Yo antes creía que el lavado de cerebro no funcionaba si el sujeto se rebelaba contra él mientras se lo intentaban hacer.
Creía, de hecho, que era contraproducente.
Por ejemplo: un chaval harto de las charlas sobre el bulling, puede reaccionar a la contra la enésima charla que le dan sobre el bulling.
Después de trabajar unos meses en Secundaria ya no pienso así.
De hecho, creo que el enfado que nos provoca vernos expuestos a un lavado de cerebro a sabiendas de que nos están lavando el cerebro es que sabemos que funciona, que surte efecto.
Aunque lo rechacemos conscientemente, inconscientemente va calando y moldeando nuestro futuro comportamiento.
Ahora pienso en cómo mi yo adolescente se rebelaba contra las "pesadeces" que mi madre me repetía una y otra vez y hoy configuran esencias de mi personalidad.
Mi conclusión docente es que ninguna cara larga, ningún hartazgo o rebelión pasivo agresiva, debería ya disuadirme cuando les lavo el cerebro a mis alumnos. 😅