«Todos los seres vivos necesitan repararse. Establecer un ritmo interno que lo facilite, aunque no tengas neuronas, fue una estrategia de éxito que ha perdurado cientos de millones de años», reflexiona del Campo.
Las implicaciones prácticas son directas para la conservación de los arrecifes, ecosistemas vitales amenazados por el cambio climático. Comprender estos ciclos internos es crucial para mejorar las técnicas de cultivo y restauración de corales ex situ. «Si queremos ‘reforestar’ el océano con corales criados en viveros, debemos replicar sus condiciones naturales, incluyendo estos ciclos de luz, oscuridad y descanso», apunta Weiler.
El estudio nos invita a repensar no solo qué es dormir, sino cómo la vida se sostiene a través de equilibrios delicados y ritmos compartidos. Los corales, esos antiguos arquitectos marinos, nos enseñan que el sueño es quizá uno de los pactos más antiguos de la naturaleza: un tiempo de silencio y reparación para que, al amanecer, la alianza esencial pueda continuar su danza, luz tras luz, en el corazón azul del planeta.
Créditos y metodología: Investigación publicada en Cell Host & Microbe (2026) por Weiler et al. Trabajo de campo realizado en Curazao con muestreos cada 6 horas para análisis transcriptómicos. Estudio financiado por el IBE (CSIC-UPF) y la Universidad de Miami.
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