La "calurosa" Sicilia del Gattopardo es descrita como una tierra marcada por un clima brutal y un paisaje agreste, que engendra en los sicilianos un anhelo de "sonno" y descanso eterno. El calor es una metáfora de una sensualidad apagada, una voluptuosa resignación ante la muerte.
En esta obra uno siente un invierno de luz donde "si può dire che nevica fuoco, come sulle città maledette della Bibbia".
"Che bella e fatale è la nostra isola..."




