«Así las cosas, el significado del título habrá que buscarlo no en los manantiales de la realidad, sino en el significado especial que tienen en la comedia las dos polaridades del título: "acero" y "Madrid".
En lo que se refiere a "acero", ya hemos visto que se trata de una palabra "comodín", que da pie a una serie de ambivalencias entre los significados de ʻcuración con agua aceradaʼ, ʻtrato con el amanteʼ y ʻespadaʼ. Al igual que "acero", también "Madrid" adquiere un significado especial de acuerdo con el código de la comedia de capa y espada. A lo largo de estas páginas hemos utilizado con frecuencia términos y metáforas de la épica para describir el universo urbano madrileño: las calles como un mar; las cortesanas como Circes; los galanes como sirenas que atraen a las mujeres; la[s] casas como ciudades cercadas. Los símiles no son de nuestra cosecha; proceden directamente de la pluma de Lope, que los introduce con inusitada continuidad en sus comedias de capa y espada y en la nuestra en particular. No se trata de una parodia del género épico, sino más bien de una transposición del lenguaje y de los valores de la épica al universo del amor. De la misma manera que el mar fue el espacio por excelencia de la épica clásica, Madrid, con sus calles, sus casas, sus rincones, es el teatro de esta épica de amor, que transcurre no en una lejana edad heroica, sino en el "hic et nunc" del espectador urbano. A quien es capaz de navegar por su mar proceloso, lleno de falsas apariencias, trampas e insidias, Madrid le recompensará con el ansiado puerto donde le esperan el amor y el honor. En "El acero de Madrid" los jóvenes madrileños pueden triunfar sobre el antagonista forastero, Octavio, porque saben moverse en el laberinto de las apariencias, y saben sortearlas a través del uso de la imaginación y el disfraz.»
(Stefano Arata, «Introducción», en Lope de Vega, El acero de Madrid, 2000, pp. 56-57)
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