40 de cada 100 mujeres mayores de 65 años ha sufrido violencia de género durante más de 40 años
Son invisibles, vulnerables y se sienten desprotegidas
Todos los recursos y ayudas. A la primera señal de malos tratos llama al 016
Quién no recuerda a Ana Orantes, maltratada por su marido durante 40 años y quemada viva después de haber acudido a televisión a contar su historia. Testimonio de Ana Orantes, su marido la asesinó a los pocos días de contar en televisión el maltrato que recibía
https://www.youtube.com/watch?v=72Md_DypqRE
La mitad de los agresores son la pareja o cónyuge, le siguen los hijos e hijas y en menor medida, nueras, yernos u otros parientes cercanos. Cuando hay una dependencia física o cognitiva más de la mitad de los cuidadores son los responsables del maltrato.
Un estudio realizado por Cruz Roja y la Universidad Carlos III de Madrid revela que el 67% de las mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género han sufrido maltrato durante más de 20 años, y el 40% durante más de 40 años. Se dice pronto.
Además, el 60% ha experimentado violencia económica, y el 56% ha mantenido relaciones sexuales no deseadas por miedo al agresor.
El asesinato de Ana Orantes, que había denunciado a su marido en televisión y a quien un juez impuso que viviera en la misma casa que su maltratador, marcó un antes y un después en el tratamiento social de los malos tratos, y fue el detonante para que el Gobierno reformase el Código Penal y aumentaran las denuncias. El Congreso aprobó por unanimidad la ley integral contra la violencia de género. (sigue leyendo más abajo)
Una historia aterradora
Para empezar, no hay que olvidar que hasta 1975 -menos de 50 años- no se derogó la ley que obligaba a la mujer a obedecer al marido. Necesitaban la licencia marital para firmar un contrato de trabajo, tener pasaporte propio, viajar al extranjero, abrir una cuenta bancaria, gestionar negocios propios sin control del esposo, disponer libremente de su patrimonio… Así estaban las cosas…así que si te daba una paliza, era un asunto doméstico con el que tenías que tragar, sí o sí.
En diciembre de 1997 Ana Orantes, una mujer maltratada por su marido durante 40 años y divorciada, ofrece su testimonio a Irma Soriano en Canal Sur, en el programa “De tarde en tarde”. Ana Orantes sufrió la violencia de género junto a sus 8 hijos. Se había casado con 19 años, a los tres meses sufrió los primeros malos tratos, y en 1995 había conseguido la separación pero se veía obligada a compartir la vivienda con su ex marido, José Parejo, por imposición del juez. El exmarido y asesino murió de un infarto, después de 6 años en la cárcel.
Es una historia que no debería olvidarse, y que deberían escuchar más de una vez los que niegan que existe la violencia de género.
Antes de acudir al programa de televisión, Ana Orantes había acudido a instituciones y administraciones para que le otorgaran alguna protección, sin conseguirlo. Como le contó a la presentadora, Irma Soriano, necesitaba desahogarse, “llevo tantos años aguantando… Y, además, lo denuncio y no pasa nada. Igual cuando yo lo diga públicamente aquí, como se va a enterar mucha gente, yo voy a llegar y sé que me van a defender, mis vecinos, mi gente. Y él incluso no se va a atrever a hacerme nada’”.
Eran otros tiempos, se hacía la vista gorda incluso entre familiares, y la mayoría no eran mujeres independientes económicamente y tenían a su cargo hijos a los que había que proteger, de la situación e incluso del propio agresor. Y pasan los años y siguen sin poderse emancipar, divorciar… todo ello dificulta que denuncien, que puedan salir de la situación sin recursos ni ayuda. Incluso ahora pesan muchos los roles tradicionales y las políticas públicas se enfocan más a las víctimas jóvenes. Y sin embargo, 8 de las 58 mujeres asesinadas en 2023 por violencia de género tenían más de 60 años, y tres mujeres (de 76, 67 y 74) en 2024)
Recursos y ayudas
¿Y si no pueden emanciparse?
Muchas mujeres mayores no denuncian ni abandonan su hogar por miedo, dependencia económica, salud o porque no tienen a dónde ir. Pero hay alternativas reales:
Recursos de emergencia. Casas de acogida y pisos tutelados que aceptan mujeres mayores (no todas, pero cada vez más están adaptados). Algunas comunidades autónomas cuentan con plazas reservadas para víctimas mayores de 65 años.
Prestaciones económicas. Renta Activa de Inserción (RAI): para mayores de 45 años víctimas de violencia de género, con requisitos reducidos. Ayudas de emergencia por violencia de género, que gestionan comunidades autónomas o ayuntamientos. Pensiones no contributivas o complementarias, si no han cotizado lo suficiente.
Servicios de teleasistencia especializada (como el ATENPRO). Permite a mujeres mayores contar con un botón de emergencia y seguimiento, incluso si no han denunciado aún.
La web de violencia de género del Ministerio de Igualdad, asociaciones, testimonios, derechos, recursos, qué hacer. Aquí tienes toda la información
Más testimonios.Testimonio, “si escuchas la verás”, y en la La web de violencia de género del Ministerio de Igualdad,
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Ana Orantes relató 40 años de maltratos físicos y psicológicos en un programa de TV de Canal Sur trece días antes de que su exmarido la asesinara quemándola viva el 17 de diciembre de 1997.
Hoy se cumplen 27 años de un crimen que forzó a la sociedad española a mirar cara a cara a la violencia machista, hasta entonces considerada un «asunto privado».
https://www.nytimes.com/es/2020/01/17/espanol/ana-orantes-times.html
https://www.youtube.com/watch?v=72Md_DypqRE
https://inv.nadeko.net/watch?v=72Md_DypqRE
Cuando parecía que la violencia de género no existía para la mayoría de la sociedad o era cosa de “enfados pasionales”, Ana Orantes le puso rostro, voz y palabras. La historia de malos tratos que sufrió esta mujer nacida en Granada a manos de su marido entró en los hogares andaluces en 1997 con su participación en el programa de Canal Sur De tarde en tarde, en el que contó el infierno que soportaba desde hacía 40 años. Solo 13 días después de su aparición en televisión, José Parejo la asesinó. El caso fue una sacudida. Con los años, Ana Orantes no solo se convirtió en un símbolo sino que contribuyó a impulsar las reformas legislativas que convirtieron a España en pionera en la puesta en marcha de políticas públicas contra la violencia en el ámbito de la pareja o expareja y en un referente a nivel europeo. Así es concebido el país de puertas para fuera, desde donde se suele destacar como la joya de la corona la Ley Integral contra la Violencia de Género, que este año cumple su vigésimo aniversario. Lo recalca François Kempf, miembro del secretariado del Grupo de Expertos contra la Violencia contra la Mujer y Doméstica del Consejo de Europa (GREVIO), que vela por el cumplimiento del Convenio de Estambul por parte de los Estados: “España ha sido un país pionero al adoptar un enfoque integral para combatir la violencia de género, anclado en la ley de 2004”, que se ha complementado con una “evolución posterior de leyes y políticas que han demostrado compromiso al más alto nivel político y la voluntad de movilizar a la sociedad en torno a este objetivo”. Aunque durante los Gobiernos del Partido Popular de José María Aznar se aprobaron medidas como la regulación de las órdenes de protección para víctimas, fue el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero el que impulsó el marco integral. De hecho, ya en 2002, los socialistas habían presentado en el Congreso una propuesta de norma que desde los 90 venía trabajando la recién creada Red de Organizaciones Feministas contra la Violencia de Género, pero el PP votó en contra. Finalmente, el 8 de octubre de 2004 la ley fue aprobada por unanimidad. La norma desplegó todo un sistema de protección y atención a las víctimas a través de juzgados especializados, ayudas sociales y laborales o servicios de atención psicológica, información y asesoramiento, pero más allá de las medidas concretas, la ley supuso un salto cualitativo al reconocer por primera vez que la violencia de género no es algo “que afecte al ámbito privado”, sino que es “el símbolo más brutal de la desigualdad” entre hombres y mujeres y se produce sobre ellas “por el mismo hecho de serlo”, según su preámbulo. “Aunque podamos ser críticas, lo cierto es que comparativamente España es una referencia. Un elemento diferencial es que aquí se habla de violencia de género como tal cuando en otros muchos estados como Alemania se le llama violencia doméstica y queda en el ámbito familiar... La denominación es un avance importantísimo porque permite vislumbrar la razón estructural que hay detrás”, sostiene Noelia Igareda, profesora de Filosofía del Derecho especializada en género de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Antes del Convenio de Estambul La recopilación de datos específicos es otro de los elementos diferenciales, tanto de denuncias, sentencias y órdenes de protección como de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas hombres, algo que se hace oficialmente desde 2003 y superan ya los 1.200. Teresa Nevado, exmiembro de la comisión ejecutiva del European Women Lobby y ahora secretaria general de la delegación española, así lo cree: “Se comenzó a tomar datos específicos en un momento en el que el resto de países no lo hacían ni tampoco muchos tenían ni tienen a día de hoy una ley integral, que se ha convertido en algo así como un modelo a seguir”. Tanto es así que las visitas de delegaciones extranjeras a España para conocer el sistema se han convertido en algo habitual. Representantes de países de todo el mundo como Francia, Argentina, Brasil, Ucrania, Alemania, Reino Unido, Egipto, Suiza o Turquía han venido en los últimos años a conocer el Sistema VioGén, con el que la Policía hace la valoración del riesgo de las víctimas y su seguimiento, según la recopilación de visitas que ha hecho el Ministerio del Interior desde 2019. El 016, el teléfono de atención a víctimas que funciona 24 horas todos los días, o las conocidas como “pulseras de control” para maltratadores son algunos otros de los engranajes del sistema por los que se interesan las visitas, que suelen acudir también a la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, según confirma el equipo saliente del Ministerio de Igualdad. Esta “respuesta coordinada” ante la violencia de género, que pasa también por la red de servicios a nivel autonómico y municipal, es destacada por el GREVIO, que también pone el foco en la creación de los juzgados y las unidades policiales especializadas. Y, sobre todo, en la adopción de este enfoque integral y el reconocimiento de “la naturaleza de género” de este tipo de violencia “muchos años antes” de que se adoptara el Convenio de Estambul, ratificado por España en 2014, explica Kempf, que más allá de la ley de 2004 celebra también el “desarrollo posterior” de leyes y políticas. Precisamente esta falta de perspectiva de género a la hora de investigar los crímenes contra las mujeres es algo que GREVIO ha afeado insistentemente a numerosos países como Bélgica, Francia, Malta, Montenegro, Países Bajos, Portugal o Serbia, según la evaluación realizada por el grupo en 2020. Dos años más tarde, el país analizado fue Alemania, sobre el que, a pesar de los avances, el informe final alerta de “graves deficiencias” y “un problema general” que es la “falta de un plan de acción nacional y coordinación” sobre la violencia de género. Las asignaturas pendientes El recorrido español, sin embargo, no ha sido un camino exento de obstáculos. De hecho, la ley integral de 2004 fue objeto de numerosos recursos judiciales que argumentaban que la norma discrimina al hombre, un discurso que sigue siendo aceptado por una parte de la sociedad y el ámbito político a pesar de que el Tribunal Constitucional lo zanjó en 2008 avalando la ley. Pero más allá de las resistencias, son todavía muchas las lagunas en la protección y acompañamiento de las víctimas de violencia de género que están por cubrir, identifican las expertas. “Hay países, como los escandinavos, que tienen estados de bienestar muy fuertes y potentes y quizá ahí en el campo de los servicios sociales, la red comunitaria de acompañamiento o las prestaciones sociales estén más desarrollados”, sostiene Igareda, que apunta a que Suecia, por ejemplo, “es uno de los países similares a España en cuanto a definiciones legales”. En su última evaluación, GREVIO apuntó a las “deficiencias” en España para garantizar “la seguridad de las mujeres y los niños” víctimas de violencia de género a la hora de decidir las custodias o regímenes de visitas, algo que también ha sido recientemente evidenciado por la ONU, que ha señalado al sistema judicial español por no proteger a los menores de “padres abusivos”. Pero lo que más preocupación genera en el grupo de expertos es que el sistema no abarque otras formas de violencia machista más allá de la de pareja o expareja, por ejemplo en lo que se refiere a los servicios de apoyo o la atención psicológica. Por otro lado, para Igareda, “la gran asignatura pendiente de España” es que la política pública diseñada sobre el papel “sea desplegada en su totalidad”. “La letra es avanzada, pero debe ir acompañada de recursos, formación en perspectiva de género, acompañamiento de las víctimas y los menores de edad y reparación. Que sean escuchadas, oídas y creídas, algo que hoy por hoy no está ocurriendo”, sostiene la jurista. La amenaza del negacionismo Con todo, el GREVIO volverá a evaluar a España este año, en concreto sobre el asunto “crear confianza brindando apoyo, protección y justicia a las víctimas” y evaluar las medidas que se han tomado en los últimos años, en los que el Ministerio de Igualdad ha impulsado la ley del solo sí es sí, cuya parte penal fue reformada posteriormente tras la pugna en el Gobierno, crea un marco integral de atención a las víctimas de violencia sexual. Además, se han ampliado los servicios de atención como el 016 a otras formas de violencia machista, todos los feminicidios han comenzado a contabilizarse oficialmente y se ha vetado el uso del falso síndrome de alienación parental (SAP). También en 2021 se impulsó la renovación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, un gran acuerdo de partidos que apoyaron todos menos Vox. Y es que la extrema derecha, que es negacionista de la violencia de género y reclama la derogación de la Ley Integral de 2004, ha emergido con fuerza y aunque sus diputados en el Congreso son hoy menos que hace cuatro años, ha entrado en gobiernos de comunidades autónomas y ayuntamientos de la mano del Partido Popular, que después de haber rubricado el pacto, intenta hacer equilibrios y ha firmado acuerdos con la extrema derecha que han supuesto asumir en parte su discurso negacionista. Aunque habrá que esperar a ver cómo cristaliza esto en la práctica, lo que sí creen las expertas es que es una amenaza palpable: “En la medida en que la extrema derecha puede decidir sobre el gasto público en comunidades y ayuntamientos, puede decidir no invertir o hacerlo en menor medida en la red de asistencia, acogida y servicios públicos. Están negando la existencia de la violencia de género, eso evidentemente tiene un impacto”.
En la pasada campaña el PP uso a su antojo a las victimas de terrorismo, llegando a insultar la memoria de las victimas. En esta campaña escupe en la cara de las mas de 1200 mujeres muertas por #VG pactando con aquellos que niegan la #ViolenciaMachista y usando sus mismas palabras. #NosDejanSolas
Por #AnaOrantes y todas las mujeres el #23J ¡VOTA! para que no borren su memoria ni nos dejen desamparadas, se lo debemos.
NOS VA LA VIDA EN ELLO #NiUnaMenos 💜
🔶 Podcast SUR+ 🎧 Cuando se cumplen 25 años de la muerte de #AnaOrantes, los hijos pequeños de la que fue la primera víctima oficial de violencia de género quieren rendir homenaje a la mujer valiente, a la madre entregada. 🗣️ M. Victoria Cobo
🔶 Podcast SUR+ 🎧 Cuando se cumplen 25 años de la muerte de #AnaOrantes, los hijos pequeños de la que fue la primera víctima oficial de violencia de género quieren rendir homenaje a la mujer valiente, a la madre entregada. 🗣️ M. Victoria Cobo
En mi pueblo hay un mural en el que se recuerda a Ana Orantes. Por ella, por todas, seguiremos insistiendo.
"Fotos de mi madre tenemos pocas, porque el asesino las quemaba". Raquel explica por qué tienen tan pocas imágenes familiares tras subrayar "el orgullo y la admiración" que le produce la figura de su madre, Ana Orantes, la granadina que hace ahora 25 años le puso cara y voz a la violencia machista cuando parecía no existir para buena parte de la sociedad. Su asesinato generó un movimiento que obligó a cambiar las leyes para intentar proteger a las mujeres. Cuando Raquel habla del asesino lo hace de su padre, José Parejo, el hombre que maltrató, vejó y dio palizas a Ana Orantes durante 40 años de matrimonio, y a la que (tras separarse en 1996) mató quemándola viva 13 días después de que ella denunciase sus cuatro décadas de sufrimiento en un programa de televisión. Y hoy la que subraya que su madre fue "un símbolo de valentía y rebeldía" es Raquel Orantes, porque ella y sus hermanos renegaron del apellido paterno, poniendo tierra de por medio con un hombre que fue condenado a 17 años de prisión y que en 2004 murió en encarcelado tras sufrir un infarto. "El testimonio de mi madre le puso voz e imagen a algo que no lo tenía, hizo caer muchos velos", y su caso "provocó una alarma social que llevó a la Ley contra la Violencia de Género", la primera que en 2004 aprobó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Habían pasado siete años desde que el 17 de diciembre de 1997 Ana Orantes era asesinada con 60 años en Cúllar Vega (Granada). "Mi madre nunca fue consciente del impacto de lo que dijo en televisión", para ella aquello fue como "poner punto y final a 40 años de martirio". "Fue una confesión a los cuatro vientos, su forma de decir que la víctima era ella, porque a las víctimas entonces no se las reconocía y hoy, 25 años después, sigue ocurriendo. Fue una liberación, su forma de empezar una nueva vida, pero no se lo permitieron". "Yo le tenía pánico, le tenía miedo, le tenía horror". Era el 4 de diciembre de 1997 cuando Ana Orantes metió el espanto de la violencia machista en horario de tarde en los hogares andaluces con su participación en el programa De tarde en tarde, que presentaba Irma Soriano. "Él venía borracho y me daba una paliza porque el vaso estaba boca abajo, o porque la silla tenía que estar en otro sitio ya tenía los palos encima"; cuatro décadas de infierno que empezaron con una primera bofetada a los tres meses de casarse. "Este caso le puso rostro a la violencia machista", apunta María Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, y es que "ella fue la primera mujer víctima que contó su historia, su calvario, en una televisión, es decir, en un medio de comunicación con una gran capacidad de difusión". "El impacto del caso de Ana Orantes en la sociedad fue enorme", porque a la fuerza de su testimonio se unió que 13 días después "fue brutalmente asesinada por quien llevaba una vida maltratándola". Aquello "removió conciencias y puso negro sobre blanco la situación que día a día vivían, y viven, muchas mujeres". "Hay que ponerse en la mentalidad de la sociedad de 1997", prosigue Carmona. Entonces, "la violencia de género, tal y como hoy la entendemos, no existía. Los casos de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas se insertaban junto con las noticias de sucesos, el tratamiento informativo era el de 'crimen pasional' y cuando se producían, la responsabilidad sobre lo ocurrido recaía sobre la víctima, porque no era fiel o vestía de una determinada manera". El caso de Ana Orantes impulsó un "cambio social" que desembocó en la aprobación de la ley en 2004 "que convertiría la violencia de género en una cuestión pública". "Su asesinato abrió una ventana y arrojó un poco de luz sobre un fenómeno criminal que se toleraba y se silenciaba. Toda la sociedad fue evolucionando hasta llegar a lo que somos ahora". "Paliza sobre paliza" En su participación en el programa de Canal Sur, Ana Orantes recordaba no sólo las agresiones, sino también las vejaciones. "Yo no sé hablar, no sé expresarme", apuntaba con ironía sobre lo que le decía su ya por entonces exmarido, "y he estado 40 años que no podía acercarme a una ventana, los cuellos por aquí", aseguraba al tiempo que se ponía una mano en la barbilla. "He sido chiquitilla pero no fea, era bonica, ahora no valgo un duro como dice él", un hombre que "me pegaba y luego me decía que le perdonara, que eso no iba a pasar más, que no le hiciera caso a un borracho. Yo le creía porque tenía 11 hijos [tres de ellos fallecieron] y no tenía adónde irme, tenía que aguantarlo paliza sobre paliza y todo lo que me decía". "Me pegaba y me dolía, pero más me duele lo que ha hecho con mis hijos", confesó, al tiempo que le acusaba de haber abusado de dos de las niñas. Al hablar de sus hijos fue cuando la emoción afloró a sus ojos en un relato de más de media hora en el que se mostró firme y en el que no derramó ni una lágrima. "Aquella entrevista fue un antes y un después", subraya Miguel Lorente, forense, responsable en su momento de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y profesor en la Universidad de Granada, quien recuerda que "no había una conciencia social" en relación con una violencia machista que sólo denunciaban unas asociaciones de mujeres que clamaban en el desierto. "El caso de Ana Orantes fue un aglutinante y un acelerante de un cambio social liderado por las mujeres, los hombres todavía tenemos mucho por hacer", todo ello en un contexto en el que había una convivencia inasumible con la violencia en el que forense se encontraba casos de mujeres agredidas que decían que "mi marido me pega lo normal, lo que pasa es que hoy se ha pasado". Conexión con otras víctimas Lorente apunta a tres factores que hicieron tan impactante el caso de Ana Orantes. El primero sería "un relato con una firme determinación del que no se podía decir que era el reflejo de una mujer despechada" y con el que conectaron muchas otras víctimas, "que sabían que pasaba eso", mientras que el segundo fue la violencia del propio asesinato, que además trasladó una "imagen de conciencia del machismo": aquello no fue porque su exmarido perdiera el control o actuara borracho o drogado, aquello fue "una violencia racional para castigar a su exmujer por ponerle en evidencia". El tercero fue que la intervención de la víctima fue en un canal de televisión, lo que se tradujo en que los propios medios "se sintieron responsables y se empezó a hablar de la cuestión". "El discurso de Ana Orantes reflejó la parte humana, la de una persona que es consciente de que lo que le pasó no fue algo anecdótico", de ahí su discurso de "justicia, igualdad y dignidad", según Lorente. Raquel Orantes coincide en que su madre sacó lo que llevaba dentro, un acto "valiente", pero que en ningún momento fue consciente "de la emoción que transmitió y las conciencias que removió". "Si hubiera visto lo que pasó luego, su reacción habría sido de sorpresa", porque su intención era pasar página y lo hizo a su manera porque era "feliz por naturaleza, siempre con una sonrisa en la boca". "Cuando él aparecía, la anulaba, pero tenía mucha ansia de vivir", apostilla. "Ana Orantes le puso voz al relato de muchísimas mujeres que se identificaron con ella", incide Carmen Ruiz Repullo, socióloga especializada en violencia de género y profesora de la Universidad de Jaén. "Lo contó con tranquilidad y veracidad" y su mensaje llegó a mucha gente, aunque en su momento "ni fue un símbolo feminista ni tuvo una repercusión más allá de la identificación de muchas mujeres". Fue su asesinato, que aquella confesión "le costase la vida", lo que la convirtió en un hito. "Me gusta más recordar el relato que el asesinato, porque fue el día que rompió su silencio". Un problema social que había que afrontar "Con ella se pasó de hablar de crimen pasional a violencia machista", y se empezaron a dejar atrás mitos –"algunos de los cuales todavía no nos hemos quitado de encima"– como que las agresiones eran una cuestión que el matrimonio tenía que arreglar de puertas para adentro. Su asesinato "aceleró los procesos y puso sobre la mesa que había un problema social que requería una respuesta política", lo que propició una ley que "fue la más innovadora y avanzada en todo el mundo, y que en muchos aspectos sigue sin desarrollar". "El movimiento feminista venía denunciando los asesinatos de mujeres pero no tenía repercusión, no había ni estadísticas", recuerda Teresa García, activista ("empecé a mediados de los 80 en Barcelona con el movimiento de autoinculpación por abortos"), sindicalista y hoy directora de Igualdad y Diversidad Sexual en el Ayuntamiento de Sevilla. "Fue a raíz de este caso cuando las administraciones y los partidos políticos tomaron conciencia de que a las mujeres las estaban asesinando por ser mujeres, hizo aterrizar un problema que era muy real". "Hace 25 años una mujer no podía ir a comisaría a denunciar a su marido porque le decían que algo habría hecho ella, el caso de Ana Orantes hizo ver que cualquiera de nosotras podía sufrir esa violencia", recuerda García. "Cuando decimos que hay más mujeres asesinadas que víctimas de ETA nos dicen que es demagogia, pero es que es real; desde 2003 hasta ahora ha habido 1.171 mujeres asesinadas y eso es una brutalidad. ¿Te imaginas que fueran 1.171 futbolistas asesinados? Se paralizaría el país". El Ayuntamiento de Sevilla, por cierto, fue el primero en España que le dedicó una calle a Ana Orantes. Fue en 2019, un gesto importante porque ayuda a que "los nombres no se borren de la historia, porque las mujeres tenemos nuestra propia memoria histórica". ¿Y cómo se recuerda el caso Ana Orantes desde un colectivo como el Foro de Hombres por la Igualdad? El sociólogo Hilario Sáez entronca lo que ocurrió con "el derecho del patriarca a castigar a los miembros de la familia" que consagraba el Derecho Romano, aunque el asesinato fue tan "brutal" que se convirtió en "simbólico", "parecía tener un mensaje a todas las mujeres de que te quemaré como a una bruja". "Hubo un cambio en el sentido común impulsado por las mujeres", y como colectivo masculino "fue el momento en el que decidimos salir por primera vez a la calle". Ana Orantes, a la que el 17 de diciembre honrarán homenaje con un acto en Granada, "es un símbolo de las mujeres, pero también nos hizo tomar conciencia de que como hombres tenemos que hacer mucho más contra la violencia machista". Se acabó el guardar silencio "Ahora sabemos perfectamente qué es la violencia de género, sabemos que es un fenómeno criminal con unas características propias", resume María Ángeles Carmona, para quien "la sociedad ya no acepta el dominio de los hombres sobre las mujeres, que ya no guardan silencio". En cuanto a lo que queda por hacer, "debemos seguir trabajando en la mejora de los mecanismos de prevención y protección de las víctimas y en la educación de nuestros jóvenes en valores alejados de los estereotipos de género". "No creo que haya retrocesos con la violencia de género, pero sí que hay una reacción beligerante", señala por su parte Miguel Lorente, en la línea de que cada vez que ha habido un avance hay fuerzas que "si no pueden pararlo, intentan desviarlo". Raquel Orantes, en cambio, sí considera que "estamos dando pasitos hacia atrás, una ley como la de 2004 por ejemplo no se podría aprobar hoy por unanimidad". "No podemos pedir a las mujeres que denuncien si luego no tienen un respaldo", lamenta en este sentido, y por eso reclama a jueces y fiscales que sean escrupulosos y que "no apliquen la ley a su antojo ideológico o religioso". "Algo sigue fallando si más de 1.100 mujeres han sido asesinadas después de mi madre", una Ana Orantes cuya imagen "está más viva que nunca" 25 años después y cuya historia no debe caer en el olvido "por si ayuda a alguna mujer a denunciar".